Mostrando entradas con la etiqueta Artes visuales.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artes visuales.. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de diciembre de 2019

“Península. Cartografía simbólica”, la vida a ojo de águila


 
“Península. Cartografía simbólica”, en el Palacio Cantón

Entre la constante de líneas rectas un círculo se encuentra con la mirada. Hay que invertir segundos en observarlo, en comprender su relación con las geometrías cercanas. Se concluye entonces: es la glorieta del Monumento a la Patria.

martes, 3 de febrero de 2015

El Fernando desconocido

"La hamaca", xilografía de 1959 de Fernando Castro Pacheco


Como Cristos en el Gólgota. Pero sus maderos no se cruzan y no a todos los rostros los atraviesa la pena. De hecho, muchos están llenos de gozo. Y de gozo carnal.

Cuelgan de paredes en las que representan para la eternidad sus historias, las más de ellas historias del campo y de sus habitantes. ¿Habría que esperar otro tema en una reunión de líneas y volúmenes que presume ser un homenaje a Fernando Castro Pacheco? Sí, sí habría.

"Los amantes", óleo sobre tela de 1992

El encuentro de tiempos alrededor del artista, que se originó en la ciudad de México con el nombre “Intimidad y poética del realismo yucateco” y en diciembre de 2014 se instaló en el Museo de la Ciudad de Mérida, alecciona a los nacidos en Yucatán sobre lo mucho que ignoramos de la obra de nuestro conterráneo, no importa cuántas vueltas le hayamos dado al Palacio de Gobierno para admirar sus murales monumentales o tal vez a consecuencia de esto, de su cercanía, de su fácil disponibilidad para quien quiere conocer la creación de don Fernando, que con el tiempo se transforma en la certeza ilusoria de saber sobre él.

"Naturaleza muerta", óleo sobre tela de 1959

Porque ¿quién nos habla del Castro Pacheco ceramista, del retratista de salón, del creador de bodegones, del pintor cubista, del acuarelista, del reinvidicador del mexicano que vive en otros parajes de la República, del fisgón de lo que ocurre en las hamacas colgadas en las casas mayas y revelador de la intimidad erótica de sus habitantes, una dimensión olvidada cuando se habla de la población indígena porque pudiera distraer la atención de su condición de tema de lucha social o defensa de la identidad?


Pues ese Fernando, el desconocido o poco conocido, está a la espera de que se le visite en el museo. La exposición continúa abierta y la entrada es gratuita.

"El gran peinado", óleo sobre
tela de 1972

Cerámica de Fernando Castro Pacheco

"La defensa de la familia de los Aquiles Serdán",
linóleo de 1947

martes, 19 de agosto de 2014

Pintar la poesía

Las pinturas de Rafael Alberti delatan el oficio de poeta de su autor: como versos, evocan mucho con necesidad de poco.

Entre los 24 aguafuertes que del español se exponen en la sala 1 del Centro Cultural Olimpo junto con obras de Eduardo Naranjo (se reúnen bajo el título “Ut Pictura Poesis”) hay trabajos de sus series “Naturaleza y toros” y “Amor y mar” que no precisan más que de unos cuantos trazos para hablarnos con elocuencia.

Aguafuertes de la serie "Naturaleza y toros" de Rafael Alberti

No se requiere de una representación fiel ni detallada del paisaje para que las flores creadas por Alberti nos transmitan la libertad del entorno rural y la osadía irreprimible de la Naturaleza (algunos colores y formas, como las motas, son irreales en las plantas). Sus especies imaginadas no están colocadas en floreros, macetas o el jardín, sino que viven suspendidas, aisladas, en el papel blanco, desde el que nos confirman que, para emocionar, un artista no necesita de excesos. De lo mismo nos hablan sus aguafuertes inspirados en la fiesta brava, en los que toro y torero están más sugeridos que representados, a veces de frente, otras de costado e incluso desde arriba; sus desnudos y sus marinas, en las que echa más mano de la geometría.


Aguafuertes de la serie "Naturaleza
y toros" de Rafael Alberti

Las obras de Naranjo poca relación tienen con el trabajo de Alberti, aunque el hecho de que su tema sea Federico García Lorca las acerca a Rafael, en vida amigo del autor del “Romancero gitano”.  La poesía y la historia personal de García Lorca son referentes de los grabados y las litografías de Naranjo, algunas de éstas envueltas por un manto surrealista.

La sala 2 nos da la oportunidad de volver a ver grabados de Goya, que, siempre como programa cultural del Ayuntamiento, ya habían protagonizado una exposición en el Olimpo en 2009. Pero ahora se exhiben con un giro: esta selección de la serie “Los caprichos” está acompañada por versiones surreales, reinterpretaciones creadas por Salvador Dalí, quien intervino cada imagen para ponerle color, alterar trazos, cambiar o ampliar el título. De ahí el nombre grupal de “Capricho surrealista”.


Grabados de Rubens en la muestra "Mitológicas"

La muestra más amplia de las que actualmente se presentan en el Olimpo (y que permanecerán instaladas hasta el 27 de septiembre) es la de “Mitológicas. Aguafuertes del siglo XVI al XIX” que ocupa la sala 3. Por obviedad sobresalen las obras de Rubens, a las que se destina un lugar especial en la sala, aunque hay otras más que cautivan con su representación de escenas míticas, como Júpiter y Sémele, de Marie-Philippe Coupin de la Couperie, y Fauno, de Adolphe de Mol. Aunque los trabajos en esta técnica se hacen para imprimirse varias veces (en un número limitado), no deja de decepcionar que en algunos casos lo que se exhiba sean hojas de libros en los que aparece la reproducción del aguafuerte, lo que le resta impacto y singularidad a la colección.

La entrada a las exposiciones es gratuita.

"Júpiter y Sémele" de Marie-
Philippe Coupin de la Couperie

"El rapto de Proserpina" de
Francois Girardon

lunes, 2 de junio de 2014

La noche se hace blanca

Asistir a tres eventos no da ni siquiera una idea general sobre el desarrollo de la tercera Noche Blanca, pero desde la experiencia personal se puede hablar de cosas buenas y no tan buenas:


Lo bueno

El Quinteto Clásico de Yucatán y el tenor Miguel
Ángel Mena, en la Casa de Montejo
  • ·         La gente respondió a la invitación a asistir a las actividades. Camino al Centro Histórico se podía ver a personas solas, en grupos de amigos o en familia consultando los programas y seleccionando los lugares a donde irían. No asistí a los eventos de la edición anterior, así que sólo puedo compararla con la primera y, sí, el número de personas que el sábado 24 de mayo recorrieron museos, galerías y otros espacios del Centro fue mucho mayor.
  • ·         A pesar de la concentración de personas y a que se respiraba ambiente de diversión, estaba claro que éste no era el reemplazo de la fiesta que sigue a los paseos de Carnaval: no fue una invitación a la ebriedad ni a los desfiguros; incluso se vio a parejas con hijos preadolescentes que seguían en la calle hasta las primeras horas de la madrugada.
  • ·         Hubo variedad de opciones para ver y escuchar, desde lo popular hasta lo académico con todos los matices del medio. Y, además, el acceso fue gratuito.
  • ·         El concierto del Quinteto Clásico de Yucatán en la Casa de Montejo. A las 11 de la noche, hora prevista para comenzar, se estaba dando la bienvenida a los asistentes. El quinteto lo forman los violinistas José Luis Chan Sabido, quien también lo dirige, y Flor Novelo; el violista Jaroslav Meluzin, la chelista Natalia Melikhova y el contrabajista Stanislav Grubnik, estos últimos cuatro músicos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. El currículum de los cinco era garantía de calidad musical, que respaldó la ejecución de temas tradicionales de México y Yucatán, desde “Pájaro azul”, “Rayito de sol”, “Bésame mucho” y “Ojos tristes” hasta “Adoro” y “Contigo aprendí”, de Armando Manzanero, y “Peregrina”. Algunos temas, como “Peregrina” y “Nunca”, fueron acompañados por la voz del tenor Miguel Ángel Mena.
  • ·         La obra “Leaving USA” que Carlos Medina presentó en el Centro Cultural Olimpo, con la dirección de Gilma Tuyub. A pesar de que comenzó pasadas las 12 de la noche, el auditorio se vio lleno en más de tres cuartas partes. Se trata del monólogo de un oxkutzcabense que regresa de Estados Unidos, a donde emigró en busca de trabajo, con la intención de quedarse definitivamente en su tierra con su familia. El principal mérito de la obra es su capacidad para conmover el corazón con el drama de los inmigrantes sin volverse densa, pues la reflexión va calando entre broma y broma, que a una adolescente del público le llegó a producir un ataque de risa.
Carlos Medina en "Leaving USA"






Lo no tan bueno

Kaveh Parmas interactúa con una voluntaria
del público

La Giralda, en el atrio de la Catedral
  • ·         La demanda superó a la oferta y no sólo en lo que se refiere al acceso a algunos espectáculos (a eso de las 11 de la noche había que ver la cola que se había formado afuera del teatro “Felipe Carrillo Puerto”), sino también a restaurantes del Centro Histórico. Algunos para las 2 de la mañana continuaban abiertos, pero había que esperar a que se desocupara una mesa, su stock de bebidas y alimentos era limitado o el servicio resentía la falta de suficientes meseros.
  • ·         La presentación de La Giralda en el atrio de Catedral. El programa lo anunciaba a las 9 de la noche y comenzó 9:45. Algunas personas que habían ocupado asientos frente al escenario decidieron irse y otras se retiraron durante la función. La Giralda es un trío de artistas mexicanos e iraníes: Kaveh Parmas es cantante y actor, y Manuel Mejía y Mehdi Molaei, músicos. Su espectáculo comienza con Manuel ocupando su silla en el escenario vestido de frac, calzado con tenis Converse rosados y una máscara de paloma, lo que minutos después hace también Mehdi, con el mismo atuendo. Kaveh se presenta con una botella de lo que se asume es alcohol y hojas sueltas a las que va volando el viento. Se dirige al público con voz de ebrio y después de ser sujetado con violencia por Mehdi, quien le pregunta quién es y cómo se llama, Kaveh se declara escritor y admirador de poetas como Federico García Lorca. Es entonces que empieza la alternancia entre relatos al público y la interpretación de poemas de Lorca musicalizados, que se cantan con pretendido estilo de cante jondo pero que están lejos de sonar como aquéllos en la voz de un auténtico cantaor. Aunque la figura del borracho y exclamaciones como “¿Por qué todos los poetas son maricones?” pudieran hacer pensar que se trata de un espectáculo humorístico, en realidad no se trata de un divertimento, sino una reflexión dolorosamente sarcástica sobre la tragedia del artista perseguido por su obra y su personalidad, como lo fue García Lorca. Un espectáculo de este tipo merecía otro escenario, uno que favoreciera la intimidad con los artistas, la ausencia de los distractores habituales en un foro al aire libre: personas platicando, comiendo, caminando entre el público, incluso jóvenes que piensan que es gracioso subirse al escenario durante el desarrollo de la función y desde el fondo hacerle gestos al público. En un momento el trío debió competir con la música de una batucada que pasaba frente al Palacio de Gobierno y no sólo hizo difícil escuchar a La Giralda, sino que también le robó espectadores que prefirieron irse tras los percusionistas.
  • ·         No fue mi experiencia, pero la dificultad para trasladarse entre diferentes puntos por el tiempo que le tomaba a las guaguas cubrir sus rutas y el caos vehicular favorecido por el cierre de calles fueron aspectos muy comentados contra la organización de la Noche Blanca. Una sugerencia para quienes se aventuren a asistir a la cuarta edición, en diciembre: dejen el auto en un punto apartado del primer cuadro, lleven zapatos bajos y dispónganse a caminar y caminar. El corazón y el hígado lo agradecerán.

lunes, 28 de abril de 2014

Arte y artesanía de mayólica

Vinateros en "Mayólica de Iberoamérica"
Quien desee insistir en el debate de si la artesanía es arte que se dé una vuelta por el Museo de Arte Popular, frente al parque de La Mejorada.

El museo acoge temporalmente “Mayólica de Iberoamérica”, una selección de trabajos en esta técnica que pertenecen a la colección de Fomento Cultural Banamex.

Como se explica en el texto de presentación de la muestra, los objetos hechos con mayólica (conocida más bien con el nombre genérico de Talavera) tienen en origen un objetivo práctico: servir para el uso doméstico. Es por eso que en la exposición predominan jarras, botijos, platos, vasijas, maceteros, vinateros… Pero también hay cruces de camino, un Nacimiento, benditeros (piezas con una saliente cóncava para colocar el agua bendita), figuras decorativas y un “cuadro” de azulejos.

Tibores. El de la izquierda es de Talavera de la Reina, Puebla,
y el de la derecha, del taller de Gorki González, en Guanajuato
Algunos de estos objetos se ajustan a la idea tradicional de una pieza de Talavera, por ejemplo los lebrillos (especie de tazones) y tibores (jarrones con tapa) pintados en blanco y azul. Sin embargo, hay también piezas en las que los artesanos-artistas juegan con los colores y las formas para producir belleza, aun en aquéllas que surgen como utensilios domésticos: vinateros de asa trensada o calados, tibores decorados con franjas amarillas verticales y jarrones pintados con detalladas escenas campiranas o motivos florales.

Cruces de camino, de Tater Camilo Vera Vizcarra
De especial atractivo son las obras de Tater Camilo Vera Vizcarra, procedentes de San Sebastián, Cuzco, Perú, que, aunque siempre de uso cotidiano, no son las piezas típicas de la mayólica. Sus cruces de camino combinan tonos azules, verdes y amarillos y tienen velas y rosetones en su base. Hay asimismo un torito en blanco, verde y amarillo que saca la lengua y lleva el cuerpo pintado con la figura presumiblemente de su amo.

Torito, de Tater Camilo Vera Vizcarra
De los sevillanos Cristóbal Rodríguez y Juan Aragón hay cuatro ejemplos de una decoración que persigue otra intención: se trata de escenas históricas (hay un cuadro de azulejos que evoca a Napoleón) o personajes de época representados con gran atención al detalle.

Trabajos de Cristóbal Rodríguez y Juan Aragón
“Mayólica de Iberoamérica” no es una exposición exhaustiva, pero los minutos en la sala “Addy Rosa Cuaik” del museo se transcurren con gusto. La muestra podrá visitarse hasta octubre próximo. El museo está abierto de martes a sábado de 10 a.m. a 5 p.m. y domingo de 10 a 3. No se cobra la entrada.


Figuras en "Mayólica de Iberoamérica"

martes, 1 de abril de 2014

Muchas formas de ser contemporáneo

Imagen de la colección "El sonido del agua me recuerda",
de Manuel Mendive, en el Macay

El arte contemporáneo es generoso al reconocer la paternidad de obras con más o menos grado de rebeldía respecto a las formas e ideas tradicionales. Y las exposiciones del primer trimestre del año en el Macay (ahora llamado Museo Fernando García Ponce-Macay) fueron una muestra de que por las venas de los hijos de la plástica contemporánea corre todo menos el mismo ADN.

Ahí está para comprobarlo el cubano Manuel Mendive, el invitado principal de este período y cuyas obras ocuparon las salas 9, 10 y 11. Los protagonistas  de su colección “El sonido del agua me recuerda” son figuras oníricas que sugieren cierta naturaleza humana , pero que en los relatos plásticos de Mendive también tienen algo de aves (en algunas se reconocen picos y alas), peces (están suspendidas en posición horizontal, como si estuvieran nadando) y seres aún por existir, rociados con pequeños caracoles. Sin embargo, las escenas de este universo , en el que incluso los marcos forman parte de la narración, tienen un sabor familiar, como si los ambientes marinos y selváticos que induce a imaginar el predominio de verdes, azules y cafés de los cuadros se hubiesen inspirado en paisajes pintados décadas atrás y trasladados a un mundo paralelo.

En contraste, en las “Dimensiones insospechadas” de Alfredo Castañeda, en la sala 1, es fácil reconocer las formas humanas de los personajes, entre los que se repite con insistencia un varón de barba abundante y cabeza calva. Pero las situaciones en que Castañeda lo coloca chocan con nuestra lógica y lo que sabemos que es posible; en “El gran parto”, por ejemplo, la cabeza desnuda-peluda del individuo se asoma por el bajo vientre de un hombre de aspecto similar y con las piernas abiertas en actitud de alumbramiento. 

"El que tenga oídos para oír que vuele",
de Alfredo Castañeda, en el Macay

En las salas 6 y 7 se abrió un espacio para jóvenes creadores, que, con el título “Yucatán, arte emergente. El impulso de la creación”, compartieron sus diferentes aproximaciones a la plástica. De especial interés fueron la obra “Tánatos o La Piedad”, en la que José Luis Bojórquez recrea con personajes de cómics el dolor de una madre por la pérdida de su hijo; las esculturas de Manolo Niembro, monocromáticas y de formas orgánicas, placenteras a la vista, y la colección de Alexander Ovcharov, quien, además de pintar, toca el oboe con la Sinfónica de Yucatán.
"Tánatos o La Piedad", de José Luis Bojórquez

Alexander ha expuesto anteriormente en otros foros, como la galería del Peón Contreras, donde ya había dejado en claro que la suya no es una pintura solemne, pero tampoco un divertimento sin sustancia. Uno de sus cuadros en el Macay fue “Manzana de la discordia”, que representa una discusión de hombres en un mercado que se anticipa violenta y que lleva al espectador a preguntarse por qué, si los personajes visten con ropas modernas, hay uno que lleva lo que aparenta ser una capa de armiño, como si se tratara de un rey de los de antaño, y por qué hay otro con el brazo cubierto con una estructura similar a la de una armadura… En “El paradigma del camino y los Globos Cruciger”, el personaje en primer plano es el presidente ruso Vladimir Putin, quien está representado en forma realista; pero esa literalidad en la recreación de la figura humana se pierde en los hombres que lo acompañan hasta el punto que uno de ellos, del que sólo se alcanza a ver parte del rostro, remite a Homero Simpson.

Obras de Alexander Ovcharov en el Macay
El nuevo ciclo de exposiciones trimestrales en el museo se abrirá este viernes 11 de abril.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Rostros divinos


Del 20 de julio a este lunes 30 de septiembre, el fuerte San José el Alto de la ciudad de Campeche fue el hogar de los “Rostros de la divinidad. Los mosaicos mayas de piedra verde”, la exposición que el Instituto Nacional de Antropología e Historia presentó por primera vez en 2010 en el Museo de Antropología de la ciudad de México.
La muestra reúne 13 máscaras funerarias halladas en Oxkintok, Calakmul, Dzibanché y Palenque. Aquí, algunas imágenes:



Detalle de la ofrenda funeraria a K'inich Janaab' Pakal, gobernante de Palenque. Consta de máscara de mosaico, orejeras con inscripción jeroglífica, collar y banda frontal también de cuentas, todo elaborado en jade.



Tablero de los 96 glifos (completo y detalle). Se trata de un asiento de trono elaborado en altorrelieve sobre piedra caliza, hallado en Palenque.





Ofrenda mortuoria de la Tumba I de la Estructura III de Calakmul. 



Detalle de la ofrenda de la Tumba I de la Estructura III: máscara con tocado y orejeras, collar de cuentas, pectoral zoomorfo y  máscara de cinturón ceremonial, todo de jade; banda frontal de Spondylus princeps, platos, vasija con tapa y tapete.


Detalle de la ofrenda de la Tumba I encontrada en la Estructura VII de Calakmul. La máscara es de jade, Spondylus princeps, Pinctada mazatlánica y obsidiana gris. También se ve un collar de cuentas y pectoral, peto de cuentas, brazaletes y faldellín de cuentas, todo de jade. 





Vista frontal y lateral de un pectoral zoomorfo de concha y caracol perteneciente a la Tumba 8, Estructura CA-14 de Oxkintok. (¿Es irrespetuoso decir que parece un Angry Bird?)




Máscara de mosaico de jade con un geometrismo que recuerda el estilo teotihuacano. Pertenece a la Tumba 5 de la Estructura C-3, Grupo Ah Canul, de Oxkintok.



Máscara ceremonial de mosaico de crisoprasa, Unio sp, Turbinella y obsidiana, hallada en el Templo del Búho en Dzibanché, Quintana Roo.



En primer plano, representación del dios jaguar del inframundo en piedra caliza labrada y estuco modelado y policromado. Se encontró en Toniná, Chiapas.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Gelatina de plata, ojos de mujer



La muestra "Otras miradas" en el Museo Casa de Montejo

Las imágenes de las “Otras miradas. Fotógrafas en México 1872-1960” que exhibe el Museo Casa de Montejo satisfacen afanes tanto intelectuales como emocionales.

Para quienes desean conocer el aspecto de la gente y los objetos en otras épocas están las fotografías de Alice Le Plongeon y su esposo August, que en el “Álbum Yucatán Ilustrado” dejaron testimonios de la apariencia y el entorno de los yucatecos de principios del siglo XX (en una imagen, por ejemplo, se observa que las mujeres vestían cotidianamente el hipil con fustán y que las mangas de la prenda eran más anchas y tenían menos bordados que las actuales), y las de Caecilie Seler, quien en “El más antiguo crucifijo de Yucatán” da fe de la existencia de ese vestigio de piedra en Maní.

Hay retratos que, además de mostrar fisonomías y modas, reflejan ideas sociales, como ocurre con el niño ataviado con corona y capa de armiño que fotografió la viuda de López Toral por ahí de 1915, y el varón adulto de traje, botas y sombrero, macho estereotipado, que las hermanas Torres hicieron posar junto a un adorno de conchas y con una ventana renacentista como fondo. De la “Mesa directiva fundadora de la Sociedad Astronómica de México”, de Natalia Baquedano y fechada en 1900, llama la atención la presencia de una mujer junto a cuatro hombres.

Pero la exposición, que se inauguró el 22 de agosto y permanecerá abierta al público hasta noviembre, no es sólo un anecdotario de tiempos pasados. Hay fotos de denuncia, como las de Mariana Yampolsky, de quien se presentan imágenes de pobladores indígenas, y la infaltable Tina Modotti, quien no pasa por alto la composición estética en su discurso social, como en la fotografía en la que reúne una hoz, una mazorca y una canana.

Hay también miradas conceptuales, más orientadas al placer estético, como las de Irmgard Groth Kimball, de quien se exhiben dos imágenes de su serie “Flores” en las que éstas son las protagonistas absolutas; Josefina Niggli, con dos fotos centradas en el contraste de luz y sombra (de hecho, se llaman “Light and Shadow”); Miriam Dilham, quien en “Espinas” (1932) pone a éstas a revolotear arriba de una silueta humana; Katy Horna y sus “Ojos” (1955), una evocación al universo de los surrealistas, y Lola Álvarez Bravo, quien titula “Homenaje a Salvador Toscano” (1949) el retrato de una garza muerta en la arena que muestra las huellas del paso de las olas.

Por si esto no fuera suficiente para despertar el interés, la exposición incluye un par de fotografías de Frida Kahlo, ambas de 1929: “Herramientas de carpintería”, una “naturaleza muerta” de estos objetos dibujada con luz, y “Juguetes populares”, en la que se ve una carreta con caballito y una muñeca de trapo acostada junto a él… ¿tal vez una representación de su accidente hecha pasar por una escena infantil desprovista de intención?


La entrada a la exposición es gratuita.

jueves, 1 de agosto de 2013

Blanca que te quiero blanca

A primera vista parece que la “Noche blanca” le ha salido muy bien al Ayuntamiento. Cientos de personas, entre locales y turistas, ocupan las calles del Centro Histórico y hacen repuntar la cifra de visitantes a foros culturales del primer cuadro y los alrededores.

En el Macay hay cita a las 11 para los desvelados. Invitan Alberto Ruy Sánchez y Tatiana Zugazagoitia, cabezas del espectáculo literario y dancístico “Elogio del insomnio”. Qué deseos de ver bailar otra vez a Tatiana. La primera coreografía en que la recuerdo en escena fue una creada por ella misma, “Viaje al reencuentro”, en que recorría nuevamente, pero ahora con propósitos artísticos, el camino del dolor al consuelo en el que transitó por la muerte de su padre. Como después supe que es característica de su propuesta, no toda la coreografía es “bailada” en el significado tradicional del concepto, pues hay momentos –algunos en silencio- en que se ejecutan movimientos ordinarios, como cuando hace una fila de figuras de papel que simbolizan velas.

Esa antigua experiencia en el Peón Contreras deja una lección: sin importar el grado de conexión entre yo espectadora y la coreografía, produce placer admirar a la Tatiana bailarina, una artista con talento, oficio y escuela (en su currículum hay estudios de danza clásica en Rusia). Ésa es la razón para asistir a espectáculos posteriores de Tatiana, el más reciente el del Macay, en el que Ruy Sánchez lee textos de sus libros “Elogio del insomnio” y “Decir es desear”, que se intercalan con momentos de danza.

Pero en esta calurosa noche blanca del sábado 20 de julio en el Macay hay circunstancias que no favorecen el disfrute.

Una noche antes el museo inaugura sus exposiciones del trimestre julio-septiembre; recorrer las salas es una buena opción para ocupar el tiempo de espera para “Elogio del insomnio”. Son las 10:30. Cuando se le pregunta, un empleado del museo señala la sala 14 (en la segunda planta) como lugar de la presentación de danza y aconseja darse prisa para llegar: sólo se permitirá la entrada a 70 personas. Otro empleado está de pie frente a la puerta de la sala 14, impide el paso y advierte: la fila para acceder se está formando en el primer piso; no estás en ella, no entras.

Planta baja nuevamente. Altavoz en mano, un tercer empleado da indicaciones sobre la dirección que sigue la fila, apunta con el dedo a los asistentes para contarlos, habla por radio con alguien más al que le advierte que prolongar la espera en esas condiciones podría tener efectos negativos. Finalmente, la orden de subir, pero sigue sin escucharse una para entrar; otra espera de minutos junto a la puerta de la sala con la indicación adicional de pegarse a la pared (para permitir el tránsito por los pasillos de los visitantes a las exposiciones) y la escena ya vista del empleado apuntando con el dedo para asegurarse de que sean 70 los espectadores.

El ingreso a la sala es un alivio para la mente y el cuerpo cansados. Hay sillas distribuidas en forma de U alrededor del área de la representación. Tatiana “duerme” en una cama mientras el público ocupa sus asientos. Privilegiados los que encontraron lugar exactamente enfrente de la cama, no hay columnas inoportunas que limiten su campo de visión.

Ruy Sánchez, de holgados pantalón y camisa blancos y descalzo, saluda sonriente a algunos asistentes. La expresión le cambia al paso de los minutos; a una empleada le pregunta con evidente molestia el motivo del retraso en el inicio del espectáculo; ella responde: “Estamos esperando a directivos”. Esos directivos resultan ser el alcalde y otros funcionarios municipales, que se retiran a mitad de la presentación.

Tatiana Zugazagoitia, Alberto Ruy Sánchez y bailarines
invitados al final de "Elogio del insomnio".

 Quiero creer que me involucro en el espectáculo, pero me doy cuenta que no estoy entendiendo las palabras del escritor; no me llegan definidas las voces (tal vez por las dimensiones de la sala las palabras retumban y se pierden) y no tengo el consuelo de intentar leer los labios porque en mi contra está la ingeniería del espacio que me oculta buena parte del tiempo el rostro del autor.

La misma ingeniería es la que me niega una buena perspectiva de los movimientos de Tatiana. Y esta vez ella tiene compañía, seis bailarines que ponen piel a la abstracción que la coreógrafa creó con música de Alejandro Basulto. Me resulto antipática por pensar que la suma de fuerzas es inequitativa, pero no puedo evitar creerlo: la diferencia de trayectorias y talentos de los invitados respecto a Tatiana produce un efecto disparejo. Y también chocante.

Hay un momento que puedo seguir con bastante claridad y que me llevo conmigo –aún tengo conmigo- al final de la función: la pareja “bailando dormida” en la cama, en la que va cambiando de posición como cuando nosotros lo hacemos entre sueños.

Van a dar las 12 y el Macay ya se ve lejos. De la “Noche blanca” me quedan tres razones para que el museo reciba visitantes este trimestre:

         * La colección de la Secretaría de Hacienda. Una reunión de esculturas figurativas y abstractas entre las que sorprenden y conmueven las de Heriberto Juárez, Carol Miller, Alberto Castro Leñero y Juan Soriano.

"Toro", bronce de Heriberto Juárez.

"Toro mexicano", de Heriberto Juárez (bronce).

"Pato", vaciado en bronce de Juan Soriano.

       *   “Las mariposas de viento” de Manuel Lizama. Colección de grabados en linóleo que, a pesar de plasmar escenas rurales y figuras indígenas –un tema que algunos creadores plásticos de la Península han explotado para gozo y transacción con los turistas-, hablan con voz suave e íntima a blanco y negro, sin afanes reivindicatorios que acusan más una pose que un sentimiento honesto.

"El rincón de las mariposas", grabado de Manuel Lizama.

       *  Las cajas de arte objeto que, junto con collages, maniquíes y técnicas mixtas, dan forma a los “Cuerpos vibrantes” de Marcela Lobo. Los misterios de la niñez y el encanto de la inocencia se asoman entre camafeos, zapatitos y juguetes enmarcados.


"Exvoto", Marcela Lobo.



lunes, 15 de abril de 2013

De Warhol a Ramírez


Serie sobre la sopa Campbell's, Andy Warhol.


El gobierno municipal de Mérida ya informó que el próximo domingo 21 será el último día en que se expongan públicamente las muestras que ocupan las tres salas de exhibición temporal del Centro Cultural Olimpo.

La que más expectación despertó en su inauguración, “De Mao a Marilyn”, ciertamente es una muestra muy pequeña del arte pop de Andy Warhol, aunque ahí están las impresiones de tres de sus obras icónicas: la serie de retratos de Marilyn Monroe y Mao, y las latas de sopa Campbell’s. Pero en lo menos conocido y esperado es en lo que el visitante podría encontrar más interés y asombro.


Serie sobre Mao, Andy Warhol.
La muestra en la sala 1 la abren cuatro impresiones de flores acomodadas en forma de rombo, un paisaje natural compuesto de colores estridentes y texturas irreales, aunque armonioso y placentero de observar. 
"Flores", Andy Warhol.
En una vitrina junto a los cinco rostros intervenidos de Marilyn se exhiben documentos que dan cuenta de la popularidad de Warhol y también el rechazo inicial a su obra: hay una carta enviada al artista en 1956 por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York en la que en términos amables se le informa que no fue aceptado el obsequio de su obra “Shoe”, una nota de agradecimiento de Elizabeth Taylor por el retrato que hizo de la actriz y una en que Mick Jagger le informa que le enviaba material para trabajar en el diseño de la portada del disco “Sticky Fingers” de los Rolling Stones y le advertía de la presión del tiempo.




La sala 2 será hasta el próximo domingo un reducto de las “Impresiones fantásticas” de Raúl Anguiano y Leonora Carrington, ésta una artista capaz de perturbar con sus elongadas figuras misteriosas, sostenidas en el vacío de cuadros carentes de escenarios. “Lea regresa poseída”, una litografía de 1974, confronta al espectador con una imagen femenina espectral, en actitud de asustar a una pareja presente también el cuadro y más pequeña que la Lea del título.


"Lea regresa poseída", Leonora Carrington

La obra de Raúl Anguiano en exposición se nutre de mitología, pasajes bíblicos, sucesos históricos (el Holocausto) y personajes literarios. Don Quijote es revisitado por el maestro mexicano para presentárnoslo en actitudes alejadas de las ideas románticas con las que se suele visualizarlo: en “Don Quijote caído”, aguafuerte de 1973, el caballero andante está semidesnudo junto a su lanza rota y con expresión de vencido, una imagen que extrae la humanidad del personaje de ficción.


"Don Quijote caído", Raúl Anguiano.
La sala 3 está dedicada íntegramente a “Color en país de sol” de Gabriel Ramírez. Al maestro yucateco es difícil abarcarlo con palabras; los títulos de sus cuadros nombran situaciones y objetos tangibles, medibles, pero asociarlos con sus abstracciones rebosantes en verdes, amarillos y azules implica un ejercicio de liberación mental, de gobierno de las emociones. Llama la atención el acrílico sobre tela “Nunca en silencio” de 2009, cuyos rojos y blancos contrastan con la paleta dominante en los demás trabajos.


A la derecha, "Nunca en silencio", Gabriel Ramírez.
La entrada a las tres salas es gratuita.