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lunes, 2 de junio de 2014

La noche se hace blanca

Asistir a tres eventos no da ni siquiera una idea general sobre el desarrollo de la tercera Noche Blanca, pero desde la experiencia personal se puede hablar de cosas buenas y no tan buenas:


Lo bueno

El Quinteto Clásico de Yucatán y el tenor Miguel
Ángel Mena, en la Casa de Montejo
  • ·         La gente respondió a la invitación a asistir a las actividades. Camino al Centro Histórico se podía ver a personas solas, en grupos de amigos o en familia consultando los programas y seleccionando los lugares a donde irían. No asistí a los eventos de la edición anterior, así que sólo puedo compararla con la primera y, sí, el número de personas que el sábado 24 de mayo recorrieron museos, galerías y otros espacios del Centro fue mucho mayor.
  • ·         A pesar de la concentración de personas y a que se respiraba ambiente de diversión, estaba claro que éste no era el reemplazo de la fiesta que sigue a los paseos de Carnaval: no fue una invitación a la ebriedad ni a los desfiguros; incluso se vio a parejas con hijos preadolescentes que seguían en la calle hasta las primeras horas de la madrugada.
  • ·         Hubo variedad de opciones para ver y escuchar, desde lo popular hasta lo académico con todos los matices del medio. Y, además, el acceso fue gratuito.
  • ·         El concierto del Quinteto Clásico de Yucatán en la Casa de Montejo. A las 11 de la noche, hora prevista para comenzar, se estaba dando la bienvenida a los asistentes. El quinteto lo forman los violinistas José Luis Chan Sabido, quien también lo dirige, y Flor Novelo; el violista Jaroslav Meluzin, la chelista Natalia Melikhova y el contrabajista Stanislav Grubnik, estos últimos cuatro músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. El currículum de los cinco era garantía de calidad musical, que respaldó la ejecución de temas tradicionales de México y Yucatán, desde “Pájaro azul”, “Rayito de sol”, “Bésame mucho” y “Ojos tristes” hasta “Adoro” y “Contigo aprendí”, de Armando Manzanero, y “Peregrina”. Algunos temas, como “Peregrina” y “Nunca”, fueron acompañados por la voz del tenor Miguel Ángel Mena.
  • ·         La obra “Leaving USA” que Carlos Medina presentó en el Centro Cultural Olimpo, con la dirección de Gilma Tuyub. A pesar de que comenzó pasadas las 12 de la noche, el auditorio se vio lleno en más de tres cuartas partes. Se trata del monólogo de un oxkutzcabense que regresa de Estados Unidos, a donde emigró en busca de trabajo, con la intención de quedarse definitivamente en su tierra con su familia. El principal mérito de la obra es su capacidad para conmover el corazón con el drama de los inmigrantes sin volverse densa, pues la reflexión va calando entre broma y broma, que a una adolescente del público le llegó a producir un ataque de risa.
Carlos Medina en "Leaving USA"






Lo no tan bueno

Kaveh Parmas interactúa con una voluntaria
del público

La Giralda, en el atrio de la Catedral
  • ·         La demanda superó a la oferta y no sólo en lo que se refiere al acceso a algunos espectáculos (a eso de las 11 de la noche había que ver la cola que se había formado afuera del teatro “Felipe Carrillo Puerto”), sino también a restaurantes del Centro Histórico. Algunos para las 2 de la mañana continuaban abiertos, pero había que esperar a que se desocupara una mesa, su stock de bebidas y alimentos era limitado o el servicio resentía la falta de suficientes meseros.
  • ·         La presentación de La Giralda en el atrio de Catedral. El programa lo anunciaba a las 9 de la noche y comenzó 9:45. Algunas personas que habían ocupado asientos frente al escenario decidieron irse y otras se retiraron durante la función. La Giralda es un trío de artistas mexicanos e iraníes: Kaveh Parmas es cantante y actor, y Manuel Mejía y Mehdi Molaei, músicos. Su espectáculo comienza con Manuel ocupando su silla en el escenario vestido de frac, calzado con tenis Converse rosados y una máscara de paloma, lo que minutos después hace también Mehdi, con el mismo atuendo. Kaveh se presenta con una botella de lo que se asume es alcohol y hojas sueltas a las que va volando el viento. Se dirige al público con voz de ebrio y después de ser sujetado con violencia por Mehdi, quien le pregunta quién es y cómo se llama, Kaveh se declara escritor y admirador de poetas como Federico García Lorca. Es entonces que empieza la alternancia entre relatos al público y la interpretación de poemas de Lorca musicalizados, que se cantan con pretendido estilo de cante jondo pero que están lejos de sonar como aquéllos en la voz de un auténtico cantaor. Aunque la figura del borracho y exclamaciones como “¿Por qué todos los poetas son maricones?” pudieran hacer pensar que se trata de un espectáculo humorístico, en realidad no se trata de un divertimento, sino una reflexión dolorosamente sarcástica sobre la tragedia del artista perseguido por su obra y su personalidad, como lo fue García Lorca. Un espectáculo de este tipo merecía otro escenario, uno que favoreciera la intimidad con los artistas, la ausencia de los distractores habituales en un foro al aire libre: personas platicando, comiendo, caminando entre el público, incluso jóvenes que piensan que es gracioso subirse al escenario durante el desarrollo de la función y desde el fondo hacerle gestos al público. En un momento el trío debió competir con la música de una batucada que pasaba frente al Palacio de Gobierno y no sólo hizo difícil escuchar a La Giralda, sino que también le robó espectadores que prefirieron irse tras los percusionistas.
  • ·         No fue mi experiencia, pero la dificultad para trasladarse entre diferentes puntos por el tiempo que le tomaba a las guaguas cubrir sus rutas y el caos vehicular favorecido por el cierre de calles fueron aspectos muy comentados contra la organización de la Noche Blanca. Una sugerencia para quienes se aventuren a asistir a la cuarta edición, en diciembre: dejen el auto en un punto apartado del primer cuadro, lleven zapatos bajos y dispónganse a caminar y caminar. El corazón y el hígado lo agradecerán.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Sonidos del Medio Oriente

Azam Ali, voy de Niyaz (foto de Jean Pierre Hakimian tomada
del sitio web de Niyaz)


Decir que la música es un lenguaje universal capaz de unirnos por encima de nuestras diferencias no sólo es cursi… también es muy cierto.

Y eso se pudo comprobar en la presentación de Niyaz en Mérida, el 23 de octubre en el teatro “Felipe Carrillo Puerto” de la Uady, durante el Festival Internacional de la Cultura Maya.

Niyaz es una agrupación que integran los iraníes Azam Alí (vocalista) y Loga Ramin Torkian, y el afgano Salar Nader que, aunque ahora residentes en Norteamérica, hacen la música con la que crecieron y se identifican. Las piezas que interpretaron esa noche en el abarrotado teatro universitario tienen el inconfundible sabor del Oriente Medio, favorecido por el uso de instrumentos de cuerda (lafta, kamaan) y percusión que de inmediato sitúan en esa región del mundo. Algunas pertenecen a la tradición afgana, kurda, turca e iraní y otras son originales de Azam y su esposo Loga.

Pero no sólo los instrumentos son propios del Oriente Medio, también lo es el idioma en que se canta. Así que esa noche para la gran mayoría de los espectadores (si no es que para todos) la única opción para relacionarse con la música de Niyaz fue dejarse guiar por la voz cálida y singular de Azam y el ritmo de los sonidos de las cuerdas y percusiones, además de un teclado (tocado por el venezolano Brian D’Oliveira). Y es aquí donde se comprobó aquella afirmación cursi pero verdadera, porque, sin necesidad de comprender las palabras, variedad de sentimientos –desde nostálgicos hasta festivos- afloraron con los cambios de entonación y ritmo. Incluso, el público acompañó con las palmas uno de los temas, que al final premió con entusiastas aplausos.

En el cierre, Salar Nader dio un giro a su talento con las percusiones al recurrir a la voz para imitar el sonido de los instrumentos que de costumbre toca; la secuencia de notas repetitivas la acompañó con un movimiento de la mano en el que pasaba de colocarla de lado hacia arriba y de nuevo a un lado, como si acariciara un objeto redondo.

No fue de extrañar que los asistentes aplaudieran ruidosamente a Niyaz cuando llegó el momento de despedirse.


La entrada a la función fue gratuita.

lunes, 28 de octubre de 2013

Artista genial y generoso


Paco de Lucía y el Septeto en concierto en Mérida

Tal vez el mejor escenario para asistir a un concierto de Paco de Lucía no es un teatro, sino la sala o la terraza de una casa, porque el músico tiene la extraordinaria habilidad para hacer que su público se sienta, antes que eso, amigo, cuate, carnal, brother…

Paco es claramente la estrella de sus presentaciones, como la que ofreció el martes 15 en el Teatro Armando Manzanero; pero es todo menos un músico de poses y cuando el auditorio le grita desde su asiento él entra al juego, se ríe y contesta como amigo, cuate, carnal, brother…

En el concierto del 15, Paco no pronunció discursos ni presentó sus composiciones; entró al escenario, caminó hasta el centro, hizo una reverencia a manera de “buenas noches” y se sentó para inmediatamente tocar la primera obra del programa, a la que secuencias melódicas cortas envuelven en un ambiente nostálgico.

En la segunda pieza empezarían a unírsele los músicos del Septeto, el conjunto que le acompaña en su gira mundial y le permite demostrar que además de ser un artista genial es uno generoso: el lugar que Paco ocupa es siempre el central y es su nombre el que arrastra a la gente al teatro, pero sus acompañantes están igualmente dotados de mucho talento y De Lucía por momentos se pierde voluntariamente en el paisaje para permitir a los demás lucirse. Ahí está el ejemplo de Farruco, que asombra y conmueve en el tablao, y de los cantaores Rubio de Pruna y David de Jacoba, que en lo personal me hicieron la noche con su canto cálido y trágico. En otros momentos los demás artistas (el guitarrista Antonio Sánchez Palomo, el percusionista El Piraña, Antonio Serrano en la armónica y los teclados, y el bajista Alain Pérez) tienen solos en los que presumen su arte.

Al terminar el concierto era obvio que el público le insistiera a Paco para que regresara a tocar el encore, lo que hizo después de que con aplausos se le rogara durante varios minutos (de hecho, yo pensé que el guitarrista ya no volvería). Y cuando el telón finalmente bajó, decenas de asistentes esperaron a los músicos a la salida de camerinos para saludarlos y fotografiarlos.


Fue una pena que este encuentro entre un artista y un público comprometidos, este ejemplo de sencilla maestría y profunda entrega no lo disfrutaran más que tres cuartas partes del aforo del Armando Manzanero. Pudo influir, quizás, el precio de los boletos: de 500 (en galería y los primeros que se agotaron), 900 y 1,200 pesos. Aunque al final todos recibimos mucho más de la cantidad que pagamos.

Paco de Lucía (al centro) con El Piraña, Alain Pérez, Antonio
Serrano, Antonio Sánchez, Rubio de Pruna, David de Jacoba
y Farruco, el 15 de octubre en el Teatro Armando Manzanero

jueves, 16 de mayo de 2013

Comienza una nueva etapa


Parecía que, si no todos, sí muchos estados de ánimo se habían dado cita en la presentación oficial de la Orquesta de Cámara de Mérida en el Centro Cultural Olimpo.

Era ese jueves 9 de mayo el inicio formal de una nueva etapa de la agrupación bajo la dirección del violista Russell Montañez Coronado, quien ya la había conducido hacía cerca de una década. Russell es también integrante de la sección de violas de la Sinfónica de Yucatán, así que debe ser por su cercanía con la orquesta mayor del Estado que entre los músicos de la camerata hubiera considerable número de instrumentistas de la OSY, comenzando por su concertino, Salvador Velázquez Ávila, y terminando con los alientos invitados que acompañaron a las cuerdas en la última obra, la Sinfonía número 25 en Sol menor KV 183 de Mozart, entre los que estuvieron los cornistas Juan José Pastor y Samuel Rafinesque y el oboísta Alexander Ovcharov.

Además, la solista invitada de la noche para tocar en el Concierto para piccolo, cuerdas y continuo en Do Mayor de Vivaldi fue Zendra White, también integrante de la Sinfónica yucateca. Este concierto convirtió al auditorio del Olimpo en un primaveral campo de juegos envuelto en trinos que en el segundo de los tres movimientos, cuando parecían muy cercanos al sonido de la voz humana, produjeron una sensación de felicidad templada.

Fue un efecto diferente al producido por la primera obra del programa, el Adagio en Sol menor para cuerdas y órgano sobre un bajo cifrado de Albinoni, de Remo Giazotto, marcado por la melancolía y un tono a veces sombrío.

El ánimo desbordado marcó el final de la noche con la sinfonía de Mozart, de inicio enérgico, intenso, cualidades que también distinguieron al cuarto movimiento y que tuvieron descanso en el segundo, de andar pausado sin llegar a lo nostálgico, y el tercero, que sin embargo fue más vivaz.

Al final del concierto, que estaba anunciado para las 9 pero que en realidad comenzó 8:30 con una charla del director sobre el programa, los músicos reclamaron la presencia de Russell en el escenario, del que se había despedido, golpeando sus pies en el suelo. En respuesta, el director les levantó los pulgares.

Como otras funciones de la Orquesta de Cámara, el auditorio estuvo a medio llenar y, también como en otras funciones, no faltó el que decidiera retirarse antes de que la presentación terminara.


El auditorio "Silvio Zavala Vallado" del Olimpo en la
presentación de la Orquesta de Cámara de Mérida.

Zendra White en su actuación solista.

La Orquesta de Cámara de Mérida interpreta la Sinfonía
número 25 en Sol menor KV 183 de Mozart.


lunes, 4 de marzo de 2013

Poca gente, mucha calidad




Si la calidad del programa “El oboe” de la Orquesta de Cámara de Mérida se juzgara por el número de asistentes a su segundo y último concierto, el jueves 28 de febrero, se diría que fue pobre y decepcionante.

Pero en realidad esa presentación en el Olimpo, ante un público que ocupaba si acaso la mitad de los asientos del auditorio, resultó ser una inesperada fuente de satisfacción y contento tanto por la armonía y emotividad de las obras seleccionadas como por la precisión de las ejecuciones de los músicos, dirigidos por José Luis Chan Sabido.

No debe ser casualidad que algunos de sus integrantes lo sean también de la orquesta más importante del Estado, la Sinfónica de Yucatán: aunque el programa de mano acreditó otro nombre como concertino, en éste lo fue Ileana Stefanova, principal de la sección de violines segundos de la OSY. También de la Sinfónica son músicos Mauricio Velázquez Ávila, del grupo de violines primeros; las chelistas Nadezda Golubeva y Natalia Melikhova, y el contrabajista Stanislav Grubnik.

Y el solista invitado en el Concierto para oboe en Do menor de Johann Gottlieb Graun, la obra que justificó el título del programa, fue otro músico de la OSY, Alexander Ovcharov, que se distingue por el entusiasmo y energía que imprime a sus interpretaciones. Así que no fueron gratuitas las tres ocasiones que Alexander debió agradecer los aplausos de los asistentes al final de su actuación.

Sólo un par de veces antes había tenido oportunidad de escuchar a la camerata y en ambas su interpretación me había parecido agradable, pero debo admitir que deliberadamente me mantenía al margen de sus funciones por motivos que no tenían que ver con la música, sino con las relaciones de su director con otros instrumentistas yucatecos y con declaraciones públicas que hizo a su paso por la titularidad de la Sinfónica y que no fueron de mi agrado.

Qué manera de recordarme que el talento de un artista se juzga por lo que hace en el escenario, no por su personalidad ni la imagen que proyecta.

El concierto de oboe se interpretó a la mitad del programa, después del inicial Concierto de Brandemburgo de Bach y antes de la suite “La lira” de Telemann con que la camerata se despidió del auditorio, al que invitó a escuchar su siguiente programa, dedicado a los grandes del barroco, el domingo 17 de marzo, a las 6 p.m., y el jueves 21, a las 9 p.m., en el auditorio del Olimpo (en ambos casos la entrada es gratuita).

Alexander Ovcharov se prepara para comenzar el
Concierto para oboe de Do Menor de Gottlieb Graun
con la Camerata Académica de Mérida.


viernes, 22 de febrero de 2013

Amor en coro


El amor dulce, platónico, ése que se expresa en cartitas entre enamorados y poemas adolescentes fue el que predominó en la presentación del Coro de la Ciudad de Mérida del miércoles 20 en el Centro Cultural Olimpo.

Un amor concentrado en música de diferentes épocas y autores: el “Cántico de Jean Racine” y la pavana de Gabriel Fauré, el coro “A Dance of Young Girls” de la ópera “Príncipe Igor” de Alexander Borodin, “Blow Blow Thou Winter Wind” de John Rutter y el “Oboe de Gabriel” de Ennio Morricone, con la que se abrió el concierto y fue, por mucho, la interpretación que más disfruté en la hora de duración.

El cierre del programa, titulado “Con las cuerdas de mi canto”, lo concentraron los valses de amor de Johannes Brahms, que no sólo fueron cantados sino también recitados en alemán por uno de los jóvenes intérpretes y enseguida traducidos al español, la mayoría de las veces por un compañero varón y otras por una chica.

Las voces del coro se escuchan bien entrenadas y las obras seleccionadas son comunes en el repertorio coral por su belleza; sin embargo, debo decir que, con excepción del “Oboe de Gabriel”, las interpretaciones no me conmovieron, eché mucho en falta una actuación grupal con más sentimiento. Creo también que la dinámica del concierto no le favoreció, pues las pausas que se hicieron entre los valses para la recitación de los versos (a la que le faltó más enjundia tratándose de composiciones de amor) cortaron el ritmo de la presentación y la alargaron innecesariamente, pues en cada una de esas ocasiones los dos declamadores abandonaban su lugar en el coro y se colocaban ante atriles en el proscenio y cuando eran tres los recitadores la directora, la maestra Nidia Góngora Cervera, debía retirar su propio atril del centro. Los versos los llevaban escritos entre sus partituras, de manera que igualmente los podrían haber leído desde sus lugares en el coro.

También en esta parte hubo cambios en la distribución de las voces (a los mujeres se les pidió acercarse más al proscenio y, después, a los varones colocarse en primer plano y a las sopranos y contraltos, ubicarse donde por lo regular están los bajos y tenores), que, por lo reducido del escenario del auditorio y el número de cantantes (una treintena), se hicieron con lentitud.

Aunque el programa acreditó sólo a un pianista, el maestro Roberto Sánchez, al final la directora agradeció también la actuación musical del “maestro Carlos”.

El programa se repetirá el próximo miércoles 27, a las 9 p.m., en el auditorio del Olimpo. La entrada es gratuita.

La maestra Nidia Góngora Cervera se dirige al público antes de
la interpretación de los valses de amor de Brahms por el
Coro de la Ciudad de Mérida, en el auditorio del Olimpo.

viernes, 25 de enero de 2013

¿La más exitosa?


Como tomar cerveza y beber vino. Así fue escuchar a la Orquesta Sinfónica de Yucatán en el programa inaugural de su XIX Temporada de conciertos.

Sentados a la mesa, la agrupación nos sirvió la violenta seriedad de Wagner y la dulzura sentimental de Verdi, los ambientes densos del alemán, los corazones rotos del italiano. Un inicio de temporada con el pie derecho, tanto por la afluencia de público (en el concierto del domingo 20 la luneta y la platea del Peón Contreras estuvieron llenas, lo mismo que la primera fila de los demás niveles) como por el atractivo del programa, que seleccionó algunos de los hits de la producción de ambos compositores (las oberturas de “La fuerza del destino”, “Las vísperas sicilianas”, “Rienzi” y “El holandés errante”, y preludios de “La traviata” y “Lohengrin”) para rendirles homenaje al cumplirse 200 años de su nacimiento.

¿Sería muy atrevido decir que ésta podría ser la temporada más exitosa de público de la Sinfónica de Yucatán? A juzgar por la rapidez con que se están vendiendo los boletos para los conciertos, la escena del teatro lleno del fin de semana pasado podría ser una constante hasta el cierre con las funciones de “La bohemia”. Porque en el medio estarán programas con invitados de excepción, como Jorge Federico Osorio, Martyn van den Hoek, Christopher Collins Lee, Edith Peña y el Cuarteto Latinoamericano, que en Mérida estrenarán una obra (para sus conciertos de marzo ya está prácticamente vendida toda la luneta). Además, en el Mes del Niño, la Sinfónica tocará la música de “Fantasía”, un programa atractivo para hijos y papás por su variedad de compositores y estilos, por su dosis de nostalgia y porque mientras la orquesta toca se proyectan en el fondo escenas de la película de Disney.

Tal vez convenga ir de una vez por los boletos de la ópera, no sea que nos quedemos sin llorar con los bohemios.

El concierto inaugural de la XIX Temporada de
la Sinfónica de Yucatán (foto de Diario de Yucatán).

martes, 15 de enero de 2013

Resbalón en el Olimpo



El concierto de Martyn van den Hoek y Christopher Collins Lee en el auditorio del Olimpo, el viernes 11, debería ser recordado por la supremacía artística del pianista holandés y el violinista estadounidense. Y sí, ése es el hecho que predomina, pero también lo será por la anécdota de que los asistentes fueron invitados a retirarse apenas comenzar el intermedio porque se pensó que el programa ya había terminado.

Hubo quienes ignoraron la solicitud de los empleados municipales por parecerles extraña la conclusión repentina (contraria a lo que indicaba el programa de mano), a pesar de la advertencia que se hizo llegar bajando las luces del auditorio. A algunos nos benefició la espera para resolver una duda y a otros, el tiempo que pasaron viendo los discos de Christopher y Martyn que se vendieron afuera del recinto. Una pianista amiga de los músicos que se dio cuenta de la situación salió del auditorio para informar a la gente que aún estaba en el Olimpo que el concierto continuaba.

Pero fue notorio el número de los que ya no regresaron y recibieron a medias la recompensa por haber hecho una larga fila –duró al menos una hora la formación- para escuchar a dos artistas en los que, a pesar de su precisión, la música es más una cuestión de estómago que de cerebro, en los que tocar un instrumento no es una fórmula matemática sino un acto de gozo.

Hay un consuelo: Martyn van de Hoek es el solista invitado a los conciertos del 25 y 27 de enero de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, y Christopher, a los del 1 y 3 de febrero.   

Martyn van den Hoek y Christopher Collins Lee,
en el concierto en el Olimpo (foto tomada de la web
de "Diario de Yucatán").

martes, 18 de diciembre de 2012

Qué chido Murciélago



Las presentaciones de la Sinfónica de Yucatán a las que he ido me han parecido emotivas, interesantes, atractivas, simpáticas, electrizantes (el caso del concierto con Eugenio Toussaint como invitado, unas semanas antes de su muerte) y una que otra cansada. No recuerdo haber pensado en alguna como “divertida”… hasta este domingo 15, cuando la orquesta interpretó “El Murciélago” en el segundo concierto de su último programa de la XVIII Temporada, en el Teatro Peón Contreras.

A la soprano yucateca Claudia Rodríguez ya la había visto sufrir como Micaela en “Carmen” en 2010 y escuchado en “El Mesías” en el cierre de la XII Temporada, en 2009. La admiraba por su voz, por su capacidad para conmover con ella y para alcanzar notas que a quienes desafinamos incluso antes de abrir la boca se nos antojan imposibles. Pero desde el domingo a Claudia la admiro también por su soltura en el escenario y sus aptitudes para hacer reír como Adela, la sirvienta de Rosalinda; ella es de hecho la principal razón por la cual disfruté tanto la interpretación en versión concierto de la opereta de Strauss:  transpira confianza, seguridad en su actuación; le da expresiones cómicas a su rostro y otros matices en momentos en los que incluso no está cantando, y, gran revelación, tiene buen ritmo para bailar, como lo demostró en una de las partes instrumentales del segundo acto.

Hay que darle también crédito al director de escena, Horacio Almada, quien encontró la manera de hacer atractiva la función a pesar de las limitaciones que le imponían el formato y el espacio: los cantantes incorporaron a su vestuario alguno que otro elemento para dar idea del personaje que estaban interpretando, se colocaron unos pocos muebles para ayudar a situar las acciones y hubo diálogos tropicalizados (por ahí se escucha un “hacer pipí”) y salidas y entradas a escena, sin dejar de poner en claro que no se trataba de una representación en forma, pues no se intentó disfrazar las partituras con las que salían a cantar los artistas.

Además de Claudia, en el elenco hubo antiguos conocidos de los conciertos de la OSY, como Irasema Terrazas (Rosalinda), Josué Cerón (doctor Falke), Sergio Meneses (el director de la prisión) y el yucateco Miguel Ángel Mena (el abogado Blind), y también otros nuevos, como Armando Gama (Von Eisenstein) y el austro-yucateco León de Castillo (Alfredo), una agradable voz de tenor.

Creo que después de todo fue algo positivo que ya estuviera vendido el asiento que deseaba en la penúltima fila del lunetario, porque al tener que ocupar uno en la primera hubo la oportunidad de ver muy de cerca las expresiones de los artistas, la hierba de olor que le dio sazón al programa.

Antonio Gama, Irasema Terrazas, Claudia Rodríguez,
Sergio Meneses y Linda Saldaña.

Horacio Almada, director de escena.

Antonio Gama, Juan Carlos Lomónaco, Irasema Terrazas,
Claudia Rodríguez, Horacio Almada y Sergio Meneses.

Miguel Ángel Mena, León de Castillo y Josué Cerón.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Confieso mi ojeriza


No creo que el arte sea y deba ser para unos cuantos, pero sí que se puede sacar provecho del interés de algunas personas en utilizar la cultura como afirmación de su estatus social.

Me parece que ésa es buena parte de la razón por la que fluyen recursos al Patronato de la Sinfónica de Yucatán, que en los programas de mano de todos los conciertos repite la lista de sus benefactores (con títulos políticamente correctos, como “benefactor amigo”, “entusiasta”, “asociado”…). Si con eso se garantiza que habrá dinero para continuar con este proyecto, pues que pongan hasta sus fotos, digo yo.

Pero confieso mi ojeriza por cuatro o cinco personas que no pueden faltar a los eventos artísticos (y deportivos y empresariales)… siempre y cuando haya gente que las pueda reconocer  y contar que las vieron. El más reciente encuentro fue en el concierto de Philip Glass en la hacienda Ochil, el miércoles pasado. Me sorprende que me sorprendiera que estuvieran ahí, después de todo cómo iban a faltar a un espectáculo limitado a 500 personas, con entradas de 4,000 pesos (te sentaras donde te sentases) y que se realizaba en  la propiedad de uno de los hombres más poderosos de México.

Si por algo siento tirria por ellos es porque, aunque se ostentan como  aficionados al arte, al final hacen cosas como salirse durante el concierto para ir sepa Dios a dónde. Aunque debo decir que hubo más de uno que hizo lo mismo; a algunos los vi volver a sus lugares, a otros no.

Al menos lo que pagaron irá a parar a un fondo de conservación del patrimonio cultural maya. Qué pena que ese grupo nunca ponga un pie en foros alternativos de Mérida, donde hay proyectos que valen mucho la pena pero que a duras penas sobreviven porque no tienen dinero ni atractivo social para sus benefactores.


Concierto de Philip Glass en la
hacienda San Pedro Ochil.