lunes, 2 de junio de 2014

La noche se hace blanca

Asistir a tres eventos no da ni siquiera una idea general sobre el desarrollo de la tercera Noche Blanca, pero desde la experiencia personal se puede hablar de cosas buenas y no tan buenas:


Lo bueno

El Quinteto Clásico de Yucatán y el tenor Miguel
Ángel Mena, en la Casa de Montejo
  • ·         La gente respondió a la invitación a asistir a las actividades. Camino al Centro Histórico se podía ver a personas solas, en grupos de amigos o en familia consultando los programas y seleccionando los lugares a donde irían. No asistí a los eventos de la edición anterior, así que sólo puedo compararla con la primera y, sí, el número de personas que el sábado 24 de mayo recorrieron museos, galerías y otros espacios del Centro fue mucho mayor.
  • ·         A pesar de la concentración de personas y a que se respiraba ambiente de diversión, estaba claro que éste no era el reemplazo de la fiesta que sigue a los paseos de Carnaval: no fue una invitación a la ebriedad ni a los desfiguros; incluso se vio a parejas con hijos preadolescentes que seguían en la calle hasta las primeras horas de la madrugada.
  • ·         Hubo variedad de opciones para ver y escuchar, desde lo popular hasta lo académico con todos los matices del medio. Y, además, el acceso fue gratuito.
  • ·         El concierto del Quinteto Clásico de Yucatán en la Casa de Montejo. A las 11 de la noche, hora prevista para comenzar, se estaba dando la bienvenida a los asistentes. El quinteto lo forman los violinistas José Luis Chan Sabido, quien también lo dirige, y Flor Novelo; el violista Jaroslav Meluzin, la chelista Natalia Melikhova y el contrabajista Stanislav Grubnik, estos últimos cuatro músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. El currículum de los cinco era garantía de calidad musical, que respaldó la ejecución de temas tradicionales de México y Yucatán, desde “Pájaro azul”, “Rayito de sol”, “Bésame mucho” y “Ojos tristes” hasta “Adoro” y “Contigo aprendí”, de Armando Manzanero, y “Peregrina”. Algunos temas, como “Peregrina” y “Nunca”, fueron acompañados por la voz del tenor Miguel Ángel Mena.
  • ·         La obra “Leaving USA” que Carlos Medina presentó en el Centro Cultural Olimpo, con la dirección de Gilma Tuyub. A pesar de que comenzó pasadas las 12 de la noche, el auditorio se vio lleno en más de tres cuartas partes. Se trata del monólogo de un oxkutzcabense que regresa de Estados Unidos, a donde emigró en busca de trabajo, con la intención de quedarse definitivamente en su tierra con su familia. El principal mérito de la obra es su capacidad para conmover el corazón con el drama de los inmigrantes sin volverse densa, pues la reflexión va calando entre broma y broma, que a una adolescente del público le llegó a producir un ataque de risa.
Carlos Medina en "Leaving USA"






Lo no tan bueno

Kaveh Parmas interactúa con una voluntaria
del público

La Giralda, en el atrio de la Catedral
  • ·         La demanda superó a la oferta y no sólo en lo que se refiere al acceso a algunos espectáculos (a eso de las 11 de la noche había que ver la cola que se había formado afuera del teatro “Felipe Carrillo Puerto”), sino también a restaurantes del Centro Histórico. Algunos para las 2 de la mañana continuaban abiertos, pero había que esperar a que se desocupara una mesa, su stock de bebidas y alimentos era limitado o el servicio resentía la falta de suficientes meseros.
  • ·         La presentación de La Giralda en el atrio de Catedral. El programa lo anunciaba a las 9 de la noche y comenzó 9:45. Algunas personas que habían ocupado asientos frente al escenario decidieron irse y otras se retiraron durante la función. La Giralda es un trío de artistas mexicanos e iraníes: Kaveh Parmas es cantante y actor, y Manuel Mejía y Mehdi Molaei, músicos. Su espectáculo comienza con Manuel ocupando su silla en el escenario vestido de frac, calzado con tenis Converse rosados y una máscara de paloma, lo que minutos después hace también Mehdi, con el mismo atuendo. Kaveh se presenta con una botella de lo que se asume es alcohol y hojas sueltas a las que va volando el viento. Se dirige al público con voz de ebrio y después de ser sujetado con violencia por Mehdi, quien le pregunta quién es y cómo se llama, Kaveh se declara escritor y admirador de poetas como Federico García Lorca. Es entonces que empieza la alternancia entre relatos al público y la interpretación de poemas de Lorca musicalizados, que se cantan con pretendido estilo de cante jondo pero que están lejos de sonar como aquéllos en la voz de un auténtico cantaor. Aunque la figura del borracho y exclamaciones como “¿Por qué todos los poetas son maricones?” pudieran hacer pensar que se trata de un espectáculo humorístico, en realidad no se trata de un divertimento, sino una reflexión dolorosamente sarcástica sobre la tragedia del artista perseguido por su obra y su personalidad, como lo fue García Lorca. Un espectáculo de este tipo merecía otro escenario, uno que favoreciera la intimidad con los artistas, la ausencia de los distractores habituales en un foro al aire libre: personas platicando, comiendo, caminando entre el público, incluso jóvenes que piensan que es gracioso subirse al escenario durante el desarrollo de la función y desde el fondo hacerle gestos al público. En un momento el trío debió competir con la música de una batucada que pasaba frente al Palacio de Gobierno y no sólo hizo difícil escuchar a La Giralda, sino que también le robó espectadores que prefirieron irse tras los percusionistas.
  • ·         No fue mi experiencia, pero la dificultad para trasladarse entre diferentes puntos por el tiempo que le tomaba a las guaguas cubrir sus rutas y el caos vehicular favorecido por el cierre de calles fueron aspectos muy comentados contra la organización de la Noche Blanca. Una sugerencia para quienes se aventuren a asistir a la cuarta edición, en diciembre: dejen el auto en un punto apartado del primer cuadro, lleven zapatos bajos y dispónganse a caminar y caminar. El corazón y el hígado lo agradecerán.

lunes, 26 de mayo de 2014

Danza en el viento

Milton Acereto, Lola Tuzlop, Nazareth Mena,
Sergio Borges, Andrés Puch y Alfonso García

“Historias inasibles” es lo que se espera, y también lo que no, de Tatiana Zugazagoitia.

El espectáculo de danza, que se presenta en la Temporada Olimpo Cultura, se divide en dos partes separadas por la acción limpiadora de un jardinero  y una cuadrilla de jóvenes de negro que ayudan a preparar el escenario para que continúe la función.

La primera parte es lo que coreografías previas hacen esperar de una obra de Tatiana: una suma de líneas, de instantes no narrativos confeccionados con movimientos suaves, poéticos de dos bailarinas (Lola Tuzlop y Nazareth Mena la noche del sábado 17) sobre una cama de hojas secas alrededor de un estanque central (la instalación es de Mónica Dower). Intentar procesar con la razón las imágenes es un ejercicio de frustración. Cuando se deja actuar al sentimiento aparece una idea: “hojas”; las chicas son hojas en las manos caprichosas del viento, a veces superadas por la voluntad del aire, otras veces díscolas. Su matrimonio con el viento sólo lo deshace el agua del estanque, a donde van  a caer las dos figuras.

Es el momento en que entra en acción el jardinero (Milton Acereto). Acción es un decir, porque, mientras él divaga la mente y la mirada alrededor de la poza, la limpieza del patio central del Olimpo es completada por el ejército de jóvenes de negro. La oportunidad perfecta para un descenso de ritmo que haga perder interés al público en el espectáculo… lo que no ocurre, porque la limpieza, que es real y persigue un objetivo práctico, tiene momentos teatrales, pues los jóvenes se alternan para dejar de barrer y adoptar durante unos segundos una posición en el piso.

Es la segunda parte la que sorprende en el contexto de las obras más recientes de Tatiana, pues la coreografía es más cercana al concepto tradicional de danza y se desarrolla con una música (de Sebastián Castagna) más melódica que la de la primera parte (de Martín Capella). Los movimientos de Alfonso García, Andrés Puch y Sergio Borges son rápidos, violentos si se quiere, una invitación a  imaginar ráfagas de viento, su hiperactividad, que también muere en el agua.

En la función del sábado 17 llamaron especialmente la atención la expresividad de movimientos de Lola y el entusiasmo y vigor de Alfonso.

Lo único en contra de este espectáculo es su vulnerabilidad a los sonidos del exterior, que esa noche fueron desde pregones religiosos en la Plaza Grande hasta exhortaciones por altavoz de policías en patrulla.


“Historias inasibles” se presenta de jueves a sábado hasta el 7 de junio en el patio central del Olimpo. La entrada cuesta $50 ($25 para estudiantes y adultos con credencial del Inapam).

lunes, 28 de abril de 2014

Arte y artesanía de mayólica

Vinateros en "Mayólica de Iberoamérica"
Quien desee insistir en el debate de si la artesanía es arte que se dé una vuelta por el Museo de Arte Popular, frente al parque de La Mejorada.

El museo acoge temporalmente “Mayólica de Iberoamérica”, una selección de trabajos en esta técnica que pertenecen a la colección de Fomento Cultural Banamex.

Como se explica en el texto de presentación de la muestra, los objetos hechos con mayólica (conocida más bien con el nombre genérico de Talavera) tienen en origen un objetivo práctico: servir para el uso doméstico. Es por eso que en la exposición predominan jarras, botijos, platos, vasijas, maceteros, vinateros… Pero también hay cruces de camino, un Nacimiento, benditeros (piezas con una saliente cóncava para colocar el agua bendita), figuras decorativas y un “cuadro” de azulejos.

Tibores. El de la izquierda es de Talavera de la Reina, Puebla,
y el de la derecha, del taller de Gorki González, en Guanajuato
Algunos de estos objetos se ajustan a la idea tradicional de una pieza de Talavera, por ejemplo los lebrillos (especie de tazones) y tibores (jarrones con tapa) pintados en blanco y azul. Sin embargo, hay también piezas en las que los artesanos-artistas juegan con los colores y las formas para producir belleza, aun en aquéllas que surgen como utensilios domésticos: vinateros de asa trensada o calados, tibores decorados con franjas amarillas verticales y jarrones pintados con detalladas escenas campiranas o motivos florales.

Cruces de camino, de Tater Camilo Vera Vizcarra
De especial atractivo son las obras de Tater Camilo Vera Vizcarra, procedentes de San Sebastián, Cuzco, Perú, que, aunque siempre de uso cotidiano, no son las piezas típicas de la mayólica. Sus cruces de camino combinan tonos azules, verdes y amarillos y tienen velas y rosetones en su base. Hay asimismo un torito en blanco, verde y amarillo que saca la lengua y lleva el cuerpo pintado con la figura presumiblemente de su amo.

Torito, de Tater Camilo Vera Vizcarra
De los sevillanos Cristóbal Rodríguez y Juan Aragón hay cuatro ejemplos de una decoración que persigue otra intención: se trata de escenas históricas (hay un cuadro de azulejos que evoca a Napoleón) o personajes de época representados con gran atención al detalle.

Trabajos de Cristóbal Rodríguez y Juan Aragón
“Mayólica de Iberoamérica” no es una exposición exhaustiva, pero los minutos en la sala “Addy Rosa Cuaik” del museo se transcurren con gusto. La muestra podrá visitarse hasta octubre próximo. El museo está abierto de martes a sábado de 10 a.m. a 5 p.m. y domingo de 10 a 3. No se cobra la entrada.


Figuras en "Mayólica de Iberoamérica"

jueves, 10 de abril de 2014

"La gran belleza" llega a Mérida


La vocación con que nació el ciclo de cine de LA68 fue la de ser un espacio en Mérida para la proyección de documentales, el género en que se especializa Lorenzo Hagerman, propietario con su esposa Paula de la Casa de Cultura “Elena Poniatowska”. Con el tiempo se ha convertido también en una sala que ha acercado a los meridanos a largometrajes de ficción que en el mejor de los casos tardarían años en llegar a la ciudad.

En LA68 se han exhibido, antes de que lo hicieran en cines comerciales de Mérida, cintas como “Luz silenciosa”, que le mereció a Carlos Reygadas el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2007; “Heli”, por la que Amat Escalante ganó la Palma de Oro al mejor director en el mismo festival en 2013, y, este año, “De tal padre tal hijo” y “La vida de Adele”, la primera Premio del Jurado y la segunda Palma de Oro a la mejor película, ambas en Cannes 2013, y “La gran belleza”, que en marzo pasado se llevó el Óscar a la mejor película extranjera.

“La gran belleza”, del italiano Paolo Sorrentino, es una película larga (poco más de dos horas de duración) que no sigue la estructura “planteamiento, desarrollo, clímax, desenlace”, sino que se construye con microhistorias, bosquejos de la vida de Jep Gambardella, escritor de una sola novela, periodista, parrandero, mujeriego, cínico y proclive a la sonrisa. Una experiencia comparable a hojear un álbum de fotos en el que cada imagen tiene una historia particular; al final, aunque en apariencia inconexas entre sí, todas aportan la información que necesitamos para comprender al protagonista. Esta forma de narrar hace imposible anticipar las acciones de Jep y el momento del final, lo que después de 120 minutos puede producir cierta ansiedad.

Toni Servillo como Jep Gambardella

De ahí en fuera todo juega a favor de “La gran belleza”. Toni Servillo mezcla en Jep calidez, elegancia y humor; crea con maestría a un hombre que camina al borde del patetismo (a los 65 años sigue acostándose de madrugada porque de noche se va de fiesta o a recorrer la ciudad, se la pasa bebiendo y es aficionado al sexo) pero que está dotado de una gran sensibilidad y muchas emociones, que fluyen por el expresivo rostro del actor. Cuando a Jep le informan de la muerte de su gran amor de juventud algo le empieza a hacer ruido: se cuestiona el pasado, llora las pérdidas, busca significados. Pero el guión de Sorrentino y Umberto Contarello  no cae en la trampa de las películas edulcoloradas y moralistas en las que el protagonista, arrojado a los placeres mundanos, encuentra el verdadero sentido de su vida cuando casi la pierde de tan bajo que cae. Jep no va a rechazar las alegrías de la carne; va a volver al punto de partida, a su pueblo de origen, en busca de esa “gran belleza” a la que le dio la espalda y pensó encontrar en Roma.

Porque aquí la capital milenaria es la verdadera protagonista del filme, una metáfora de nuestros sueños de éxito, nuestras aspiraciones de grandeza personal y profesional a los que con el tiempo la realidad reduce o aniquila. Por eso el esmero con que Sorrentino nos muestra a Roma en escenas de gran belleza visual, como aquélla de tintes surrealistas en la que Jep visita de noche las termas de Caracalla, resaltadas por la iluminación artificial, y descubre una jirafa, y una en la que el escritor y su amiga Ramona hacen un paseo nocturno por las habitaciones que resguardan las obras de arte de los palacios.

Incluso las escenas de fiesta, con los invitados bailando frenéticamente, dan cuenta de esta estética, que en ocasiones se acompaña de una emoción intensa, como cuando una condesa venida a menos, que junto con su marido se “renta” como invitada a eventos sociales, entra fuera de horario a un palacio convertido en museo y se dirige a la sala que exhibe una cuna… su cuna. Ahí escucha la explicación que reciben los visitantes regulares: en ese lugar había nacido y vivido una infancia feliz, a pesar de que su madre había muerto joven; con los años, por problemas económicos, su padre tuvo que vender el palacio…

Además de ofrecer opciones de cine no comerciales, LA68 también cobra entradas por debajo del precio de las salas de cadena: 30 pesos el adulto, 15 pesos los estudiantes. La programación varía cada semana; en ésta, “La gran belleza” se va a proyectar nuevamente el sábado 12 a las 5 de la tarde.

martes, 1 de abril de 2014

Muchas formas de ser contemporáneo

Imagen de la colección "El sonido del agua me recuerda",
de Manuel Mendive, en el Macay

El arte contemporáneo es generoso al reconocer la paternidad de obras con más o menos grado de rebeldía respecto a las formas e ideas tradicionales. Y las exposiciones del primer trimestre del año en el Macay (ahora llamado Museo Fernando García Ponce-Macay) fueron una muestra de que por las venas de los hijos de la plástica contemporánea corre todo menos el mismo ADN.

Ahí está para comprobarlo el cubano Manuel Mendive, el invitado principal de este período y cuyas obras ocuparon las salas 9, 10 y 11. Los protagonistas  de su colección “El sonido del agua me recuerda” son figuras oníricas que sugieren cierta naturaleza humana , pero que en los relatos plásticos de Mendive también tienen algo de aves (en algunas se reconocen picos y alas), peces (están suspendidas en posición horizontal, como si estuvieran nadando) y seres aún por existir, rociados con pequeños caracoles. Sin embargo, las escenas de este universo , en el que incluso los marcos forman parte de la narración, tienen un sabor familiar, como si los ambientes marinos y selváticos que induce a imaginar el predominio de verdes, azules y cafés de los cuadros se hubiesen inspirado en paisajes pintados décadas atrás y trasladados a un mundo paralelo.

En contraste, en las “Dimensiones insospechadas” de Alfredo Castañeda, en la sala 1, es fácil reconocer las formas humanas de los personajes, entre los que se repite con insistencia un varón de barba abundante y cabeza calva. Pero las situaciones en que Castañeda lo coloca chocan con nuestra lógica y lo que sabemos que es posible; en “El gran parto”, por ejemplo, la cabeza desnuda-peluda del individuo se asoma por el bajo vientre de un hombre de aspecto similar y con las piernas abiertas en actitud de alumbramiento. 

"El que tenga oídos para oír que vuele",
de Alfredo Castañeda, en el Macay

En las salas 6 y 7 se abrió un espacio para jóvenes creadores, que, con el título “Yucatán, arte emergente. El impulso de la creación”, compartieron sus diferentes aproximaciones a la plástica. De especial interés fueron la obra “Tánatos o La Piedad”, en la que José Luis Bojórquez recrea con personajes de cómics el dolor de una madre por la pérdida de su hijo; las esculturas de Manolo Niembro, monocromáticas y de formas orgánicas, placenteras a la vista, y la colección de Alexander Ovcharov, quien, además de pintar, toca el oboe con la Sinfónica de Yucatán.
"Tánatos o La Piedad", de José Luis Bojórquez

Alexander ha expuesto anteriormente en otros foros, como la galería del Peón Contreras, donde ya había dejado en claro que la suya no es una pintura solemne, pero tampoco un divertimento sin sustancia. Uno de sus cuadros en el Macay fue “Manzana de la discordia”, que representa una discusión de hombres en un mercado que se anticipa violenta y que lleva al espectador a preguntarse por qué, si los personajes visten con ropas modernas, hay uno que lleva lo que aparenta ser una capa de armiño, como si se tratara de un rey de los de antaño, y por qué hay otro con el brazo cubierto con una estructura similar a la de una armadura… En “El paradigma del camino y los Globos Cruciger”, el personaje en primer plano es el presidente ruso Vladimir Putin, quien está representado en forma realista; pero esa literalidad en la recreación de la figura humana se pierde en los hombres que lo acompañan hasta el punto que uno de ellos, del que sólo se alcanza a ver parte del rostro, remite a Homero Simpson.

Obras de Alexander Ovcharov en el Macay
El nuevo ciclo de exposiciones trimestrales en el museo se abrirá este viernes 11 de abril.


lunes, 24 de marzo de 2014

Cero y ya van tres

Trino en la presentación de su libro "¡Viva la familia!...
pero bien lejos" en el salón Progreso del Siglo XXI
Ha pasado una edición más de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) y con ella la oportunidad de hacernos de algunos títulos que no son los más comunes de ver en los estantes de las librerías de la ciudad.

Además, en la feria de este año, que en su jornada inaugural nos dio la oportunidad de reír con el dicharache de Trino (él dice que en Yucatán tenemos poca memoria porque insistimos en invitarlo para que nos diga las mismas cosas de siempre, que le seguimos celebrando), quedó resuelta una duda surgida en la primera edición: ¿por qué los libros están tan caros?

Tal vez la respuesta del responsable del módulo de Ediciones Era no represente la de todos los expositores, pero al menos arrojó un poco de luz a la cuestión del precio de los títulos. Este chico, a todas luces conocedor –y me atrevería a decir también apasionado- de su oficio (incluso recitó de memoria un párrafo de “Memoria del fuego” de Eduardo Galeano) no se arredró cuando la desconocida le dijo: “¿Te puedo hacer una pregunta y no te molestas? ¿Por qué tus libros son tan caros?”.

Entonces explicó: Era es una editorial pequeña que no puede competir con otras como Santillana, que “incluso publican libros de superación personal” (alusión directa a Yordi Rosado). Y sí, en el módulo no había títulos para reprocharle a la editorial: traía consigo numerosos de José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Juan García Ponce, Elena Poniatowska, Carlos Monsivais, Juan Gelman y otros más que, como él mismo dijo, no estaban a la vista porque no alcanzaban en el módulo. Un espacio (el de dimensiones promedio de los expositores) por el que  pagaron 10 mil pesos, una inversión a la que había que añadir gastos de alimentación y traslado desde su ciudad de origen y en Mérida, porque la organización de la feria sólo costeaba el hotel y la mitad del pasaje de avión.

Pero en lo que hizo especial énfasis fue en el tipo de obras por las que apuesta la editorial y la cuidada calidad y traducción de las ediciones, un trabajo que requiere dinero y que contrasta con el que hacen sellos como Tomo y Leyenda, que en sus módulos ofrecían obras a 30 y 35 pesos. Puedo dar fe de esto: tengo una edición de “Cumbres borrascosas”  de Tomo en la que el personaje de Catherine es llamado en toda la obra “Catita” (por Cathy).


Una vez resuelto parte del misterio del precio de los libros, en una siguiente edición habrá que averiguar por qué en una feria de la lectura hay módulos de maquillaje, zapatos y bisutería…

martes, 4 de marzo de 2014

De lo que se perdieron

Lorena Kesseler agradece los aplausos al final de la
gala de la CND en el Teatro Armando Manzanero


Tal vez la función que la Compañía Nacional de Danza ofreció el 21 de febrero en el Teatro Armando Manzanero no haya estado a la altura de la agrupación que representa al ballet del país, pero quienes no asistieron a la velada –se ocupó menos de la mitad de los asientos - se perdieron de conocer a dos de los mayores talentos de la CND: Lorena Kesseler y Jesse Inglis.

A ambos los vi bailar por primera vez en la temporada de “La fierecilla domada” que la Compañía realizó en 2011 en el Palacio de Bellas Artes. Aunque esa noche hubiera agradecido de Lorena un poco más de expresión en el rostro para transmitir las emociones de Bianca, sus líneas y empeines me parecieron hermosos y cautivadores.

Era muy difícil que Jesse pasara inadvertido como Lucencio, el pretendiente de Bianca. No sólo es físicamente muy atractivo, sino que su estampa revela en segundos que tiene aptitudes diferentes, muy superiores, al menos a muchos de quienes compartieron el escenario con él en esa función. Hay una escena en la que sus movimientos se sincronizan con los de otros dos enamorados de Bianca; recuerdo haber pensado que hacerlos bailar junto a Jesse había sido injusto para ellos porque se había evidenciado que estaban por debajo del nivel de aquél.

Desde entonces ambos han sido figuras a las que he esperado encontrar en los programas de la CND. A Lorena la volví a ver unas semanas después en “El Cascanueces” (fue el Hada de Azúcar) y a Jesse, en “La Esmeralda” (en papeles secundarios) y “El Mesías”, en los que tanto ella como él me confirmaron en la idea de que son dos bailarines que se toman muy en serio su trabajo. Ambos forman junto con el peruano José Urrutia, primer bailarín, la tríada de mi devoción en la Compañía.

Y Mérida los vio actuar por primera vez con la coreografía “Mono Lisa”, de Itzik Galili, por la que es imposible sentir rechazo: los movimientos, algunos de ellos sorprendentes, casi circenses, casan a la perfección con el ritmo que marcan los sonidos de fondo (porque no son música en el sentido literal del término). Y la prueba de su impacto estuvo en la respuesta orgánica del público al final del número, cuando aplaudió animadamente y hasta tuvo uno que otro grito de entusiasmo.


Esa noche también marcó una diferencia en el programa la actuación de Érick Rodríguez y Elisa Ramos en la escena del balcón de Romeo y Julieta, en la versión de Carlos Carrillo. Habrá quienes definan la calidad de un bailarín por lo alto que salte o lo rápido que gire, pero Érick y Elisa recordaron que antes que nada es un artista y debe transmitir emociones, y eso fue justamente lo que esta pareja consiguió en una coreografía que, si bien con mucho menos fuegos de artificio que “Mono Lisa” y otros duetos del programa, conmovió por el sentimiento con que fue interpretada. 

Elenco de la gala de la CND en Mérida: Érick Rodríguez,
Mayuko Nihei, Javier Peña, Lorena Kesseler, Argenis
Montalvo, Elisa Ramos, Quetzalcóatl Becerra, Rodrigo
Ortega, Jesse Inglis y Ana Elisa Mena