lunes, 30 de diciembre de 2019

“Península. Cartografía simbólica”, la vida a ojo de águila


 
“Península. Cartografía simbólica”, en el Palacio Cantón

Entre la constante de líneas rectas un círculo se encuentra con la mirada. Hay que invertir segundos en observarlo, en comprender su relación con las geometrías cercanas. Se concluye entonces: es la glorieta del Monumento a la Patria.

jueves, 21 de febrero de 2019

“Roma” es lo mejor que le puede pasar a México en este momento

Escena de  “Roma”, de Alfonso Cuarón. Fotografía de Participant Media y Esperanto Filmoj 
Suelo ser cínica con los premios “a lo mejor” del cine. Mis favoritos para serlo son los Óscares.

No recuerdo qué edad tenía cuando comencé a sentir desencanto por los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, pero sí que lo primero que me hizo dudar de ellos como medida de calidad de un trabajo fílmico era el hábito de reconocer como mejores del año a producciones que perdían o que ni siquiera figuraban en las categorías de actor/actriz principal, guión, fotografía y —a mi juicio, lo más absurdo— dirección. ¿Pues entonces qué hace a una producción la mejor?

viernes, 15 de febrero de 2019

Una mirada a la naturaleza humana... en francés

Una escena de "La colección". Fotografía de 2425 Films
Un marchante de arte que pretende adquirir la fabulosa colección de un hombre judío y ciego durante la Segunda Guerra Mundial. Tres amigos que, en la fiesta de fin de curso de la preparatoria, suben a una lancha inflable durante la noche y a la mañana siguiente se despiertan a mitad del océano. Un juego de niños que sale mal. Una pareja que se encuentra en guerra con marmotas. Un mundo submarino donde nuestra basura cobra vida.

viernes, 3 de agosto de 2018

El Festival del Calor, cine y teatro que queman

De derecha a izquierda: Alfonso García Medina, Addy Téyer, Juan José Chacón,
Zaab'di Hernández y, semiocultos, Míriam Chi, Érick Silva y Marysol Ochoa,
elenco del Festival del Calor. Foto de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento


Noche de jueves. El Festival del Calor del colectivo Fábula Rasa se hace honor a sí mismo: la humedad aprieta y la temperatura agobia. Ya pasan de las 9 y aún no se autoriza al público a avanzar en fila para entrar.

Uno de los cuatro diseños de programa
Antes de que esto finalmente ocurra pienso en los papeles que tengo en la mano. ¿Cuándo fue la última vez que en un espectáculo me dieron a elegir entre varios diseños posibles de programa? ¿Cuándo, la última en que el boleto me hacía pensar en la figura de las antiguas entradas al cine?

Ya ingresamos al Olimpo, pero todavía no franqueamos la puerta de la videosala. Nos piden detenernos junto a la alfombra roja, donde Zaab’di Hernández, en el papel de conductor de la velada, y Addy Téyer, en el de Paloma León, su impulsora, reciben e informan al público de los objetivos del festival de cortometrajes y de menudencias que van revelando la personalidad de una actriz que resuena en clave de diva (“La alfombra roja no es para cualquiera”, sentencia).

Ahora sí, sentados y confortados por el clima artificial, el primer cortometraje comienza su proyección. “La piel del otro” (guión original de Conchi León) captura instantes de la vida cotidiana del yucateco que son impactados por el calor. ¿Cuándo fue la última vez que escuché en un escenario, en el cine, hablar con el acento de mi región sin que hubiera un afán de exageración o parodia?

Addy Téyer y Zaab'di Hernández. Fotografía de
la Dirección de Cultura del Ayuntamiento
Desde pequeña, dice Paloma/Addy, la protagonista, “aprendí que el calor lo descompone todo”: la cara, al enfrentarse al sudor de otros; la comida, el descanso… Pero hay un calor que le merece elogio: abrazada al enamorado, es aquél que “puede incendiar el cuerpo sin quemarlo”.

Una discrepancia entre Paloma y el ficticio autor del corto trae a escena a Luis “El Chino” Aznar (Alfonso García Medina) –una alusión al director artístico y realizador de todos los cortos del festival, Luis Ramírez Aznar–, quien a su vez termina enfrentado al creador del siguiente trabajo, Howard Puc (Érick Silva, también a cargo de la dirección de actores), un “artista conceptual” que adolece de todos los lugares comunes de su estirpe. Su corto “Frigorífico” (el autor verdadero es Saúl Enríquez) está más cerca del vídeo musical, con una única imagen que se repite –la de un refrigerador– sobre un fondo que cambia de color con los impulsos de la música electrónica.

“Tarjeta postal”, de Miguel Arrivilla (en realidad Edgar Chías), es el dulciamargo retrato de un aspirante a actor que rehúye de un destino como mesero.

Imagen del corto “Tarjeta postal”. La fotografía es de Fábula Rasa



“El cenote y la luna” lo presenta Agustín Canul (Juan José Chacón; el guión es de Goyo Carrillo) con una disculpa por las fallas técnicas, que se entienden por ser un trabajo en VHS de sus inicios, y la confesión de la misteriosa desaparición de un amigo de la infancia después del estreno. Al final del espectáculo decidiré que éste es el corto que más me ha gustado, porque me ha hecho sentir en un episodio de “Dimensión desconocida”.

Howard Puc (Érick Silva). Foto de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento
Socorro Loeza presta su piel a Felipa Ek, el personaje de la realizadora de “La ficción de Balam” (de David Gaitán). En vídeo envía un mensaje en maya sin subtitular, una manera de calzar al público con los zapatos de las comunidades indígenas, a las que se obliga a comprender el idioma mayoritario y no se les consiente ser entendidas en el suyo.

El corto es la historia de Balam, habitante de un municipio yucateco al que la oportunidad de trabajar en una película perturba la existencia. ¿Cuándo fue la última vez que los paisajes de mi Estado aparecieron en pantalla sin pasar antes por el filtro endulzado de la publicidad para el turismo?

El rodaje de “La ficción de Balam”. Foto de Fábula Rasa
A “Tenemos prisa” de María Canto Lazcano (Karla Franco; guión de Mario Cantú) le sirve de preámbulo una fallida entrevista en vídeo sin editar con “la Reygadas yucateca”, que con evidente exasperación afronta las preguntas de Zaab’di Hernández. “Reygadas es aburrido… y misógino”, responde cuando le piden opinar sobre las comparaciones con el cineasta mexicano.

Su historia, la de una chica a la que un desconocido le insiste por teléfono que “tenemos prisa”, es de las que bien podrían ocurrir en cualquier ciudad y con cualquier persona, pero, como los demás trabajos que se exhiben en el festival, sus actores y escenarios son identificables con Yucatán.

Marysol Ochoa y Míriam Chi. Foto: Dirección de Cultura del Ayuntamiento
La última proyección es la de “Combustión”, único documental de la cita, que requiere una lectura en vivo en voz de la mamá de Paloma León (Míriam Chi) y el performance de su autora Daniela Bolio (Marysol Ochoa; el guión es de Luis Alcocer), que pretende recrear el final de su tía y cineasta amateur Socorro Bolio, quien falleció consumida por las llamas de cintas inflamables.

El festival hace reír, y mucho, al público, para el que todavía hay una escena final deliciosamente ridícula.

Las luces se encienden y los espectadores comienzan a retirarse. Salgo a la calle y pienso en la ironía: la noche del Festival del Calor se ha puesto fresca.

* * *

La primera temporada del Festival del Calor, programa de cortometrajes enmarcado en una obra de teatro, tuvo funciones el 19, 20 y 21 y el 26, 27 y 28 de julio en la videosala del Centro Cultural Olimpo. En un siguiente ciclo se añadirán trabajos de cuatro dramaturgos más: José Ramón Enríquez, Noé Morales, Pilo Galindo y Richard Viqueira.

En su desarrollo también intervienen María José Pool, como asistente de producción, y Paz Gallegos, en la logística.

La propuesta se concretó con apoyo del Fondo Municipal para la Cultura y el Desarrollo Mérida 2017.

lunes, 25 de junio de 2018

En la red de un anarquista

Eduardo Rodríguez como Plotino Constantino, en "El anarquista o
los martes de Mallarmé". Foto cortesía del Ayuntamiento

Hace unas semanas, un desayuno familiar devino en discusión política. Ante el panorama de la vida en el país, mi hermana decía que la única herramienta eficaz para cambiar un sistema de gobierno corrupto que causa pobreza e inseguridad es la revolución armada.

domingo, 24 de abril de 2016

Reconocen la trayectoria de Aniuska Torres

La maestra Aniuska Torres con Roger Metri Duarte, Cristóbal
Ocaña (semioculto) y Juan Hernández Islas, de "El Universal"

Umbral, la agrupación de danza que dirige Cristóbal Ocaña, celebró anoche con anticipo el Día Mundial de la Danza con la entrega de un reconocimiento por trayectoria a la maestra Aniuska Torres Santana, el nombre más reciente en una lista que comenzó hace 20 años.

La distinción se otorgó durante una velada en el Teatro Daniel Ayala Pérez en la que después de los discursos –de Roger Metri Duarte, secretario de la Cultura y las Artes; Cristóbal, Mario Jorge García Cecilia, cónsul de Cuba, y la propia Aniuska– los alumnos de ProArte, la academia de la maestra Torres Santana, presentaron coreografías.

El extenso programa (la actividad comenzó 8:05 y terminó minutos después de las 10) fue un muestrario de los géneros que se enseñan en la escuela de danza, pues hubo lugar tanto para “La muerte del cisne” y variaciones de “Giselle” y “La Cenicienta” como para un número de belly dance y uno del musical “Chicago”. Unos más mezclaron estilos, como el que con la música de “Amalia Batista” bailó una de las alumnas más pequeñas con entusiasmo contagioso y la versión de “La Bikina” que, con estilizados trajes folclóricos, presentó un grupo en el que actuó el único alumno varón en la velada.

El número de "La Bikina"
Los momentos mejor logrados fueron aquéllos a cargo de Aniuska Camacho Torres, hija de la maestra y quien con ellos confirmó su condición de joven talento de la danza en Mérida. Antes del intermedio presentó una coreografía moderna de aires melancólinos (de título y autor desconocidos, a falta de programa de mano y de anuncio de los números), en la que la expresión de su rostro contribuyó a poner el ambiente emocional, y tuvo una participación en “Chicago”. El cierre fue el grand pas de deux de “Don Quijote”, que Aniuska interpretó con Mayvel Miranda como invitado en el papel de Basilio.



Aniuska Camacho y Mayvel Miranda en el pas
de deux del tercer acto de "Don Quijote"

La maestra Torres Santana subió a agradecer con sus alumnos al final de la función, en la que los únicos aspectos realmente lamentables fueron los errores en los textos que se proyectaron al principio de la velada en dos vídeos y que fueron desde nombres de ballets mal escritos hasta penosas faltas de ortografía, como aquélla que antepuso una H a "ustedes”.

sábado, 5 de marzo de 2016

"El Corsario" a la yucateca




“El Corsario” del Ballet de la Ciudad de Mérida no pasaría por la producción de una gran compañía, ni siquiera por la de una agrupación profesional, pero hay algo en él que hace que el ánimo se mantenga interesado e, incluso, por momentos entusiasmado.

Ese algo es la confianza con que se desempeñaron sus bailarines, que transmitieron más seguridad y comodidad con sus personajes que en anteriores presentaciones de la agrupación, y, sobre todo,  la intervención de Aniuska Camacho Torres como Gulnara y Moisés Martín como Lankedem. Aniuska evidencia sus raíces en la Escuela Cubana de Ballet con sus veloces jetés, sus equilibradas pirouettes y la fineza de sus movimientos y líneas. Y Moisés destaca por el control de sus saltos y giros, especialmente sus coupé jetés en tournant.

Los papeles principales, de Conrad y Medora, los asumieron Yojan Herrera y Érika Argüelles, también directora del Ballet de la Ciudad Mérida, quien en entrevistas previas destacó el hecho de que se presentaría la obra completa (versión propia a partir de la del American Ballet Theatre) y no una suite, como es lo más acostumbrado en Mérida. Y sí, se respetó la estructura de los tres actos, aunque no la narrativa, pues, por ejemplo, se eliminó el personaje de Alí, algo bastante extraño considerando que el pas de deux más famoso de “El Corsario” es ejecutado por el esclavo y Medora. En la versión de la agrupación yucateca, en este dueto Alí es reemplazado por Conrad, un Yojan que entusiasma con sus saltos y cassioles.

Vestuario y escenografía aún son áreas de oportunidad en las producciones de la agrupación.

La función de este sábado 5 a las 8 p.m. fue la única programada. Los boletos se vendieron en 100 y 80 pesos.


viernes, 19 de febrero de 2016

Gracias por el viaje




Fue una motivación económica, no interés literario, lo que puso en mis manos el primer libro de Umberto Eco que leí. En una visita a la librería encontré un ejemplar con el nombre del escritor a un precio lo suficientemente bajo como para pensar que no me molestaría haber hecho el gasto si al final no me gustaba la obra de alguien de quien sólo conocía su ficha bibliográfica.

Era “La isla del día de antes”. Y sí, el precio no se correspondía con el valor real de la novela. Porque ninguna cantidad puede equivaler a la erudición de la narrativa de Eco, maestro de sintaxis, de vocabulario, de juegos mentales tan agotadores como fascinantes. La leí con avidez –no sin dificultad, cautivada por su lenguaje (la historia está escrita con los términos que se usaban en el siglo XVI), su trama, su humor y el desafío al que alude el título: el protagonista está en un bote anclado a unos metros de una isla en el límite de dos husos horarios; bajar a ella significa moverse entre el hoy y el ayer…

Esas cualidades las volvería a encontrar, en diferentes combinaciones y grados, en los siguientes libros que, ahora sí sin tacañería de por medio, fui comprando donde era posible hallarlos: “La misteriosa llama de la reina Loana”, “El cementerio de Praga”, “El nombre de la rosa”, que me entristeció terminar por habérseme agotado la fuente de aventuras y misterios a la que me había hecho dependiente.

Empecé “Número cero”, pero decidí hacerla a un lado para afrontar el reto de “El péndulo de Foucault”. La noticia de la muerte de Umberto Eco me encuentra en la recta final de esta lectura, que me ha confrontado con mi ignorancia sobre principios matemáticos  y me ha hecho preocuparme por los editorialistas del mundo que diseñan planes secretos y se los atribuyen a los Caballeros Templarios.

Estoy triste porque el abrevadero de aventuras y misterios se ha secado de manera definitiva, pero feliz por las oportunidades que me dio de sumergirme en sus aguas. Buen viaje, Umberto. Adiós, Eco, el erudito.



miércoles, 10 de febrero de 2016

“Spotlight”, una lección de Periodismo




Hay muchas razones por las cuales “En primera plana (Spotlight)” podría ser atractiva para los espectadores: el tema de la historia principal, el ritmo de la narración, el desempeño de los actores… Quienes trabajan en medios de comunicación, en específico periódicos, podrían añadir el interés de ver su día a día proyectado en el cuarto oscuro.

Pero son dos cosas por las cuales quien esto escribe le da especialmente las gracias a la película de Tom McCarthy.

Por sobre todo, le agradezco que se negara a hacer una representación estereotipada de los periodistas, a los que con frecuencia el cine atribuye cualidades que, si bien tienen algunos compañeros de oficio, no son la generalidad. Porque están lejos de ser mayoría los reporteros que son al mismo tiempo hiperactivos, inconscientes del peligro y agresivos e incluso groseros con sus entrevistados y que están dispuestos a ver conspiraciones detrás de cada boletín de prensa. En su lugar, McCarthy nos muestra a gente real, profesionales comprometidos con la calidad de su trabajo y que actúan en consecuencia, sin expresiones histéricas, voces graves ni poses de investigador que se sabe de antemano todas las respuestas. Incluso el personaje de Mike Rezendes que interpreta Mark Ruffalo y que es el más arrojado, por calificarlo de alguna manera, de los cuatro integrantes del equipo Spotlight de “The Boston Globe” se mueve entre los límites creíbles de una forma de ser más extrovertida.

Y dos, le doy gracias por no hacer de la figura de Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) un alegato cliché sobre lo difícil que es que se reconozca el trabajo de una mujer y las lecciones que todos reciben cuando finalmente le dan una oportunidad. De hecho, en toda la película no hay ninguna referencia de género; las personas son valoradas por su entrega y profesionalismo, por su respuesta a las exigencias del trabajo, no por su sexo. 

Por lo demás, es interesante comparar lo que se conoce con otra forma de organización del trabajo e instalaciones: la distribución de los escritorios, la ubicación del conmutador de la redacción, el espacio del propio edificio que funciona como tiendita y cocina, la operación del archivo histórico, su área de prensas...

Y es reconfortante comprobar con la experiencia de “The Boston Globe” que hay esperanza para la prensa en tiempos en que hace aguas el modelo de negocio: su tabla de salvación es hacer buen Periodismo. 

El elenco de “En primera plana” fue considerado el mejor de 2015 por el Sindicato de Actores de Estados Unidos. La cinta aspira a varios premios Óscar, entre ellos el de mejor película.



sábado, 2 de enero de 2016

sábado, 12 de diciembre de 2015

mákinadT comparte su alucinación



Gervasio Cetto y Diana Bayardo al final de la representación
de "Alucinación compartida" en el auditorio del Olimpo

El nombre de Javier Álvarez en los créditos de una propuesta artística es más que suficiente motivo para desear conocerla. Así que llama la atención que la música compuesta por el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2013 para “Alucinación compartida” no se escuche sino diez minutos después de iniciarse la representación del más reciente proyecto escénico de mákinadT.

No es reproche. Estamos tan acostumbrados a dar la música por sentado al ver una coreografía que esos minutos de silencio mientras Gervasio Cetto y Diana Bayardo —la fórmula originaria de mákinadT— mueven brazos y cabeza de pie en un mismo punto nos hacen más conscientes de la función del sonido como compañero del movimiento y del movimiento en sí, una ejecución en la que sobresalen las líneas y la flexibilidad de Diana. 

La composición de Javier sirve de aliento a la imaginación para darle significado a los “paisajes visuales” —como los llamó Gervasio— que, está claro, no persiguen un fin narrativo. Está en el espectador la voluntad de interpretarlos, como los bailarines confirmaron en la charla que sostuvieron con el público al concluir la última función de su temporada en el Olimpo, el viernes 4 pasado. 

Asumirlos como instantáneas de emociones cotidianas fue decisión de mi ilusión: tedio, incomodidad, expectación, miedo, combate. Otras veces me parecieron ejercicios de estética, un “ballet de líneas” con momentos muy agradables. Los sonidos de Javier me remitieron en ocasiones a un futuro de viajes interplanetarios, otras a un campo de batalla.

En una parte los bailarines colocan muebles y cruzan hilos en el escenario, por los cuales van pasando como en un juego de superar obstáculos. Según indicaron —su intención con la charla era intercambiar con el público comentarios para nutrir el proyecto, aún en proceso de creación—, su propuesta surgió de una reflexión sobre el movimiento corporal y cómo es influido por el espacio. Hablaron de arquitectura, apoyarse en el espacio y “vectores” (los hilos cruzados) y cómo éstos determinaron sus desplazamientos en la coreografía.

Una explicación un tanto compleja y no necesaria considerando que los mismos artistas pretendían que el espectador le diera un significado propio a la propuesta escénica. Testimonio personal: tanta información incluso resultó contraproducente, pues hizo sentir frustración por no haber percibido la motivación de sus creadores. Sí se agradece que dedicaran tiempo a hablar del guante que cada uno usó y que sin esa explicación hubiera quedado como un elemento más del vestuario: se trata de un recurso tecnológico (que requiere de internet inalámbrico) para que con movimientos de la mano se reproduzca la pista del sonido. Es una idea que unifica las figuras de músico y bailarín, pues, aunque éste no es el instrumentista, sí es quien decide cuándo y qué debe escucharse.

Gervasio y Diana continuarán el desarrollo del proyecto durante una residencia en Cuernavaca.


martes, 1 de diciembre de 2015

¡A cascar nueces se ha dicho!



Un diciembre más se añade a la cuenta de los años y una floración de “Cascanueces” traslada el invierno a escenarios de Mérida. No importa qué tan calurosa esté la ciudad el día de la representación, Tchaikovsky es siempre hábil para transportarnos con su obertura, su marcha, sus valses a paisajes nevados y cenas familiares en las que las niñas visten todavía vestidos anudados por detrás con grandes lazos, los caballeros van de traje completo y las damas, de vestido largo y cuello alto.

Cada año es la ciudad presa del embrujo del clásico navideño, que, ya sea con alumnos de academias locales o agrupaciones visitantes, suele ser adaptado de una de dos versiones: la de Marius Petipa y Lev Ivanov, la original que estrenó el Teatro Mariinsky en 1892, y la de George Balanchine, de 1954, muy enfocada  al público infantil y aun más gozosa y divertida que la rusa. Fue precisamente gozosa y divertida la representación que hace 10 años ofreció en el Teatro Armando Manzanero la Escuela de Danza “Socorro Cerón”,  bajo la dirección de las maestras Carmita Cerón y Rubí Montejo, de un “Cascanueces” basado en las ideas de Balanchine que se tomó muy en serio el deseo de complacer al público y cuidó con dedicación los detalles, como que las llamadas antes de cada acto estuvieran escritas en carteles y las sostuvieran angelitos que aparecían de improviso en el escenario o por la puerta que da a los camerinos.

"El Cascanueces", versión de Balanchine, por el Ballet de
Pennsylvania. Foto de la propia compañía
Con el tiempo y la suma de versiones, “El Cascanueces” se comprueba flexible en la interpretación de su historia y, aun así, perennemente dulce. Matthew Bourne le añadió algo de amargura y malicia al situarlo (en 1992) en un orfanatorio en el que el viaje de Clara es motivado por la búsqueda del chico del que está enamorada, un expósito como ella, y que ahora anda con la hija pedante de los directores ricos de la casa hogar. Más de una vez se llega a pensar que los giros de la narración son crueles; pero ni siquiera el tono agridulce de la adaptación doblega el encanto del Vals de los Copos de Nieves, en el que los personajes simulan patinar en una pista de hielo y ellas, mientras sostienen el arabesco, agitan con sus manos las faldas de sus vestidos para dar la idea de que el viento las hace volar. 

Escena correspondiente a la Danza de los Mirlitones en "Matthew
 Bourne's Nutcracker!". Foto de Tristram Kenton para The Guardian
Jean-Christophe Maillot mezcló ballet, magia y artes circenses en su versión para los Ballets de Monte-Carlo de 1999, en el que el personaje de Drosselmeyer se divide en dos, Drossel y Meyer –hombre y mujer-, y la Danza Árabe, por ejemplo, la interpreta un Pierrot que hace malabares con aros. 

Aunque él es estadounidense, Mark Morris estrenó en Bruselas, en 1991, su propia visión, entre neoclásica y contemporánea, del relato. Lo llamó “The Hard Nut” y, como Matthew Bourne, lo llenó de irreverencias al adaptarlo a una familia de la década de 1960 cuyos integrantes e invitados a su celebración de Navidad llevan vestuario psicodélico, beben de más y tienen la libido bien aceitada. Disfruto mucho la versión de Balanchine, pero cuando se trata de “El Cascanueces” mi referente es “The Hard Nut”; no sólo hizo entrar en mi vida a Rob Besserer, un Drosselmeyer rebosante de galanura y elegancia, de líneas interminables y actuar astuto, sino que grabó en mi memoria y sentimiento momentos como el pas de deux de Drosselmeyer y el Cascanueces (que en el primer acto reemplaza al de Clara y el Cascanueces), el Vals de los Copos de Nieve (el cuerpo de baile está formado por hombres y mujeres que van vestidos igual y eso incluye zapatillas de puntas y tocados, y que arrojan polvo blanco para dar la idea de nieve), la Danza Rusa (a cargo de dos tríos) y la escena que correspondería a Mamá Jengibre (en la que candidatos a cascanar la nuez son atendidos por un dentista al fracasar en su intento por romperla).

"The Hard Nut" con el Mark Morris Dance Group. Foto de
Susana Millman para The New York Times
A partir de esta semana, en Mérida habrá funciones del ballet en diferentes foros:
Este viernes 4, a las 6 p.m., en el área de escaleras que llevan al Food Court de Galerías Mérida, las alumnas del Instituto de Danza Delia Brito presentarán una suite de "El Cascanueces" con escenas del segundo acto. La entrada es gratuita.

El sábado 5, a las 8 p.m., en el Polifórum Zamná estará "El Circo del Cascanueces", de la Compañía Ballet Circo de México, que la anuncia como una combinación de danza clásica y circo, con la participación de Mathilde Froustey y Carlo di Lanno, primera bailarina y solista del Ballet de San Francisco, y Elena Lev y Dima Shine, artistas del Cirque du Soleil. Los boletos cuestan de 325 a 970 pesos. Esta agrupación sólo tiene perfil en Facebook, sin teléfonos de contacto; en Mérida la promoción del espectáculo se ha hecho en redes sociales y con publicidad en los autobuses; a pesar de la relevancia de Mathilde y Carlo, sus nombres aparecen con un tamaño de letra más pequeño que los de Elena y Dima, y esta producción se anuncia únicamente para Puebla y Mérida (¿por qué no está incluida la ciudad de México, mercado natural para producciones de gran envergadura?). Habrá que esperar al sábado para saber...

El miércoles 9, el Ballet Clásico de Yucatán, que dirigen Alma Rosa Cota y Héctor Hernández, ofrecerá la primera de sus cuatro funciones de "El Cascanueces". Ese día y el jueves 10 serán a las 8:30 p.m. en el Teatro Peón Contreras. El sábado 19, a las 6 p.m., y el domingo 20, a las 12:30 p.m., se ofrecerá en el Teatro Armando Manzanero. Para los dos foros los boletos cuestan 100 y 80 pesos. 

El jueves 17, el Ballet de la Ciudad de Mérida, que dirige Érika Argüelles, tendrá funciones a las 5:30 y 8:30 p.m. en el Peón Contreras. Boletos a $100 en luneta y platea, y $80 a partir del primer nivel.