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jueves, 21 de febrero de 2019

“Roma” es lo mejor que le puede pasar a México en este momento

Escena de  “Roma”, de Alfonso Cuarón. Fotografía de Participant Media y Esperanto Filmoj 
Suelo ser cínica con los premios “a lo mejor” del cine. Mis favoritos para serlo son los Óscares.

No recuerdo qué edad tenía cuando comencé a sentir desencanto por los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, pero sí que lo primero que me hizo dudar de ellos como medida de calidad de un trabajo fílmico era el hábito de reconocer como mejores del año a producciones que perdían o que ni siquiera figuraban en las categorías de actor/actriz principal, guión, fotografía y —a mi juicio, lo más absurdo— dirección. ¿Pues entonces qué hace a una producción la mejor?

viernes, 3 de agosto de 2018

El Festival del Calor, cine y teatro que queman

De derecha a izquierda: Alfonso García Medina, Addy Téyer, Juan José Chacón,
Zaab'di Hernández y, semiocultos, Míriam Chi, Érick Silva y Marysol Ochoa,
elenco del Festival del Calor. Foto de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento


Noche de jueves. El Festival del Calor del colectivo Fábula Rasa se hace honor a sí mismo: la humedad aprieta y la temperatura agobia. Ya pasan de las 9 y aún no se autoriza al público a avanzar en fila para entrar.

Uno de los cuatro diseños de programa
Antes de que esto finalmente ocurra pienso en los papeles que tengo en la mano. ¿Cuándo fue la última vez que en un espectáculo me dieron a elegir entre varios diseños posibles de programa? ¿Cuándo, la última en que el boleto me hacía pensar en la figura de las antiguas entradas al cine?

Ya ingresamos al Olimpo, pero todavía no franqueamos la puerta de la videosala. Nos piden detenernos junto a la alfombra roja, donde Zaab’di Hernández, en el papel de conductor de la velada, y Addy Téyer, en el de Paloma León, su impulsora, reciben e informan al público de los objetivos del festival de cortometrajes y de menudencias que van revelando la personalidad de una actriz que resuena en clave de diva (“La alfombra roja no es para cualquiera”, sentencia).

Ahora sí, sentados y confortados por el clima artificial, el primer cortometraje comienza su proyección. “La piel del otro” (guión original de Conchi León) captura instantes de la vida cotidiana del yucateco que son impactados por el calor. ¿Cuándo fue la última vez que escuché en un escenario, en el cine, hablar con el acento de mi región sin que hubiera un afán de exageración o parodia?

Addy Téyer y Zaab'di Hernández. Fotografía de
la Dirección de Cultura del Ayuntamiento
Desde pequeña, dice Paloma/Addy, la protagonista, “aprendí que el calor lo descompone todo”: la cara, al enfrentarse al sudor de otros; la comida, el descanso… Pero hay un calor que le merece elogio: abrazada al enamorado, es aquél que “puede incendiar el cuerpo sin quemarlo”.

Una discrepancia entre Paloma y el ficticio autor del corto trae a escena a Luis “El Chino” Aznar (Alfonso García Medina) –una alusión al director artístico y realizador de todos los cortos del festival, Luis Ramírez Aznar–, quien a su vez termina enfrentado al creador del siguiente trabajo, Howard Puc (Érick Silva, también a cargo de la dirección de actores), un “artista conceptual” que adolece de todos los lugares comunes de su estirpe. Su corto “Frigorífico” (el autor verdadero es Saúl Enríquez) está más cerca del vídeo musical, con una única imagen que se repite –la de un refrigerador– sobre un fondo que cambia de color con los impulsos de la música electrónica.

“Tarjeta postal”, de Miguel Arrivilla (en realidad Edgar Chías), es el dulciamargo retrato de un aspirante a actor que rehúye de un destino como mesero.

Imagen del corto “Tarjeta postal”. La fotografía es de Fábula Rasa



“El cenote y la luna” lo presenta Agustín Canul (Juan José Chacón; el guión es de Goyo Carrillo) con una disculpa por las fallas técnicas, que se entienden por ser un trabajo en VHS de sus inicios, y la confesión de la misteriosa desaparición de un amigo de la infancia después del estreno. Al final del espectáculo decidiré que éste es el corto que más me ha gustado, porque me ha hecho sentir en un episodio de “Dimensión desconocida”.

Howard Puc (Érick Silva). Foto de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento
Socorro Loeza presta su piel a Felipa Ek, el personaje de la realizadora de “La ficción de Balam” (de David Gaitán). En vídeo envía un mensaje en maya sin subtitular, una manera de calzar al público con los zapatos de las comunidades indígenas, a las que se obliga a comprender el idioma mayoritario y no se les consiente ser entendidas en el suyo.

El corto es la historia de Balam, habitante de un municipio yucateco al que la oportunidad de trabajar en una película perturba la existencia. ¿Cuándo fue la última vez que los paisajes de mi Estado aparecieron en pantalla sin pasar antes por el filtro endulzado de la publicidad para el turismo?

El rodaje de “La ficción de Balam”. Foto de Fábula Rasa
A “Tenemos prisa” de María Canto Lazcano (Karla Franco; guión de Mario Cantú) le sirve de preámbulo una fallida entrevista en vídeo sin editar con “la Reygadas yucateca”, que con evidente exasperación afronta las preguntas de Zaab’di Hernández. “Reygadas es aburrido… y misógino”, responde cuando le piden opinar sobre las comparaciones con el cineasta mexicano.

Su historia, la de una chica a la que un desconocido le insiste por teléfono que “tenemos prisa”, es de las que bien podrían ocurrir en cualquier ciudad y con cualquier persona, pero, como los demás trabajos que se exhiben en el festival, sus actores y escenarios son identificables con Yucatán.

Marysol Ochoa y Míriam Chi. Foto: Dirección de Cultura del Ayuntamiento
La última proyección es la de “Combustión”, único documental de la cita, que requiere una lectura en vivo en voz de la mamá de Paloma León (Míriam Chi) y el performance de su autora Daniela Bolio (Marysol Ochoa; el guión es de Luis Alcocer), que pretende recrear el final de su tía y cineasta amateur Socorro Bolio, quien falleció consumida por las llamas de cintas inflamables.

El festival hace reír, y mucho, al público, para el que todavía hay una escena final deliciosamente ridícula.

Las luces se encienden y los espectadores comienzan a retirarse. Salgo a la calle y pienso en la ironía: la noche del Festival del Calor se ha puesto fresca.

* * *

La primera temporada del Festival del Calor, programa de cortometrajes enmarcado en una obra de teatro, tuvo funciones el 19, 20 y 21 y el 26, 27 y 28 de julio en la videosala del Centro Cultural Olimpo. En un siguiente ciclo se añadirán trabajos de cuatro dramaturgos más: José Ramón Enríquez, Noé Morales, Pilo Galindo y Richard Viqueira.

En su desarrollo también intervienen María José Pool, como asistente de producción, y Paz Gallegos, en la logística.

La propuesta se concretó con apoyo del Fondo Municipal para la Cultura y el Desarrollo Mérida 2017.

miércoles, 10 de febrero de 2016

“Spotlight”, una lección de Periodismo




Hay muchas razones por las cuales “En primera plana (Spotlight)” podría ser atractiva para los espectadores: el tema de la historia principal, el ritmo de la narración, el desempeño de los actores… Quienes trabajan en medios de comunicación, en específico periódicos, podrían añadir el interés de ver su día a día proyectado en el cuarto oscuro.

Pero son dos cosas por las cuales quien esto escribe le da especialmente las gracias a la película de Tom McCarthy.

Por sobre todo, le agradezco que se negara a hacer una representación estereotipada de los periodistas, a los que con frecuencia el cine atribuye cualidades que, si bien tienen algunos compañeros de oficio, no son la generalidad. Porque están lejos de ser mayoría los reporteros que son al mismo tiempo hiperactivos, inconscientes del peligro y agresivos e incluso groseros con sus entrevistados y que están dispuestos a ver conspiraciones detrás de cada boletín de prensa. En su lugar, McCarthy nos muestra a gente real, profesionales comprometidos con la calidad de su trabajo y que actúan en consecuencia, sin expresiones histéricas, voces graves ni poses de investigador que se sabe de antemano todas las respuestas. Incluso el personaje de Mike Rezendes que interpreta Mark Ruffalo y que es el más arrojado, por calificarlo de alguna manera, de los cuatro integrantes del equipo Spotlight de “The Boston Globe” se mueve entre los límites creíbles de una forma de ser más extrovertida.

Y dos, le doy gracias por no hacer de la figura de Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) un alegato cliché sobre lo difícil que es que se reconozca el trabajo de una mujer y las lecciones que todos reciben cuando finalmente le dan una oportunidad. De hecho, en toda la película no hay ninguna referencia de género; las personas son valoradas por su entrega y profesionalismo, por su respuesta a las exigencias del trabajo, no por su sexo. 

Por lo demás, es interesante comparar lo que se conoce con otra forma de organización del trabajo e instalaciones: la distribución de los escritorios, la ubicación del conmutador de la redacción, el espacio del propio edificio que funciona como tiendita y cocina, la operación del archivo histórico, su área de prensas...

Y es reconfortante comprobar con la experiencia de “The Boston Globe” que hay esperanza para la prensa en tiempos en que hace aguas el modelo de negocio: su tabla de salvación es hacer buen Periodismo. 

El elenco de “En primera plana” fue considerado el mejor de 2015 por el Sindicato de Actores de Estados Unidos. La cinta aspira a varios premios Óscar, entre ellos el de mejor película.



martes, 16 de septiembre de 2014

A comer

Guillaume Gallienne y... Guillaume Gallienne como su madre
y él mismo en "¡Chicos y Guillermo, a comer!"
Cuando terminó la proyección, me sorprendí de lo mucho que me reí y emocioné con la historia. Porque antes de entrar a ver “¡Chicos y Guillermo, a comer!” pensaba que la comedia, ganadora este año del César a la mejor película de Francia, tal vez tuviera un humor tan extranjero como su producción, que unas cuantas situaciones me darían risa y que tendría que esforzarme por identificarme con una manera de ver la vida muy diferente de la que hay en México.

Pero no fue así.

El filme, escrito, dirigido y protagonizado (en dos papeles) por Guillaume Gallienne, está hecho a partir de emociones muy básicas y universales, aun cuando están enmarcadas en un país, una sociedad, una cultura y un idioma ajenos a los nuestros: el amor a la familia, el temor a defraudarla en la toma de nuestras decisiones, el miedo al fracaso, la brecha entre cómo nos perciben y cómo somos. Y el humor con que Gallienne las expone es también global, pues echa mano de la confusión, el absurdo, el choque de contrarios, un poquitín de comedia física y apenas una pizca de escatología (la sesión en el spa en que lo atiende Ingeborg, una inesperada Diane Kruger).

Pero lo que hace tan efectiva a la cinta es que no es una fiesta de chistes sin más intención que provocar risa, sino que el humor es el medio que nos desmenuza, para que podamos digerirlo casi sin sentirlo, el drama del protagonista, que vive en conflicto desde la infancia porque su contexto le ha dicho que es alguien que en realidad no es (todos a su alrededor, y en algún tiempo también él, están convencidos de que es una “niña”) y ha llegado a la edad adulta inmaduro, miedoso, resentido y con una autoestima en nivel cero. Por esa razón entre los momentos humorísticos se colocan otros de seriedad y ternura en los que Guillaume se confronta y va tomando el control de su vida.

Ésta pudo resultar fácilmente una película de lugares comunes sensibleros, pero la historia de Gallienne impide que el espectador anticipe escenas o el final.


“¡Chicos y Guillermo, a comer!” se proyectó en Mérida con motivo del Tour de Cine Francés que promueven la Embajada de Francia en México y la Alianza Francesa en colaboración con Cinépolis y Conaculta, entre otras instituciones.

Bailando sevillanas en Gibraltar

lunes, 28 de julio de 2014

Fascinación por una mujer perdida



No es algo que se diga en voz alta, pero los aficionados a las novelas detectivescas, de suspenso y/o terror sabemos que estos libros son vistos como hermanos pequeños en la familia de la producción literaria: pueden ser interesantes, incluso sumamente interesantes, pero no tienen la madurez intelectual ni emocional de sus mayores, aquéllos centrados en los Grandes Temas Serios: la política, la economía, las tragedias humanas.

Gillian Flynn pudiera ayudar a que eso cambie.

La escritora estadounidense anotó el tercer jonrón de su carrera literaria con “Perdida (Gone Girl)”, publicada en 2012 y ya traducida al español (en Mérida se consigue en Gandhi la edición de Libros G a $159). Antes salieron a la luz “Heridas abiertas” y “Dark Places”.

Tan sólo la anécdota que da origen a la historia es suficiente para despertar nuestra curiosidad: una pareja joven atraviesa problemas personales y económicos a raíz de la pérdida por ambos de su empleo y la decisión del esposo de trasladarse de Nueva York, donde chico y chica vivían, a Missouri, el estado donde él nació. Una mañana, a todos los conflictos cotidianos se suma uno más: ella desaparece y deja detrás de sí una escena que delata violencia.

La novela está dividida en tres partes y contada a dos voces: la de Nick, el marido, y la de Amy, la esposa, de quien conocemos sus pensamientos por fragmentos de su diario. Gillian se toma su tiempo para exponernos el conflicto, no nos presenta la escena del crimen en el primer capítulo, pero hay que saber ser pacientes, porque una vez encaminado el lector se volverá adicto a la historia y sufrirá al tener que dejar la continuación para el día siguiente.

La estructura y sobre todo los numerosísimos giros de la trama nos hablan de una autora brillantemente astuta, capaz de imaginar y coordinar múltiples y continuos conflictos y resolverlos absolutamente todos, sin dejar ni un solo cabo suelto a lo largo de 559 páginas.

Y las sorpresas continúan hasta el final, que podrá o no gustar, pero del que en ningún momento se podrá decir que es predecible.

Pero esto no es lo que hace diferente a Gillian como autora de novela de suspenso. Sí lo hace que cuide en la misma medida la forma que el fondo de su obra. No solamente cuenta una historia envolvente, sino que además los capítulos (sobre todo aquéllos que corresponden al diario de Amy) están redactados con un tono literario, aquél de Hermano Mayor de Gran Tema Serio. Las novelas detectivescas (eso hay que admitírselo a los críticos) suelen mantener viva la curiosidad del lector con una elección de palabras utilitaria, pensada para revelar información suficiente para motivar a seguir leyendo, pero que poco explora la poesía del lenguaje y su capacidad para evocar sentimientos o ambientes. Gillian lo hace y por eso en “Perdida” afloran emociones al mismo tiempo que evidencia incriminatoria.

A todo esto hay que añadirle un aspecto que hace que “Perdida” hable de cerca a quien esto escribe: la pareja se desenvuelve en el medio periodístico y ha sido víctima del impacto de la crisis económica mundial de 2008 (gracias una vez más por nada Lehman Brothers...) y el avance de internet en las finanzas de los medios de comunicación. Hay continuas alusiones a la crisis -muy, muy fresca en nuestra memoria- y al perfil de los nuevos profesionales del periodismo. Nick describe a uno de los reporteros que se acercan a preguntarle por su esposa perdida como uno de aquéllos que hacen “preguntas inanes”, un “mal periodista mal pagado” porque las empresas ya despidieron a los que tenían experiencia.

“Perdida” ya fue convertida en película con Ben Affleck y Rosamund Pike en los papeles principales. Está previsto su estreno para el 3 de octubre. El director es David Fincher, el mismo de “Seven” y “La habitación del pánico”. Una producción obligada de ver, como la novela lo es de leer.
Ben Affleck en una imagen de promoción de la película
basada en la novela "Perdida" de Gillian Flynn






jueves, 10 de abril de 2014

"La gran belleza" llega a Mérida


La vocación con que nació el ciclo de cine de LA68 fue la de ser un espacio en Mérida para la proyección de documentales, el género en que se especializa Lorenzo Hagerman, propietario con su esposa Paula de la Casa de Cultura “Elena Poniatowska”. Con el tiempo se ha convertido también en una sala que ha acercado a los meridanos a largometrajes de ficción que en el mejor de los casos tardarían años en llegar a la ciudad.

En LA68 se han exhibido, antes de que lo hicieran en cines comerciales de Mérida, cintas como “Luz silenciosa”, que le mereció a Carlos Reygadas el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2007; “Heli”, por la que Amat Escalante ganó la Palma de Oro al mejor director en el mismo festival en 2013, y, este año, “De tal padre tal hijo” y “La vida de Adele”, la primera Premio del Jurado y la segunda Palma de Oro a la mejor película, ambas en Cannes 2013, y “La gran belleza”, que en marzo pasado se llevó el Óscar a la mejor película extranjera.

“La gran belleza”, del italiano Paolo Sorrentino, es una película larga (poco más de dos horas de duración) que no sigue la estructura “planteamiento, desarrollo, clímax, desenlace”, sino que se construye con microhistorias, bosquejos de la vida de Jep Gambardella, escritor de una sola novela, periodista, parrandero, mujeriego, cínico y proclive a la sonrisa. Una experiencia comparable a hojear un álbum de fotos en el que cada imagen tiene una historia particular; al final, aunque en apariencia inconexas entre sí, todas aportan la información que necesitamos para comprender al protagonista. Esta forma de narrar hace imposible anticipar las acciones de Jep y el momento del final, lo que después de 120 minutos puede producir cierta ansiedad.

Toni Servillo como Jep Gambardella

De ahí en fuera todo juega a favor de “La gran belleza”. Toni Servillo mezcla en Jep calidez, elegancia y humor; crea con maestría a un hombre que camina al borde del patetismo (a los 65 años sigue acostándose de madrugada porque de noche se va de fiesta o a recorrer la ciudad, se la pasa bebiendo y es aficionado al sexo) pero que está dotado de una gran sensibilidad y muchas emociones, que fluyen por el expresivo rostro del actor. Cuando a Jep le informan de la muerte de su gran amor de juventud algo le empieza a hacer ruido: se cuestiona el pasado, llora las pérdidas, busca significados. Pero el guión de Sorrentino y Umberto Contarello  no cae en la trampa de las películas edulcoloradas y moralistas en las que el protagonista, arrojado a los placeres mundanos, encuentra el verdadero sentido de su vida cuando casi la pierde de tan bajo que cae. Jep no va a rechazar las alegrías de la carne; va a volver al punto de partida, a su pueblo de origen, en busca de esa “gran belleza” a la que le dio la espalda y pensó encontrar en Roma.

Porque aquí la capital milenaria es la verdadera protagonista del filme, una metáfora de nuestros sueños de éxito, nuestras aspiraciones de grandeza personal y profesional a los que con el tiempo la realidad reduce o aniquila. Por eso el esmero con que Sorrentino nos muestra a Roma en escenas de gran belleza visual, como aquélla de tintes surrealistas en la que Jep visita de noche las termas de Caracalla, resaltadas por la iluminación artificial, y descubre una jirafa, y una en la que el escritor y su amiga Ramona hacen un paseo nocturno por las habitaciones que resguardan las obras de arte de los palacios.

Incluso las escenas de fiesta, con los invitados bailando frenéticamente, dan cuenta de esta estética, que en ocasiones se acompaña de una emoción intensa, como cuando una condesa venida a menos, que junto con su marido se “renta” como invitada a eventos sociales, entra fuera de horario a un palacio convertido en museo y se dirige a la sala que exhibe una cuna… su cuna. Ahí escucha la explicación que reciben los visitantes regulares: en ese lugar había nacido y vivido una infancia feliz, a pesar de que su madre había muerto joven; con los años, por problemas económicos, su padre tuvo que vender el palacio…

Además de ofrecer opciones de cine no comerciales, LA68 también cobra entradas por debajo del precio de las salas de cadena: 30 pesos el adulto, 15 pesos los estudiantes. La programación varía cada semana; en ésta, “La gran belleza” se va a proyectar nuevamente el sábado 12 a las 5 de la tarde.

lunes, 15 de julio de 2013

"Heli" y los golpes de pecho



Amat Escalante y Lorenzo Hagerman, director y fotógrafo
de "Heli", en la presentación especial de la película en LA68.


Me gusta creer que soy aficionada al cine de terror, pero hay películas que se encargan de desengañarme. He prometido con convicción que nunca veré “La masacre de Texas”¸”El juego del miedo” y “Hostel” ni terminaré de hacerlo con “Juegos divertidos” porque el tormento físico, como el que se practica contra personajes de esas películas, me produce una infelicidad que se prolonga más allá del tiempo que dura la cinta.

El propósito que Michael Haneke persigue con la violencia de “Juegos divertidos” no se relaciona con la intención recreativa de los filmes de Tobe Hooper, James Wan y Eli Roth, pero su efecto es el mismo, como también el que producen en mí las escenas de tortura en cintas sobre la guerra contra el terrorismo o el narcotráfico.

Se entenderá entonces el recelo con que comencé a ver “Heli” en la primera de las dos funciones especiales que su director, Amat Escalante, presentó durante una visita especial a Mérida para inaugurar la Sala Maravilla de LA68 Casa de Cultura “Elena Poniatowska” el jueves 4 de julio. Desde su estreno, y el triunfo de Amat, en Cannes las críticas a la película se han centrado en la crudeza con que retrata el impacto de la guerra contra el narco en las familias mexicanas, que muestra sin consideración con los estómagos sensibles la tortura a un militar, la agresión a animales y las vejaciones en el entrenamiento a soldados.

Tienen razón quienes dicen que “Heli” es dura y violenta. Deja una sensación de profunda tristeza ser testigo de actos de barbarie contra personas que sólo están en el lugar y el momento equivocados y no disponer de los medios para acabar con la opresión que viven. Pero a medida que avanzaba la película y me enfrentaba a las escenas de las que tanto se habla me nacía un sentimiento de incredulidad: ¿Éste es el grado de violencia que ha llevado a espectadores y críticos a salirse de las salas porque piensan que "ya es demasiado"? Porque “Heli”, a pesar de sus imágenes crudas, no es ni una fracción de lo gráficamente violenta que es cualquiera de las películas de Quentin Tarantino ni muestra más muertes ni destrucción que las que hay en éxitos del sistema, como “El hombre de acero” y “Guerra Mundial Z”. Es sólo que “Heli” no recurre a la violencia como instrumento de diversión ni nos conforta con la idea de que lo que vemos es una ficción (de hecho, Amat dice que la agresión al militar y el entrenamiento de los soldados son tomados de vídeos reales).

Si hubiera querido, el director podría haber hecho a su película más dura, pues están documentadas prácticas mucho más crueles para causar dolor (ahí están las descripciones de Mario Vargas Llosa sobre cómo actuaba la policía de los Trujillo en “La fiesta del chivo” y de Eduardo Galeano sobre la represión de la dictadura en Uruguay).

Más atención habría que ponerle al estilo narrativo de Amat, de ritmo pausado, escenas largas, muchas en silencio y no todas necesariamente relacionadas con el desarrollo del conflicto, una forma de contar historias que choca con la manera con que estamos acostumbrados a ver cine, de estímulos continuos “para que no se aburra el espectador”. En lo personal me gustaría más que “Heli” motivara una discusión sobre el valor de los lenguajes no mayoritarios del cine y no una condena mojigata a su retrato de la realidad.


La película llegará el 9 de agosto a las salas de cine comerciales.

Amat Escalante y Lorenzo Hagerman.


lunes, 18 de marzo de 2013

Estaba un día el Santos en Mérida cuando...



Jis y Trino en LA68, el domingo 10 de marzo.

Cuando LA68 Casa de Cultura “Elena Poniatowska” anunció que Jis y Trino la visitarían el domingo 10 para presentar “El Santos vs la Tetona Mendoza” pensé que se trataría de una conversación informal sobre el proceso de realización de la película o de una suerte de “A platicar a su casa”, el programa del fallecido canal Ponchivisión en que Andrés Bustamante y el propio Trino simulaban ir al cine a ver alguna gloria de la filmografía nacional, por ejemplo una del Santo (el de carne y hueso), y se pasaban el tiempo haciendo comentarios sarcásticos.

Finalmente fue una proyección como las habituales del centro cultural pero antes y después hubo intervenciones de los moneros, que estaban en Mérida para participar en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán.

La invitación a la proyección gratuita tuvo más interesados que número de asientos; media hora antes del inicio (a las 8 p.m.) ya se habían ocupado todas las sillas mientras afuera 60 personas esperaban entrar sin conseguirlo, según se escuchó decir a la propietaria. Ya hubieran querido Jis y Trino el entusiasmo de esa audiencia para la exhibición de su película en las salas comerciales, pues le hubiera garantizado mejores resultados en sus seis semanas en cartelera.

Trino dijo que entre las razones que les dieron para el escaso éxito en taquilla estuvo que la película era demasiado guarra y sus chistes estaban pensados para los varones, pero el monero consideró que esto no es cierto. Una dama del público le dijo que coincidía con él porque las bromas eran comprensibles por todos.

No sé si el género sea en verdad un factor determinante, de lo que estoy convencida es que hay que tener un tipo específico de sentido del humor para reírse de todas las bromas que “El Santos vs la Tetona Mendoza” hace una tras otra a lo largo de una hora y media. Reí de buena gana cuando el Santos y el Cabo son llevados, atados, hacia el barranco por los zombies de Sahuayo que siguen hipnotizados la música de la Rondalla de Saltillo, la única capaz de atraerlos de esa manera, y cuando el luchador y el Peyote se entrenan con el tema de “Rocky” de fondo. Pero la historia está llena de bromas escatológicas y desviaciones a otras historias que en un momento me hicieron pensar que estaría muy bien que ya terminara.

Tal vez si la película la hubieran estrenado hace unos 20 años, cuando la irreverencia de la historieta extendía los límites de la libertad de expresión en la prensa mexicana, otro sentimiento habría animado a ir a verla al cine; pero en una época en que esa actitud se multiplica en los medios el humor de la cinta no tiene el aura de revolucionario que caracterizaba en su origen al Santos y la Tetona Mendoza.

Pero la proyección valió la pena por la oportunidad de ver, y sobre todo escuchar, la colaboración de los artistas que prestaron su voz a los personajes (Daniel Giménez Cacho, Regina Orozco, Guillermo del Toro, Andrés Bustamante, José María Yazpik, Julieta Venegas, Benny Ibarra, Ely Guerra, Moderatto…) y de conocer y reír con los comentarios de dos iconos de la monería en México.


Jis y Trino en LA68 (estas dos fotografías son de Leslie Santos Bonilla).

jueves, 14 de febrero de 2013

Vito Corleone no es (sólo) una pizzería en la Alemán


Siento una satisfacción perversa cuando el público le da la vuelta a las fórmulas comerciales. Cuando alguien dice que "la industria editorial está en crisis: los niños no leen"  y J.K. Rowling se convierte en la mujer más rica del mundo gracias a las historias de Harry Potter, el maguito que fue presentado a los niños en libros impresos de 400 páginas sin "figuritas". O como cuando por ahí aseguran que "el cine está en crisis: ahora para que una película interese tiene que ser en 3D" y se programan funciones de "El Padrino" que se llenan de espectadores veteranos y también veinte y treintañeros…

¿Qué tiene esta película de 40 años de edad y tres horas de duración que, sin más efectos especiales que los que hacen el maquillaje y la utilería y estar disponible desde hace mucho tiempo en televisión y formatos digitales, ha llevado a los meridanos a pagar por verla de nuevo en el cine en proyecciones especiales por el aniversario de su estreno (en marzo de 1972)?

Tal vez algo muy sencillo que mercadólogos, publicistas y empresarios con frecuencia parecen obviar cuando lanzan un producto a la conquista del mundo: que lo bueno es irresistible.


En una proyección esta semana de la película en Cinépolis de Plaza Las Américas, donde debía exhibirse hasta el miércoles 13 pero que por la respuesta del público lo hará hasta el jueves 21, la sala se vio llena en tres cuartos de su capacidad por espectadores que parecían tener edad suficiente como para haberla visto el año de su estreno y por otros que quizá la primera ocasión que escucharon mencionar a Vito Corleone fue en relación con la pizzería de ese nombre en la avenida Alemán y con el tiempo descubrieron al personaje.

No importó que se conociera bien la historia, que la forma de hablar y los modos de Don Corleone se hayan repetido y parodiado hasta el aburrimiento, que la imagen del Padrino escuchando al oído la solicitud de Bonasera se haya reproducido hasta el desgaste: el momento en que por primera vez se vio de frente a Marlon Brando fue electrizante y motivó alguna conmoción en un espectador cercano. ¿Quién puede culparlo? Era tal su aura de artista y la huella que dejaba en sus interpretaciones que no habiendo aparecido ni siquiera en la mitad de las escenas de “El Padrino” es este actor y su personaje los que definen la película.


Pero aun con Brando (y la música de Nino Rota y la dirección de Francis Ford Coppola y...) la cinta quizá no hubiera llegado tan lejos sin una historia que no por ubicarse en la década de 1940, tratar de inmigrantes italianos y abundar en violencia no se puede relacionar con el público anónimo que la observa, porque qué hay más común a la naturaleza del hombre universal que el deseo de respeto, de poseer más, de proteger a los suyos, de lograr sus propósitos por cualquier medio y, después de todo esto, disfrutar la tranquilidad y la seguridad de lo que tiene a bien llamar hogar.

A los mexicanos del siglo XXI “El Padrino” nos puede parecer muy actual con su lucha por el dominio de negocios ilícitos que entonces se llamaban licor y juego y ahora, narcotráfico o rutas de inmigrantes. Qué irónica resulta para nuestra época la opinión de Don Corleone de no participar en la distribución de droga por sus daños para el individuo y la sociedad, y su ofrecimiento de no vengar la muerte de su hijo con tal de que se detuvieran los asesinatos entre las familias. Ah sí, un grandísimo hijo de puta con corazón de oro.



viernes, 1 de febrero de 2013

Ambulantes entran al cine


Evelia solloza cuando recuerda la vez que le preguntaron: “¿De qué te sirvió ser el mejor promedio del Cecyt?”. Su historia pudo ser una de superación, la de una chica de escasos recursos de Felipe Carrillo Puerto (en el municipio de Champotón, Campeche) que llegó lejos después de graduarse como la estudiante más avanzada de la clase de Laboratorista en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos.

Pero hoy Evelia trabaja en una papelería de su comunidad. Su deseo de continuar su formación no llegó lejos, ni siquiera a la cabecera municipal
-donde veía más viable seguir estudiando-, porque no podía cubrir la inversión en pasajes, la renta de una habitación, la comida, el material escolar… Así que se quedó en Carrillo Puerto, donde aún confía en que le llegará la oportunidad de seguir preparándose.

Evelia es una de las personas a las que sigue la cámara de “De tres… uno”, documental realizado por participantes en la primera edición de los talleres Ambulante Más Allá, proyecto de capacitación de nuevos realizadores en el género. Intencionalmente se procuró que los beneficiarios fueran habitantes de zonas alejadas de las capitales en Yucatán, Campeche y Chiapas.

Por iniciativa de los yucatecos que integran la primera generación de Ambulante Más Allá los documentales se están exhibiendo en la Cineteca “Manuel Barbachano Ponce” del Teatro Armando Manzanero. Anteanoche se proyectaron dos trabajos de Campeche: “El futuro en nuestras manos” y “De tres… uno”. Este último evidencia la desconexión de las políticas educativas con la realidad del país al ofrecerse títulos técnicos en Informática, Físico Matemático y  Laboratorista a jóvenes que viven en comunidades rurales, donde la supervivencia está ligada al campo. Los propios estudiantes se cuestionan los beneficios de estudiar el bachillerato técnico en esas especialidades si en su comunidad no tendrán oportunidad de ejercerlas. Uno incluso recuerda que del campo sí se puede vivir, siempre y cuando se sepa trabajar.

"De tres... uno" (foto de Ambulante Más Allá).
El título del documental, que dirige Eloi Chávez, alude al seguimiento de tres casos:  Evelia, Andrés, quien abandonó el Cecyt para ayudar a su papá, y Tony, a quien parece sonreírle el éxito académico, lo que no le impide ser crítico del sistema.  La presentación de los testimonios es fluida y hábil para atrapar el interés del espectador. Una escena en particular me pareció reveladora y visualmente hermosa: cuando los estudiantes en uniforme caminan frente a la cámara y al fondo se ven modestas casas en un camino de terracería.

A diferencia de “De tres… uno”, que  dura 29 minutos, “El futuro en nuestras manos”, dirigido por Sara Oliveros, es un documental breve, de sólo ocho, lo que se comprende por su formato, que exige del espectador un esfuerzo de concentración: transcurre en “silencio”, los únicos sonidos son las risas y escasas palabras que se dicen los protagonistas entre ellos y las voces de la selva de Calakmul. No se necesita más para acompañar las imágenes, chocantes y violentas al exponer la contaminación de la zona -que tiene estatus de reserva de la biosfera- y el devenir de tres niños que sobreviven pepenando en el basurero municipal de Xpujil.  Qué escandaloso es ver al camión de la basura expulsando sus desechos en el tiradero, una remisión al acto de defecar, lo que no está muy lejos de ser cierto.

Al final de las proyecciones de anteayer se escucharon comentarios de José Luis Domínguez Castro (en vídeo) y el cineasta Óscar Urrutia, quien elogió la producción y efectividad de los documentales. Se informó que los trabajos de Ambulante Más Allá se proyectarán de nuevo el 10 de marzo en la sala 6 del Centro de Convenciones Siglo XXI, en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán.

"El futuro en nuestras manos" (foto de
Ambulante Más Allá).