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jueves, 9 de julio de 2015

Un yucateco en la Segunda Guerra Mundial


Portada de "El nido del cuervo",
de Iván Espadas Sosa

Cuando llevaba leído un par de párrafos, pensé que a “El nido del cuervo” había que agradecerle la osadía de ser una novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

No sé si ustedes tienen esa percepción, pero a mí me parece que el lugar de nacimiento o residencia llega a actuar como camisa de fuerza para los creadores artísticos. ¿Naciste en Yucatán?, entonces se espera que escribas, pintes o cantes sobre la cultura maya, las costumbres de tu tierra o lo pintoresco de sus paisajes. ¿Naciste en México?, entonces te corresponde hablar del narcotráfico, los fraudes electorales, los cinturones de pobreza… Y si vas a abordar temas más universales, digamos las relaciones de pareja o en una familia, entonces tienes que usar como trasfondo la Revolución, la Guerra de Castas, el auge de la industria henequenera...

Así que encontrarme con una historia situada en la Francia recién liberada de los nazis me hizo preguntarme: ¿Por qué un yucateco sin relación directa con el conflicto escribiría una novela sobre la Segunda Guerra Mundial? “Oye, pues ¡muchas gracias!”, fue mi respuesta; “porque demuestras que la inspiración no admite que se le aten las manos".

Si el autor es responsable, ubicar el relato en un contexto geográfico, temporal y cultural ajenos al propio llega a exigir más compromiso que elegir un tema, unas circunstancias y una época más cercanos, pues lo obliga a documentarse abundamente para que la ficción salga adelante en un marco creíble y porque no le da la posibilidad de echar mano de personajes, anécdotas, ideas e imágenes que conoce desde la infancia.


No es lo único por lo que le di las gracias a Iván al leer su novela. También lo hice porque:


  • A pesar de que elige a la Segunda Guerra Mundial como marco, no sitúa la historia en los escenarios más comunes del conflicto, como los campos de concentración, el ataque a Pearl Harbor o el desembarco a Normandía. En su lugar elige para arrancar la acción a la Batalla de las Ardenas, un enfrentamiento ocurrido en diciembre de 1944 y enero de 1945 en Bélgica que causó numerosas bajas en el ejército aliado aunque terminó en la derrota alemana, y la masacre de Malmedy, que se dio durante esta batalla y en la que los prisioneros de guerra estadounidenses fueron ejecutados, en una violación a la Convención de Ginebra. Además, elige como principal nazi a vencer no a Joseph Goebbels, Rudolf Hess, Hermann Goering o el propio Adolf Hitler, sino al mucho menos mencionado Joachim Peiper, oficial de las Waffen SS responsable de la masacre de Malmedy.


  • Es una novela de aventuras en la que la acción transcurre con agilidad, incluso en los momentos introspectivos.

  • Hay un juego de tiempos: se intercalan hechos de 1944-1945 con otros de 1939 y 1941.


  • Hay también un juego de voces en la narración: predomina el uso de la tercera persona (voz en off), pero por ejemplo en el capítulo 5 el narrador se dirige en primera persona a Joachim Peiper para relatarnos la crueldad del militar.


  • El respeto por los hechos históricos no le impide tomarse una licencia artística para hacer que pague quien debe…


  • La estructura de la novela hace un círculo y lo cierra.


  • Por frases como: “Un cuervo revoloteó al interior de una campana cargada de grietas y siglos”, “Se tensó en un fatal abrazo con el metal del gatillo”, “¿Por qué la guerra no era como la describían los que nunca habían estado en ella?”, “No sé si murió como héroe, aún no sé cómo mueren los héroes”, “Sabía que la oportunidad de salir con vida se reducía a los milímetros que mide un inexistente milagro”...


(Texto leído en la presentación de la novela, de Iván Espadas Sosa, el viernes 3 de julio de 2015 en el Centro Cultural "José Martí" de Mérida)

lunes, 16 de marzo de 2015

A eso sabe Jis



Carlos Peniche Ponce y Jis, el 7 de marzo en la Filey


Sin Trino, Jis parece la mitad de sí mismo. No es que le falte humor ni irreverencia, pero hay algo en la fuga de verbo de Trino que complementa a su compañero en las lides de la monería. Pero en estos días Jis anda solo con “Sexo. A eso sabe la Reina”, su más reciente libro, en el que repasa con humor -¿tendría otra manera de hacerlo?- ese tema tan de moda desde el amanecer de la humanidad.

La presentación del libro (editorial Sexto Piso) fue una de las excusas para invitarlo un año más a la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), que ya le tomó gusto a las mesas de dibujantes-comediantes y registró a Jis también en una, al lado de Rius. Este año, aunque su nombre aparecía en el programa, no asistió Trino.

Para ser el cocreador de personajes que en sus inicios vivieron pegados a las paredes de la censura en parte por sus alusiones sexuales, el tema parece resultar demasiado a Jis: él mismo se define como “un molusco” en este campo, desconocedor y temeroso de sus aspectos desde adolescente, avergonzado de todo lo personal que está quedando expuesto en la promoción de la publicación, un confundido confeso del espacio que limita lo erótico y lo pornográfico, y un ignorante del contenido del título en tendencia en la materia, “50 sombras de Grey”.

Pero confía en que el tabú prevalente que envuelve a la sexualidad en México convierta a su libro en un oscuro objeto de deseo y se traduzca en exitosas ventas. Bromea. ¿O no?

Como presentador de su libro, el primer sábado de la Filey (el 7 de marzo), Jis tuvo a Carlos Peniche Ponce, quien comenzó su participación revelando sus vínculos familiares con Jis y, por tanto, los de éste con Yucatán. Buena onda.

“Sexo. A eso sabe la Reina” se vende en dos presentaciones: rústica, a $260, y de tela, a $400.






lunes, 28 de julio de 2014

Fascinación por una mujer perdida



No es algo que se diga en voz alta, pero los aficionados a las novelas detectivescas, de suspenso y/o terror sabemos que estos libros son vistos como hermanos pequeños en la familia de la producción literaria: pueden ser interesantes, incluso sumamente interesantes, pero no tienen la madurez intelectual ni emocional de sus mayores, aquéllos centrados en los Grandes Temas Serios: la política, la economía, las tragedias humanas.

Gillian Flynn pudiera ayudar a que eso cambie.

La escritora estadounidense anotó el tercer jonrón de su carrera literaria con “Perdida (Gone Girl)”, publicada en 2012 y ya traducida al español (en Mérida se consigue en Gandhi la edición de Libros G a $159). Antes salieron a la luz “Heridas abiertas” y “Dark Places”.

Tan sólo la anécdota que da origen a la historia es suficiente para despertar nuestra curiosidad: una pareja joven atraviesa problemas personales y económicos a raíz de la pérdida por ambos de su empleo y la decisión del esposo de trasladarse de Nueva York, donde chico y chica vivían, a Missouri, el estado donde él nació. Una mañana, a todos los conflictos cotidianos se suma uno más: ella desaparece y deja detrás de sí una escena que delata violencia.

La novela está dividida en tres partes y contada a dos voces: la de Nick, el marido, y la de Amy, la esposa, de quien conocemos sus pensamientos por fragmentos de su diario. Gillian se toma su tiempo para exponernos el conflicto, no nos presenta la escena del crimen en el primer capítulo, pero hay que saber ser pacientes, porque una vez encaminado el lector se volverá adicto a la historia y sufrirá al tener que dejar la continuación para el día siguiente.

La estructura y sobre todo los numerosísimos giros de la trama nos hablan de una autora brillantemente astuta, capaz de imaginar y coordinar múltiples y continuos conflictos y resolverlos absolutamente todos, sin dejar ni un solo cabo suelto a lo largo de 559 páginas.

Y las sorpresas continúan hasta el final, que podrá o no gustar, pero del que en ningún momento se podrá decir que es predecible.

Pero esto no es lo que hace diferente a Gillian como autora de novela de suspenso. Sí lo hace que cuide en la misma medida la forma que el fondo de su obra. No solamente cuenta una historia envolvente, sino que además los capítulos (sobre todo aquéllos que corresponden al diario de Amy) están redactados con un tono literario, aquél de Hermano Mayor de Gran Tema Serio. Las novelas detectivescas (eso hay que admitírselo a los críticos) suelen mantener viva la curiosidad del lector con una elección de palabras utilitaria, pensada para revelar información suficiente para motivar a seguir leyendo, pero que poco explora la poesía del lenguaje y su capacidad para evocar sentimientos o ambientes. Gillian lo hace y por eso en “Perdida” afloran emociones al mismo tiempo que evidencia incriminatoria.

A todo esto hay que añadirle un aspecto que hace que “Perdida” hable de cerca a quien esto escribe: la pareja se desenvuelve en el medio periodístico y ha sido víctima del impacto de la crisis económica mundial de 2008 (gracias una vez más por nada Lehman Brothers...) y el avance de internet en las finanzas de los medios de comunicación. Hay continuas alusiones a la crisis -muy, muy fresca en nuestra memoria- y al perfil de los nuevos profesionales del periodismo. Nick describe a uno de los reporteros que se acercan a preguntarle por su esposa perdida como uno de aquéllos que hacen “preguntas inanes”, un “mal periodista mal pagado” porque las empresas ya despidieron a los que tenían experiencia.

“Perdida” ya fue convertida en película con Ben Affleck y Rosamund Pike en los papeles principales. Está previsto su estreno para el 3 de octubre. El director es David Fincher, el mismo de “Seven” y “La habitación del pánico”. Una producción obligada de ver, como la novela lo es de leer.
Ben Affleck en una imagen de promoción de la película
basada en la novela "Perdida" de Gillian Flynn






lunes, 24 de marzo de 2014

Cero y ya van tres

Trino en la presentación de su libro "¡Viva la familia!...
pero bien lejos" en el salón Progreso del Siglo XXI
Ha pasado una edición más de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) y con ella la oportunidad de hacernos de algunos títulos que no son los más comunes de ver en los estantes de las librerías de la ciudad.

Además, en la feria de este año, que en su jornada inaugural nos dio la oportunidad de reír con el dicharache de Trino (él dice que en Yucatán tenemos poca memoria porque insistimos en invitarlo para que nos diga las mismas cosas de siempre, que le seguimos celebrando), quedó resuelta una duda surgida en la primera edición: ¿por qué los libros están tan caros?

Tal vez la respuesta del responsable del módulo de Ediciones Era no represente la de todos los expositores, pero al menos arrojó un poco de luz a la cuestión del precio de los títulos. Este chico, a todas luces conocedor –y me atrevería a decir también apasionado- de su oficio (incluso recitó de memoria un párrafo de “Memoria del fuego” de Eduardo Galeano) no se arredró cuando la desconocida le dijo: “¿Te puedo hacer una pregunta y no te molestas? ¿Por qué tus libros son tan caros?”.

Entonces explicó: Era es una editorial pequeña que no puede competir con otras como Santillana, que “incluso publican libros de superación personal” (alusión directa a Yordi Rosado). Y sí, en el módulo no había títulos para reprocharle a la editorial: traía consigo numerosos de José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Juan García Ponce, Elena Poniatowska, Carlos Monsivais, Juan Gelman y otros más que, como él mismo dijo, no estaban a la vista porque no alcanzaban en el módulo. Un espacio (el de dimensiones promedio de los expositores) por el que  pagaron 10 mil pesos, una inversión a la que había que añadir gastos de alimentación y traslado desde su ciudad de origen y en Mérida, porque la organización de la feria sólo costeaba el hotel y la mitad del pasaje de avión.

Pero en lo que hizo especial énfasis fue en el tipo de obras por las que apuesta la editorial y la cuidada calidad y traducción de las ediciones, un trabajo que requiere dinero y que contrasta con el que hacen sellos como Tomo y Leyenda, que en sus módulos ofrecían obras a 30 y 35 pesos. Puedo dar fe de esto: tengo una edición de “Cumbres borrascosas”  de Tomo en la que el personaje de Catherine es llamado en toda la obra “Catita” (por Cathy).


Una vez resuelto parte del misterio del precio de los libros, en una siguiente edición habrá que averiguar por qué en una feria de la lectura hay módulos de maquillaje, zapatos y bisutería…

martes, 27 de agosto de 2013

"Los malditos"




Los hombros vencidos son la señal de que el cuerpo ya exige su cuota de sueño. Pasan de las 12. Hago memoria y concluyo que llevo dos horas y media de lectura, interrumpida sólo ocasionalmente para ir al refrigerador a rellenar el vaso de refresco.

No es común que esto me ocurra. Pero “Los malditos” tampoco es un libro común. Si no me lo tomé de un sorbo fue por aquello de la necesidad de dormir e ir a trabajar.

No pasó mucho tiempo entre que Random House Mondadori  anunciara el lanzamiento y el libro estuviera disponible en Mérida para que también los lectores del Sureste atisbaran, a través de las palabras del reportero Jesús Lemus, la experiencia de ser uno de los internos de la cárcel federal de Puente Grande, Jalisco. Un interno inocente.

Si aceptamos como verdadero todo lo que se relata en el libro, “Los malditos” es un documento excepcional porque, más allá de ser una narración costumbrista de la dureza (por la agresividad y la humillación con que se trata a los reos) de la vida en una prisión de máxima seguridad, es un compendio de datos y opiniones de algunas de las personas que en los últimos 25 años han golpeado fuertemente con sus crímenes a la sociedad mexicana.

Lemus dice que su condición de reportero lo ayudó a sobrevivir a la experiencia, al invitarlo a imaginar cómo sería redactar notas con la información recogida cada día. Y de haber llegado a las páginas de “El Tiempo”, el periódico del que era editor general y desde el que denunció prácticas de los gobiernos federal y de Michoacán ­–que le valió la acusación de pertenecer a una célula criminal de ese estado­–, el material tal vez hubiera causado una conmoción mayor a la que ahora está produciendo el libro, que se debe abrir camino entre quienes quieren y pueden pagar los 249 pesos que, por ejemplo, cuesta en Gandhi.

Quienes alguna vez hayan tenido que hacer una entrevista sabrán que, por muy extrovertida y cómoda que se muestre la persona con la que se habla, la grabadora y la libreta imponen y esto sesga la información. Como interno de Puente Grande, Lemus tuvo el “privilegio” de dialogar al tú por tú con aquéllos que integran lo que Noé Hernández “El Gato”, uno de sus vecinos de celda, llamaba la “selección nacional de la delincuencia”. Y no se quedó con las ganas de preguntarle a Mario Aburto si en verdad le había disparado a Luis Donaldo Colosio, a Daniel Arizmendi “El Mochaorejas” si está arrepentido de lo que hizo, a Daniel Aguilar Treviño cuáles fueron los motivos de que atentara contra José Francisco Ruiz Massieu, y a “El Gato” qué hay de verdad en que “El Chapo” Guzmán escapó  de Puente Grande en un carrito de lavandería.

Del mismo Rafael Caro Quintero, quien ha vuelto a los titulares por su liberación, apenas el 9 de agosto pasado, Lemus asegura que se ganó su confianza para charlar de cuando en cuando con él. Aunque no dice que haya intentado cuestionarlo sobre el crimen por el que fue encarcelado  –el homicidio de Enrique Camarena–, pues Caro Quintero no es persona sociable y nunca habla de temas del narco (sus preferidos son la política y la historia de México), sí se atrevió a preguntarle si era verdad que ofreció pagar la deuda externa a cambio de que lo dejaran “trabajar”, si sentía miedo y qué opinaba de los corridos que se han escrito sobre él.

La conversación con Caro Quintero tiene especial relevancia porque durante el tiempo de su encierro (en ese entonces 24 años) se dedicó a rechazar solicitudes de entrevistas que recibió del exterior.

Lemus explica que sus apuntes los fue escribiendo en papel de baño con una punta de lápiz que alguien compasivo le regaló. No especifica si esto ocurrió cuando aún estaba en el Centro de Observación y Clasificación, la primera escala que los internos hacen apenas entran a Puente Grande y donde el periodista permaneció recluido unos seis meses, totalmente desnudo, para evitar que conservara objetos que  se convirtieran en armas con las cuales atentara contra su vida. Si la transcripción de las charlas que sostuvo con otros reos en esta área la hizo después, cuando fue enviado al módulo de población, y apelando a su memoria, esto explicaría por qué algunas declaraciones se escuchan demasiado bien formuladas para provenir de personas que no tienen un alto nivel académico ni social.


El final del libro, con la narración de la liberación de Lemus por falta de pruebas, ofrece apenas un cuadrito de luz a un relato oscurecido por la violencia de los criminales y la pretendida mano correctiva del gobierno.

lunes, 18 de marzo de 2013

Estaba un día el Santos en Mérida cuando...



Jis y Trino en LA68, el domingo 10 de marzo.

Cuando LA68 Casa de Cultura “Elena Poniatowska” anunció que Jis y Trino la visitarían el domingo 10 para presentar “El Santos vs la Tetona Mendoza” pensé que se trataría de una conversación informal sobre el proceso de realización de la película o de una suerte de “A platicar a su casa”, el programa del fallecido canal Ponchivisión en que Andrés Bustamante y el propio Trino simulaban ir al cine a ver alguna gloria de la filmografía nacional, por ejemplo una del Santo (el de carne y hueso), y se pasaban el tiempo haciendo comentarios sarcásticos.

Finalmente fue una proyección como las habituales del centro cultural pero antes y después hubo intervenciones de los moneros, que estaban en Mérida para participar en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán.

La invitación a la proyección gratuita tuvo más interesados que número de asientos; media hora antes del inicio (a las 8 p.m.) ya se habían ocupado todas las sillas mientras afuera 60 personas esperaban entrar sin conseguirlo, según se escuchó decir a la propietaria. Ya hubieran querido Jis y Trino el entusiasmo de esa audiencia para la exhibición de su película en las salas comerciales, pues le hubiera garantizado mejores resultados en sus seis semanas en cartelera.

Trino dijo que entre las razones que les dieron para el escaso éxito en taquilla estuvo que la película era demasiado guarra y sus chistes estaban pensados para los varones, pero el monero consideró que esto no es cierto. Una dama del público le dijo que coincidía con él porque las bromas eran comprensibles por todos.

No sé si el género sea en verdad un factor determinante, de lo que estoy convencida es que hay que tener un tipo específico de sentido del humor para reírse de todas las bromas que “El Santos vs la Tetona Mendoza” hace una tras otra a lo largo de una hora y media. Reí de buena gana cuando el Santos y el Cabo son llevados, atados, hacia el barranco por los zombies de Sahuayo que siguen hipnotizados la música de la Rondalla de Saltillo, la única capaz de atraerlos de esa manera, y cuando el luchador y el Peyote se entrenan con el tema de “Rocky” de fondo. Pero la historia está llena de bromas escatológicas y desviaciones a otras historias que en un momento me hicieron pensar que estaría muy bien que ya terminara.

Tal vez si la película la hubieran estrenado hace unos 20 años, cuando la irreverencia de la historieta extendía los límites de la libertad de expresión en la prensa mexicana, otro sentimiento habría animado a ir a verla al cine; pero en una época en que esa actitud se multiplica en los medios el humor de la cinta no tiene el aura de revolucionario que caracterizaba en su origen al Santos y la Tetona Mendoza.

Pero la proyección valió la pena por la oportunidad de ver, y sobre todo escuchar, la colaboración de los artistas que prestaron su voz a los personajes (Daniel Giménez Cacho, Regina Orozco, Guillermo del Toro, Andrés Bustamante, José María Yazpik, Julieta Venegas, Benny Ibarra, Ely Guerra, Moderatto…) y de conocer y reír con los comentarios de dos iconos de la monería en México.


Jis y Trino en LA68 (estas dos fotografías son de Leslie Santos Bonilla).

lunes, 11 de marzo de 2013

Una opinión de la Filey 2013


Cuando en 2012 se creó la Feria Internacional de la Lectura Yucatán agradecí la distancia que este evento tomaba de las existentes muestras municipales de libros, ya predecibles y poco atractivas por la repetida presencia de librerías locales, la escasa oferta de literatura contemporánea de autores mexicanos y extranjeros  y la preferencia de algunos expositores de atraer compradores con artículos recreativos  en lugar de libros.

La Filey está aún lejos de tener el prestigio de la feria de Guadalajara, pero al menos está dando los pasos para ampliar el concepto de “feria del libro” que conocemos los yucatecos.

En una rápida visita a la Filey 2013 en su jornada inaugural, el sábado 9, éstas fueron algunas ideas que me vinieron a la mente:

* Este año hay más expositores, aunque quienes busquen las novedades de autores contemporáneos de proyección nacional e internacional terminarán encontrándolas principalmente en los módulos de Santillana, Tusquets, Planeta y Random House Mondadori.

Aunque en la publicidad de la Filey se destaca la posibilidad de encontrar libros “a precios de promoción”, la realidad es que los títulos anteriores se venden a precios similares a los que durante todo el año se encuentran en las librerías locales. Así que no es la “accesibilidad” de estos libros el verdadero atractivo de la feria, sino la variedad de autores y títulos de un mismo escritor. En Random House Mondadori encontré unos ocho títulos, la mayoría poco frecuentes de hallar en Mérida, de uno de mis escritores favoritos. El precio promedio de cada uno supera los 200 pesos. No dudo que sea una cantidad justa por la obra de alguien con una prosa vibrante, pero mi bolsillo me impide llevármelos de a montón. Cuando llegué a la caja le pregunté a la empleada por la venta nocturna en que se rematan libros. Me dijo muy educadamente que esa noche habría más títulos en la sección de promociones, pero en general los precios en el módulo se mantendrían como estaban. Traducción: ni lo sueñes.

Sin embargo, en la Filey sí se pueden encontrar buenos libros a precios casi de regalo: obras de reconocidos autores de otras épocas, incluso algunas de venta no común en la ciudad. El Fondo de Cultura Económica tiene en su colección Fondo 2000 títulos que podrían sorprender. Aquí encontré las “Cartas de un cazador” de Horacio Quiroga, de quien pensé que en Mérida nunca se llegarían a vender otros libros más que “Cuentos de amor de locura y de muerte” y “Cuentos de la selva”,  y “Prosodia y variaciones sintácticas” de Juan José Arreola (“Cuento de horror: La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones”). El de Quiroga me costó $19 y el de Arreola, $20.

Ediciones del Fondo de Cultura Económica.

La Filey también es una oportunidad de encontrarse con un escritor conocido. En los días que dure la feria (hasta el domingo 17) la visitarán varios autores para presentar libros, participar en el Congreso Internacional de UC Mexicanistas -de la sorjuanista Sara Poot- y recibir homenajes, como José Emilio Pacheco, a quien se espera para el martes 12 con su esposa Cristina.


Sara Poot Herrera y Hernán Lara Zavala, en la
jornada inaugural de la Filey 2013.
No soy estudiante, investigadora ni madre de familia, así que desconozco qué tan variados y accesibles son los libros de texto, de divulgación e infantiles que se ofrecen en la feria, aunque mi percepción es que, sobre todo estos últimos, hay en buen número.




viernes, 8 de febrero de 2013

Un mundo fantástico


Mi abuela materna creció en una comunidad del sur de Yucatán. Sabía hablar maya porque estoy convencida que alguna vez la escuché conversar en esa lengua. Pero su conocimiento no llegó a sus nietas y con seguridad tampoco a su hija, porque no recuerdo que mi mamá dijera más palabras en maya que las que el promedio de los habitantes de la capital conocemos.  Tal vez tenía la idea que aun ahora se mantiene: que en entornos urbanos como Mérida sienta mejor comportarse como catrines y hablar sólo en castellano.

También recuerdo escucharle decir cosas que nadie más me ha dicho y en las que parecía creer profundamente: que no es bueno dejar abiertas las puertas de los clósets porque es  una invitación a entrar a la muerte, que no debía jugar a saltar a una persona acostada en el piso porque le estaba robando años de vida y que no tratara de conocer la estatura de alguien midiéndolo con una cinta métrica porque era tomar la medida de su ataúd.

Visto a la distancia, ya que no podía hacerlo la lengua era ese conjunto de creencias lo que vinculaba a su descendencia con la cultura del pueblo originario de Yucatán, una que afirma que el mundo visible y tangible marcha en paralelo a una zona de penumbra llena de misterios y que sigue viva incluso después del tamizado que le han hecho las doctrinas europeas.

Esa sensación de estar ante un universo extraño y fantástico la tuve al leer  “La mujer sin cabeza y otras historias mayas”, libro en el que José Natividad Ic Xec reúne leyendas y anécdotas que nos exponen a la forma de pensar y vivir de las comunidades indígenas, donde los brujos que se transforman en animales o waayes (waay peek, waay mis…) son tan reales como cualquiera que desempeña su oficio a la luz del día; hay protocolos para ganarse el favor y el perdón de los señores de los montes y los aluxes, y una mirada puede desencadenar males físicos.

Otras historias -27 en total en 109 páginas- nos ofrecen ejemplos de la efectividad de saberes a los que la sociedad del siglo XXI está volviendo a recurrir: la herbolaria y otros remedios milenarios para tratar desde mordeduras de serpientes hasta verrugas. En lo personal me resultaron especialmente interesantes las narraciones sobre el conocimiento de los curanderos para atender mordeduras de víboras, al punto de haber salvado a víctimas de esos animales que sólo empeoraban en hospitales de la capital del Estado.

"La mujer sin cabeza y otras historias mayas" es una edición del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) y se presentó en diciembre pasado. El autor es también el creador de “El Chilam Balam”, un proyecto de difusión de la cultura maya al que se puede seguir con ese nombre en Facebook y Twitter y en la web elchilambalam.com.

Portada del libro "La mujer sin cabeza y otras
historias mayas" de José Natividad Ic Xec.

"La mujer marcada con la muerte" narra las consecuencias de
una mirada de apenas una fracción de segundo.