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sábado, 2 de enero de 2016

sábado, 18 de enero de 2014

El Holocausto sin música de John Williams

Letrero que advierte de la prohibición de bailar swing por
la Cámara de Cultura del Reich, en el Museo de la
Memoria y la Tolerancia de la ciudad de México

El Holocausto podría parecer un hecho histórico lejano en geografía y tiempo para los mexicanos. Por eso uno de los principales méritos del Museo de la Tolerancia y la Memoria en el Distrito Federal  es su capacidad de recordarnos cuán actual y próximo es el germen de la discriminación y el genocidio a cualquier sociedad del mundo.

En los tres pisos del museo, en el centro histórico de la ciudad de México, la mayor parte del espacio se destina a repasar los antecedentes y actos del genocidio judío a mano de los nazis: hay objetos de la época donados por benefactores del MYT, audios y vídeos que dan cuenta de las medidas tomadas contra la comunidad judía, testimonios (varios de ellos en español) de sobrevivientes de los guetos y campos de concentración, maquetas de los sitios de exterminio, un vagón de tren original en que se transportó a los indeseados y espacios consagrados a los protagonistas y las conclusiones de la Conferencia de Wansee, en la que se decidió la “solución final”, y al Juicio de Núremberg.

Vagón de tren en que se transportó gente a los
campos de concentración

Cédulas sobre los participantes en la
Conferencia de Wansee

Al finalizar el recorrido por el área relacionada con el Holocausto (y que concluye con una instalación artística que evoca las chimeneas de los hornos en que se disponían los cuerpos), comienza uno por genocidios posteriores: la antigua Yugoslavia, Ruanda, Guatemala, Sudán, Camboya. Como punto final de la visita se atraviesa una sala que cumple sus objetivos didácticos con carteles y fotografías que exhortan a respetar diferentes modos de ser y pensar.

El MYT también tiene sala de exposiciones temporales, que hasta febrero acoge la colección “Peregrino”, de fotografías captadas por Richard Gere (sí, el actor) en China, India y Tíbet. El valor de las imágenes se antoja anécdotico: por haber sido tomadas por una celebridad internacional y por el acceso a entornos budistas que otro con menos fama tal vez no hubiera tenido. Pero eso no significa que no haya imágenes que cautiven por su espontaneidad y ternura, como la de un monje sobre el que cae un rayo de sol.

Fotografía de la muestra "Peregrino" de Richard Gere
en el Museo de la Memoria y la Tolerancia

Aspecto de la exposición "Peregrino" de Richard Gere
en el Museo de la Memoria y la Tolerancia

Es muy difícil hablar de tragedias sin ser condescendiente con las víctimas, sin reconocer más que defectos en los perpetradores y sin describir los hechos en lugar de jugar con las emociones; sin embargo, el Museo de la Memoria y la Tolerancia lo consigue: su museografía desde luego tiene la misión de agitar conciencias y mover a la acción, pero lo hace llevando un mensaje al cerebro en lugar del estómago. Abundan las cédulas con información profusa y documentada y no se tiene reparo en señalar la indecisión de aliados como Gran Bretaña y Estados Unidos para dar pronto fin al genocidio ni en destacar la colaboración con la causa de personas de otros credos religiosos, entre ellos Edith Stein, judía que se convirtió al catolicismo, profesó votos con las carmelitas y fue canonizada en 1998.


La entrada cuesta 69 pesos, pero el acceso a la sala de exposiciones temporales es gratuito.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Rostros divinos


Del 20 de julio a este lunes 30 de septiembre, el fuerte San José el Alto de la ciudad de Campeche fue el hogar de los “Rostros de la divinidad. Los mosaicos mayas de piedra verde”, la exposición que el Instituto Nacional de Antropología e Historia presentó por primera vez en 2010 en el Museo de Antropología de la ciudad de México.
La muestra reúne 13 máscaras funerarias halladas en Oxkintok, Calakmul, Dzibanché y Palenque. Aquí, algunas imágenes:



Detalle de la ofrenda funeraria a K'inich Janaab' Pakal, gobernante de Palenque. Consta de máscara de mosaico, orejeras con inscripción jeroglífica, collar y banda frontal también de cuentas, todo elaborado en jade.



Tablero de los 96 glifos (completo y detalle). Se trata de un asiento de trono elaborado en altorrelieve sobre piedra caliza, hallado en Palenque.





Ofrenda mortuoria de la Tumba I de la Estructura III de Calakmul. 



Detalle de la ofrenda de la Tumba I de la Estructura III: máscara con tocado y orejeras, collar de cuentas, pectoral zoomorfo y  máscara de cinturón ceremonial, todo de jade; banda frontal de Spondylus princeps, platos, vasija con tapa y tapete.


Detalle de la ofrenda de la Tumba I encontrada en la Estructura VII de Calakmul. La máscara es de jade, Spondylus princeps, Pinctada mazatlánica y obsidiana gris. También se ve un collar de cuentas y pectoral, peto de cuentas, brazaletes y faldellín de cuentas, todo de jade. 





Vista frontal y lateral de un pectoral zoomorfo de concha y caracol perteneciente a la Tumba 8, Estructura CA-14 de Oxkintok. (¿Es irrespetuoso decir que parece un Angry Bird?)




Máscara de mosaico de jade con un geometrismo que recuerda el estilo teotihuacano. Pertenece a la Tumba 5 de la Estructura C-3, Grupo Ah Canul, de Oxkintok.



Máscara ceremonial de mosaico de crisoprasa, Unio sp, Turbinella y obsidiana, hallada en el Templo del Búho en Dzibanché, Quintana Roo.



En primer plano, representación del dios jaguar del inframundo en piedra caliza labrada y estuco modelado y policromado. Se encontró en Toniná, Chiapas.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los vecinos

Me dice Agustín, mi guía en la zona arqueológica de Tula, que la representación de Quetzalcóatl como serpiente emplumada simboliza la unión de lo terrestre y lo celestial. Esta aleación me es apropiada para describir la sensación de viajar por tres estados del centro de México donde la ingeniería humana emociona tanto como la divina, término que uso para referirme a las fuerzas de la naturaleza que moldean el paisaje.
Los edificios religiosos (¿decenas?, parecen cientos) de Puebla capital, el centro histórico de Tlaxcala, los pueblos mágicos y las formaciones naturales de Hidalgo y, en los tres casos, la cocina tradicional introducen al viajero a un universo de formas, sabores y colores que difícilmente se alcanza a conocer en una semana.
Pero aunque se disponga de sólo unos cuantos días, visitar a los tres vecinos recompensa ampliamente al viajero. Les comparto algunas (y sólo algunas) de las cosas que hicieron especialmente agradable un reciente recorrido por esta zona del país (se da por descontado el paseo por las calles de sus centros históricos, el pulso de toda ciudad):

1) Visitar la iglesia de Santo Domingo y su capilla del Rosario, en Puebla. La sensación de entrar en ellas la describo como un golpe, un bofetón. La capilla es tan bella que hasta duele mirarla. 

Detalle del techo de la capilla
del Rosario (foto VBM).

2) Visitar la iglesia de Santa María Tonantzintla, Cholula. Otro mazazo a los sentidos: de tan barroca la mirada se cansa. Lo primero que me vino a la mente al ver su interior (donde está prohibido tomar fotografías) es esa lección de Historia en la escuela en la que hablaban del mestizaje en las artes durante la Colonia: cuando las técnicas y estilos europeos se fusionaron con la visión indígena y dieron como resultado, por ejemplo, angelitos morenos. La teoría se materializa en este templo.

Fachada de Santa María
Tonantzintla (VBM).

3) Recorrer el Museo de Arte San Pedro, en Puebla. Desde septiembre exhibe "Y para muestra un botón", una selección de títeres y guiñoles de la familia Rosete Aranda-Espinal. Hay desde representaciones fantásticas hasta figuras alusivas a personajes históricos y otros aún con vida, como María Victoria, todos deliciosamente detallados.

4) Por supuesto, comer mole. Pero no en un restaurante de Gran Turismo, sino uno por el rumbo del mercado El Parián. Prueba a ir a La Gardenia, te sirven el plato de mole como parte de un menú de comida corrida que incluye sopa, arroz y postre (yo elegí los duraznos con rompope). Si lo acompañas de un vaso de agua fresca, te sale en 100 pesos; si es con refresco, súmale 20 más.
Mole en La Gardenia
(foto VBM).


5) En Tlaxcala, visitar la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y el antiguo convento franciscano. Además de su belleza arquitectónica, en especial la del Sagrario, la catedral tiene interés anecdótico: se le reconoce como el punto de partida de la evangelización de la Nueva España (de hecho, en el púlpito está inscrita la leyenda "Aquí tuvo principio el Evangelio de este nuevo mundo") y donde se cristianizaron los cuatro señores de Tlaxcala.

Fachada de la Catedral de
la Asunción, Tlaxcala
(foto VBM).

 6) Visitar las zonas arqueológicas de Cacaxtla y Xochitécatl. Son adyacentes; Xochitécatl era el centro religioso y Cacaxtla, el administrativo. En ésta sobresalen, como imaginarás, los vestigios de sus murales; en Xochitécatl encontré particularmente interesante el edificio que estuvo dedicado a Ehécatl, el dios del viento: tiene forma de espiral y se presume que se ascendía por él en una rampa, pues carece de escalinata; para los visitantes modernos se colocó una escalera de metal. En la parte superior hay una cruz.

Zona arqueológica de
Xochitécatl (foto VBM).

7) En Hidalgo, recorrer los pueblos mágicos de Huasca de Ocampo y Real del Monte, en la zona montañosa del estado. En Huasca están los prismas basálticos, formaciones geométricas de lava congelada donde las aguas de una presa cercana crean una cascada, y la hacienda Santa María Regla, propiedad de quien llegó a ser uno de los hombres más ricos de América durante la Colonia: Pedro Romero de Terreros. La hacienda, una construcción de piedra, conserva algunas de las áreas donde se procesaban el oro y la plata.  En Real del Monte están la Mina de Acosta, que ofrece visitas guiadas por los departamentos de la mina y su interior (la parte más emocionante del paseo); el Panteón Inglés (una oportunidad para conocer símbolos masones, pues buen número de quienes ahí descansan pertenecieron a logias) y el Museo de Medicina Laboral. El nombre de este museo es engañoso, podría pensarse que trata de los derechos de los trabajadores, pero en realidad es la memoria de un hospital de mineros, con sus férulas de metal, agujas de vidrio, aparatosos equipos de rayos X y aleccionadores dibujos en las paredes sobre las consecuencias de no ser precavidos en el trabajo bajo la tierra. Además de sus edificios emblemáticos, estos dos pueblos honran su magia con sus paisajes de colinas y vegetación boscosa.


Prismas basálticos
 (foto VBM).

Chimeneas de la hacienda
Santa María Regla
(foto VBM).

Mina de Acosta (foto VBM).

Hospital de Medicina Laboral en
Real del Monte (foto VBM).

Panteón Inglés (foto VBM).


8) Aventurarse en las Grutas Xoxafi. Si prefieres llevarla tranquilo, puedes tomar el tour básico, en el que sólo caminas por la caverna; pero si no te importa arrastrate, ensuciarte, terminar con moretones y raspaduras y jugarte la vida en el rappel y la tirolesa entonces contrata el extremo. Los guías saben cómo hacer más llevadero el trayecto, en el que habrá que pasar por orificios apenas un poco mayores al tamaño de nuestra cintura. Si al salir todavía estás de ánimo puedes volar en tirolesa de tres tiros: 300, 240 y 800 metros. En el último sólo hay una modalidad posible: de Supermán, con el arnés ajustado en la espalda y las manos libres para sujetarse... del viento.


Grutas Xoxafi (foto VBM).



9) Volar en globo. Con seguridad terminará siendo una experiencia diferente de lo que te imaginas, pero en mi opinión merece vivirse. Impacta ver cómo los objetos que en tierra nos parecen grandes poco a poco se transforman en puntos apenas reconocibles y otros desaparecen totalmente. No dejes de admirar el momento en que los demás globos se elevan, parece que siguen una coreografía. Ten en cuenta que los vuelos son muy de mañana, así que debes estar dispuesto a madrugar.


El cielo de Apulco, Hidalgo (foto VBM).


10) Comer barbacoa. En el Mercado de Barreteros, en Pachuca, Beto's la vende los sábados y domingos. Para acompañarla, un consomé de garbanzo... 


Consomé en Beto's (foto VBM).