lunes, 6 de mayo de 2013

El "Bolero" de Viengsay



Viengsay Valdés en "Bolero" de Érika
Torres (foto de Leslie Santos Bonilla).

Viengsay Valdés no es buena bailarina por hacer balances que duran varios segundos o por girar con fuerza y a gran velocidad. Es buena bailarina porque es buena artista.

En el Festival Internacional de Ballet de La Habana de 2010 Viengsay eligió para presentar en un programa de concierto la misma coreografía que Erina Takahasi, del English National Ballet: “Non, je ne regrette rien” de Ben van Cauwenbergh. Ambas se mostraron eficientes técnicamente, pero mientras Erina la interpretó sin una emoción en especial, Viengsay cerraba los ojos y adoptaba una expresión como de mujer locamente enamorada hablando del objeto de su afecto.

Aunque en ese momento me pareció que la coreografía no necesitaba tanta carga emocional, fue una prueba más de cómo Viengsay asume sus papeles: los convierte en personajes con sentimientos, en discursos, en puntos de vista.

Ésa es una de las razones por las cuales “Bolero”, la coreografía que Érika Torres creó para ella y que la cubana estrenó en el cierre de “Danza de América”, el jueves 2 de mayo en el Teatro Peón Contreras, me pareció el mejor momento del programa. Esa noche ya se había visto a Viengsay haciendo aquello por lo que es famosa, retando a las leyes de la Física con sus balances  y sus fouettés en el pas de deux de “Don Quijote” con Osiel Gounod, así que cuando llegó “Bolero”, con su lenguaje contemporáneo, sus líneas desfiguradas y su distanciamiento de los actos gimnásticos tan asociados a la cubana, sentí una oleada de frescura, un “vaya, por fin” porque se le dio la oportunidad de demostrar que su rango de interpretación es mucho más amplio que el de esos clásicos que le salen tan bien pero que la han encasillado como bailarina.


Mayvel Miranda (en el aire) y Adrián Leyva, en "Bolero"
(foto de Leslie Santos Bonilla).

El de “Bolero” es además un papel que le ajusta a la perfección. A Viengsay se me hace un poco difícil creerle en personajes frágiles o vulnerables, como en “La muerte del cisne”, que también bailó esa noche, o haciendo de Odette en “El lago de los cisnes”, pues por su figura musculosa y algunos datos que me han llegado sobre su vida personal la percibo como una chica sensible pero fuerte y aguerrida. Justamente es ésa la sensación que me transmitió en “Bolero”, en la que es una mujer  que se relaciona sin temor al tú por tú con seis varones, con los que en un principio parece mimetizarse al formar un solo bloque con ellos y realizar sus mismos movimientos.

Pero hay otra razón por la cual me gustó “Bolero”: por la coreografía. Érika Torres explicó días antes del estreno que la había situado en la década de 1920 y se había inspirado en las vanguardias de la época. La estética de estos años se llevó a escena con el vestuario, pues los seis varones llevaron traje completo y Viengsay, un vestido de flecos de colores oscuros y peinado recogido hacia atrás. La pieza comienza cuando los bailarines caminan alineados en horizontal hacia la boca del foso de la orquesta y miran unos segundos al público (¿lo estarán descubriendo o retando?). Regresan al centro del escenario y forman un grupo compacto del que se separa el primer solista varón para bailar. Le siguen otros hasta que todos están en movimiento y poco a poco Viengsay, hasta entonces una figura más del grupo, comienza a concentrar las miradas, un protagonismo que mantendrá hasta que se escuche la última nota compuesta por Maurice Ravel.

Adrián Leyva, César Pérez, Léster Díaz, Viengsay Valdés,
Mayvel Miranda, Yojan Herrera y Miguel Hevia
(la fotografía es de Leslie Santos Bonilla).

A diferencia de otras obras, en “Bolero” al espectador no se le permite ser pasivo; no le están contando una historia, pero el vestuario le sugiere un trasfondo, así que debe lidiar con esa  incertidumbre, además de procesar imágenes barrocas extraídas, según informó la coreógrafa, de un ejercicio de improvisación. Me resulta especialmente atractiva la manera en que Érika juega con el caos y el orden, con movimientos de los bailarines que resultan chocantes junto a las simetrías del conjunto.

Con Viengsay bailaron Miguel Hevia, César Pérez, Léster Díaz, Yojan Herrera, Mayvel Miranda y Adrián Leyva, todos ellos integrantes de la Compañía de Danza Clásica de Yucatán.


Bailarines de la Compañía de Danza
Clásica de Yucatán en dos momentos
de "West Side Story", de Adrián Leyva
(fotos de Leslie Santos Bonilla).
Adrián además de bailarín es coreógrafo. Él creó el otro estreno del programa, “West Side Story”, que usó la música de Leonard Bernstein y se inspiró en “Amor sin barreras”, aunque Adrián aclaró que no era una recreación de esa obra. Y no lo fue. Aunque en un momento se ve a tres solistas tronando los dedos como en una de las escenas del musical, se trató de un ballet de líneas compuesto con un lenguaje neoclásico, dinámico y animado en el que la Compañía de Danza Clásica de Yucatán demostró sus avances y potencial. Por desgracia, frente a los talentos de los dos invitados principales de esa noche su presentación resultó modesta.

El programa “Danza de América” tuvo una segunda función, el sábado 4 en el mismo teatro.

miércoles, 24 de abril de 2013

Y que nos muerde el chiuó...




Chayak, Marpi Jiménez, Balita Balam, Cuxum,
Cocotazo y Pitusa, en "El sorprendente Hombre Chiuó"

¿Cuál es la definición de teatro regional? ¿Actuar vestido de mestizo es suficiente para hacer regional a una obra? ¿Lo es  hablar con acento aporreado, insultar en maya, mencionar en los diálogos a políticos de la localidad?

Cuando Héctor Herrera falleció en 2010 parecía que con él moría también nuestro teatro regional o al menos la definición del género con la que se formaron varias generaciones de yucatecos, muchos de ellos privilegiados por haber conocido la época de oro de las tandas.

Es justo pensar que con Cholo terminó toda una época del teatro yucateco, pues ¿qué otro actor cómico del Estado puede decir que ha llevado su fama más allá de la Península, que tiene el reconocimiento de la comunidad artística nacional y que ha incursionado en el cine?

Pero también es justo dar a las nuevas generaciones la oportunidad de explorar su propia definición del género y que el público se encargue de decirles si están o no en lo correcto.  Hace unos días se cumplieron 100 funciones de “El sorprendente Hombre Chiuó” , que Cuxum y compañía  presentan en el teatro “Yucatán”. Sus actores no siempre y no todos visten de mestizo, sus acentos están claramente aporreados pero no se escuchan fingidos y, aunque hay bromas de doble sentido, los comentarios de índole sexual son los menos (y no los más graciosos). Aun así, es en todo derecho una obra de teatro regional porque es un retrato –caricaturizado- de lo que somos nosotros, un espejo humorístico de los absurdos, prejuicios, obsesiones y también bondades de nuestra comunidad.

Porque, aunque recurre a la exageración para hacer reír, la justificación que el fotógrafo Cuxum Parker le da a la Tía May (Bartola) cuando ésta le reclama que no ha respondido sus mensajes al celular no está muy lejos de la realidad: “No tengo crédito, no tengo señal, no tengo carga, no tengo nada…”. O cuando Mary Chein (María Chan antes de cambiarse el nombre por vergüenza de su origen maya, interpretada por Balita Balam) y su novio Justin (Justino, vendedor de kibis que se autodenomina empresario gastronómico; Joel Herrera) presumen su compromiso matrimonial ante vendedores del mercado suenan como esos aspiracionistas del día a día que se esfuerzan por ser considerados del jet set (Mary Chein dice que vive en Altabrisa; “sí, debajo del puente”, la confronta alguien).

Chayak se pelea con Justin ante la mirada del Alux Verde,
Pitusa, Brittany Yahaira y Mary Chein-Balita Balam

Algunos diálogos involucran a temas y políticos de la localidad. Cuando Cuxum Parker, ya convertido en Hombre Chiuó, se pregunta qué puede hacer para que la gente lo quiera él mismo se responde: rellenar los baches, recoger la basura y cambiar las lámparas chinas… En otro momento hay un enfrentamiento entre los vendedores, que amenazan a sus contrincantes con hacer valer su amistad con Renán Barrera y Mauricio Sahuí.

Entre las escenas se intercalan momentos musicales en que los actores interpretan canciones a las que les varían las letras: Cuxum canta una adaptación de “Quinceañera” cuando siente que su personalidad está cambiando por la de un chiuó; Cocotazo (Óscar Chan) dice que no hay para comprar tortillas ni huevo con la música de la “Balada boa”, y Brittany Yahaira se mete en la piel de Shakira para revelar que “no soy de Vergel, vivo en San Antonio Xluch y como en Xcalachén”.

El Alux Verde canta al ritmo de "Balada boa"

Brittany Yahaira es el alter ego de Marpi Jiménez, joven actriz egresada de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y por sí sola una buena razón para ver la obra. En una escena encarna a una temible, e hilarante, secretaria del Seguro Social que hace sufrir a Justin con su comportamiento de burócrata insensible a la desesperación de los pacientes.

Justin y Brittany Yahaira (Marpi Jiménez)

Al concluir la obra hay un guiño al teatro regional con que nos educó Cholo: una amenidad de jaranas y bombas.

Rafael Morcillo López, director de la Filey, después de
develizar la placa de las 100 representaciones

“El sorprendente Hombre Chiuó” se presenta los miércoles a las 9 p.m. en el teatro “Yucatán”, una casa adaptada como foro que limita un tanto el desplazamiento por la sala. El boleto cuesta $100.

lunes, 15 de abril de 2013

De Warhol a Ramírez


Serie sobre la sopa Campbell's, Andy Warhol.


El gobierno municipal de Mérida ya informó que el próximo domingo 21 será el último día en que se expongan públicamente las muestras que ocupan las tres salas de exhibición temporal del Centro Cultural Olimpo.

La que más expectación despertó en su inauguración, “De Mao a Marilyn”, ciertamente es una muestra muy pequeña del arte pop de Andy Warhol, aunque ahí están las impresiones de tres de sus obras icónicas: la serie de retratos de Marilyn Monroe y Mao, y las latas de sopa Campbell’s. Pero en lo menos conocido y esperado es en lo que el visitante podría encontrar más interés y asombro.


Serie sobre Mao, Andy Warhol.
La muestra en la sala 1 la abren cuatro impresiones de flores acomodadas en forma de rombo, un paisaje natural compuesto de colores estridentes y texturas irreales, aunque armonioso y placentero de observar. 
"Flores", Andy Warhol.
En una vitrina junto a los cinco rostros intervenidos de Marilyn se exhiben documentos que dan cuenta de la popularidad de Warhol y también el rechazo inicial a su obra: hay una carta enviada al artista en 1956 por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York en la que en términos amables se le informa que no fue aceptado el obsequio de su obra “Shoe”, una nota de agradecimiento de Elizabeth Taylor por el retrato que hizo de la actriz y una en que Mick Jagger le informa que le enviaba material para trabajar en el diseño de la portada del disco “Sticky Fingers” de los Rolling Stones y le advertía de la presión del tiempo.




La sala 2 será hasta el próximo domingo un reducto de las “Impresiones fantásticas” de Raúl Anguiano y Leonora Carrington, ésta una artista capaz de perturbar con sus elongadas figuras misteriosas, sostenidas en el vacío de cuadros carentes de escenarios. “Lea regresa poseída”, una litografía de 1974, confronta al espectador con una imagen femenina espectral, en actitud de asustar a una pareja presente también el cuadro y más pequeña que la Lea del título.


"Lea regresa poseída", Leonora Carrington

La obra de Raúl Anguiano en exposición se nutre de mitología, pasajes bíblicos, sucesos históricos (el Holocausto) y personajes literarios. Don Quijote es revisitado por el maestro mexicano para presentárnoslo en actitudes alejadas de las ideas románticas con las que se suele visualizarlo: en “Don Quijote caído”, aguafuerte de 1973, el caballero andante está semidesnudo junto a su lanza rota y con expresión de vencido, una imagen que extrae la humanidad del personaje de ficción.


"Don Quijote caído", Raúl Anguiano.
La sala 3 está dedicada íntegramente a “Color en país de sol” de Gabriel Ramírez. Al maestro yucateco es difícil abarcarlo con palabras; los títulos de sus cuadros nombran situaciones y objetos tangibles, medibles, pero asociarlos con sus abstracciones rebosantes en verdes, amarillos y azules implica un ejercicio de liberación mental, de gobierno de las emociones. Llama la atención el acrílico sobre tela “Nunca en silencio” de 2009, cuyos rojos y blancos contrastan con la paleta dominante en los demás trabajos.


A la derecha, "Nunca en silencio", Gabriel Ramírez.
La entrada a las tres salas es gratuita.

lunes, 8 de abril de 2013

Voces de Canadá


Cuando se anunció la visita a Yucatán del Chor Música me emocionó la oportunidad de escuchar a un coro exclusivamente de voces masculinas, pues los tonos graves en la música me resultan especialmente atractivos.

Sin embargo, el concierto que el coro de Powell River, en la Columbia Británica canadiense, ofreció el 21 de marzo en el Teatro Daniel Ayala Pérez quedó un tanto por debajo de mis expectativas, pues no predominaron las voces “gruesas” entre los integrantes, adultos mayores, y en el repertorio abundaron las canciones religiosas, de ritmo pausado, introspectivo, para disfrutar cuando se tiene un ánimo que no llevaba en ese momento.

Algunas piezas fueron interpretadas a capella, otras con acompañamiento de un teclado electrónico.

Los momentos de más interés fueron aquéllos en que se escucharon temas populares (chinos, irlandeses, ingleses), sobre todo el “Cielito lindo” de la segunda parte. En esta canción el estribillo fue entonado por todo el coro y los demás versos, por solistas, que un poco por su acento y otro tanto por su bufonería se ganaron las risas y los aplausos más fuertes del público.

Antes de cantar la última pieza, el director Don James ofreció unas palabras al auditorio que fueron traducidas al español y con las que explicó el sentido de “Hunker Down”, que Tobin Stokes, originario de Powell River y ahora compositor de música para teatro, ópera, cine y televisión, escribió para el coro visitante. El título significa algo así como “Agárrate” y alude a la manera en que los habitantes de esa comunidad canadiense, a la que sólo se puede llegar por aire o por agua, hacen frente a las tormentas, cuando las comunicaciones con el exterior se cancelan. Una visión humorística y desenfadada de la contingencia con la que los pobladores de Powell River ya aprendieron a vivir.

La entrada al concierto fue gratuita.

La interpretación de "Cielito lindo" por Chor Música.

Las palabras del director Don James.

viernes, 22 de marzo de 2013

Noche de tapas y flamenco


De Raúl Salcedo escuché hablar por primera vez cuando su academia Península Flamenca existía solamente en Cancún. Después de unos cuantos años de no saber de él me enteré que había abierto una sede de la escuela en Mérida, a la que con regularidad invita a bailaores con trayectoria a impartir clases. A pesar de conocer  la teoría de su trabajo, no había tenido la oportunidad de ver cómo se traducía en el escenario esa experiencia de la que hablaba en sus entrevistas.

Casi por casualidad supe hace una semana que Raúl actuaría la noche de viernes en el restaurante El Segoviano, en San Ramón Norte. Animada por la oportunidad de finalmente verlo en acción reservé una mesa “lo más cerca posible” del escenario ante la advertencia de una alumna del bailaor que debía ser así porque de lo contrario no vería nada.

Tenía razón, pues el escenario –a ras del piso- resultó ser mucho más pequeño de lo que pensaba. Con Raúl, que además de bailar en algunas canciones tocó el cajón, se presentaron dos bailaoras que son sus alumnas y el cantaor Antonio Serrano.  

No conozco los códigos del baile flamenco, no podría decir cuándo el sonido del tacón es “limpio” ni si los brazos están bien colocados; mi juicio sobre los espectáculos de este género se basa en qué tanta pasión transmite el bailaor, qué tan honda es la huella que deja en el público. Raúl satisfizo mi expectativa de ver a un artista, no a un simple ejecutante que repite con destreza, aunque mecánicamente, los movimientos; su arte se ajusta a las ideas que en mí evoca el flamenco: un baile que se interpreta desde las vísceras, arrebatado, que no puede ser de otra forma más que temperamental. Me hubiera gustado que quienes lo acompañaron esa noche compartieran su nivel (y que los meseros encontraran otras rutas para desplazarse por el restaurante sin obstaculizar la vista, aunque hay que entender que éste no es un teatro).

Si esta actuación no había sido suficiente, la despedida con sevillanas nos regaló la brevísima presentación de Adriana Maresma “La Nani”, invitada en esos días a ofrecer un curso intensivo a alumnos de Península Flamenca. En segundos  “La Nani” nos confirmó que un artista no comienza a serlo cuando se coloca la peineta, el vestido y los zapatos de tacón, sino que lleva tan interiorizada su actitud que es capaz de desbordar de pasión flamenca bailando incluso con pantalón de mezclilla y calzando cuñas, como ella lo hizo.

Al final de la presentación Raúl anunció que de nuevo estarían hoy viernes 22, a partir de las 10 de la noche, en El Segoviano. El restaurante se especializa en comida española, que no defrauda con su sangría, tortilla con chorizo, calamares a la romana, queso fundido con champiñones, crema catalana, mousse de chocolate… Así que buen provecho ¡y olé!

El cantaor Antonio Serrano y el bailaor Raúl Salcedo.

Raúl Salcedo.


"La Nani" en la despedida del espectáculo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Estaba un día el Santos en Mérida cuando...



Jis y Trino en LA68, el domingo 10 de marzo.

Cuando LA68 Casa de Cultura “Elena Poniatowska” anunció que Jis y Trino la visitarían el domingo 10 para presentar “El Santos vs la Tetona Mendoza” pensé que se trataría de una conversación informal sobre el proceso de realización de la película o de una suerte de “A platicar a su casa”, el programa del fallecido canal Ponchivisión en que Andrés Bustamante y el propio Trino simulaban ir al cine a ver alguna gloria de la filmografía nacional, por ejemplo una del Santo (el de carne y hueso), y se pasaban el tiempo haciendo comentarios sarcásticos.

Finalmente fue una proyección como las habituales del centro cultural pero antes y después hubo intervenciones de los moneros, que estaban en Mérida para participar en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán.

La invitación a la proyección gratuita tuvo más interesados que número de asientos; media hora antes del inicio (a las 8 p.m.) ya se habían ocupado todas las sillas mientras afuera 60 personas esperaban entrar sin conseguirlo, según se escuchó decir a la propietaria. Ya hubieran querido Jis y Trino el entusiasmo de esa audiencia para la exhibición de su película en las salas comerciales, pues le hubiera garantizado mejores resultados en sus seis semanas en cartelera.

Trino dijo que entre las razones que les dieron para el escaso éxito en taquilla estuvo que la película era demasiado guarra y sus chistes estaban pensados para los varones, pero el monero consideró que esto no es cierto. Una dama del público le dijo que coincidía con él porque las bromas eran comprensibles por todos.

No sé si el género sea en verdad un factor determinante, de lo que estoy convencida es que hay que tener un tipo específico de sentido del humor para reírse de todas las bromas que “El Santos vs la Tetona Mendoza” hace una tras otra a lo largo de una hora y media. Reí de buena gana cuando el Santos y el Cabo son llevados, atados, hacia el barranco por los zombies de Sahuayo que siguen hipnotizados la música de la Rondalla de Saltillo, la única capaz de atraerlos de esa manera, y cuando el luchador y el Peyote se entrenan con el tema de “Rocky” de fondo. Pero la historia está llena de bromas escatológicas y desviaciones a otras historias que en un momento me hicieron pensar que estaría muy bien que ya terminara.

Tal vez si la película la hubieran estrenado hace unos 20 años, cuando la irreverencia de la historieta extendía los límites de la libertad de expresión en la prensa mexicana, otro sentimiento habría animado a ir a verla al cine; pero en una época en que esa actitud se multiplica en los medios el humor de la cinta no tiene el aura de revolucionario que caracterizaba en su origen al Santos y la Tetona Mendoza.

Pero la proyección valió la pena por la oportunidad de ver, y sobre todo escuchar, la colaboración de los artistas que prestaron su voz a los personajes (Daniel Giménez Cacho, Regina Orozco, Guillermo del Toro, Andrés Bustamante, José María Yazpik, Julieta Venegas, Benny Ibarra, Ely Guerra, Moderatto…) y de conocer y reír con los comentarios de dos iconos de la monería en México.


Jis y Trino en LA68 (estas dos fotografías son de Leslie Santos Bonilla).

lunes, 11 de marzo de 2013

Una opinión de la Filey 2013


Cuando en 2012 se creó la Feria Internacional de la Lectura Yucatán agradecí la distancia que este evento tomaba de las existentes muestras municipales de libros, ya predecibles y poco atractivas por la repetida presencia de librerías locales, la escasa oferta de literatura contemporánea de autores mexicanos y extranjeros  y la preferencia de algunos expositores de atraer compradores con artículos recreativos  en lugar de libros.

La Filey está aún lejos de tener el prestigio de la feria de Guadalajara, pero al menos está dando los pasos para ampliar el concepto de “feria del libro” que conocemos los yucatecos.

En una rápida visita a la Filey 2013 en su jornada inaugural, el sábado 9, éstas fueron algunas ideas que me vinieron a la mente:

* Este año hay más expositores, aunque quienes busquen las novedades de autores contemporáneos de proyección nacional e internacional terminarán encontrándolas principalmente en los módulos de Santillana, Tusquets, Planeta y Random House Mondadori.

Aunque en la publicidad de la Filey se destaca la posibilidad de encontrar libros “a precios de promoción”, la realidad es que los títulos anteriores se venden a precios similares a los que durante todo el año se encuentran en las librerías locales. Así que no es la “accesibilidad” de estos libros el verdadero atractivo de la feria, sino la variedad de autores y títulos de un mismo escritor. En Random House Mondadori encontré unos ocho títulos, la mayoría poco frecuentes de hallar en Mérida, de uno de mis escritores favoritos. El precio promedio de cada uno supera los 200 pesos. No dudo que sea una cantidad justa por la obra de alguien con una prosa vibrante, pero mi bolsillo me impide llevármelos de a montón. Cuando llegué a la caja le pregunté a la empleada por la venta nocturna en que se rematan libros. Me dijo muy educadamente que esa noche habría más títulos en la sección de promociones, pero en general los precios en el módulo se mantendrían como estaban. Traducción: ni lo sueñes.

Sin embargo, en la Filey sí se pueden encontrar buenos libros a precios casi de regalo: obras de reconocidos autores de otras épocas, incluso algunas de venta no común en la ciudad. El Fondo de Cultura Económica tiene en su colección Fondo 2000 títulos que podrían sorprender. Aquí encontré las “Cartas de un cazador” de Horacio Quiroga, de quien pensé que en Mérida nunca se llegarían a vender otros libros más que “Cuentos de amor de locura y de muerte” y “Cuentos de la selva”,  y “Prosodia y variaciones sintácticas” de Juan José Arreola (“Cuento de horror: La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones”). El de Quiroga me costó $19 y el de Arreola, $20.

Ediciones del Fondo de Cultura Económica.

La Filey también es una oportunidad de encontrarse con un escritor conocido. En los días que dure la feria (hasta el domingo 17) la visitarán varios autores para presentar libros, participar en el Congreso Internacional de UC Mexicanistas -de la sorjuanista Sara Poot- y recibir homenajes, como José Emilio Pacheco, a quien se espera para el martes 12 con su esposa Cristina.


Sara Poot Herrera y Hernán Lara Zavala, en la
jornada inaugural de la Filey 2013.
No soy estudiante, investigadora ni madre de familia, así que desconozco qué tan variados y accesibles son los libros de texto, de divulgación e infantiles que se ofrecen en la feria, aunque mi percepción es que, sobre todo estos últimos, hay en buen número.